Plasticidad Cerebral

Uso aplicado de la neurociencia a la educación

Plasticidad Cerebral
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plasticidad cerebral

Resumen: Hasta hace bien poco se tenía una visión bastante limitada de la capacidad de nuestro cerebro para el aprendizaje una vez pasados los umbrales de la juventud. Hoy día, gracias a la neurociencia, sabemos que la capacidad de aprender de nuestro cerebro es prácticamente ilimitada. Tener asumido este concepto abrirá muchas puertas a los docentes en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Palabras clave: Plasticidad neuronal; Sinapsis; Período sensible; Neurociencia.

Abstract: No so long ago, we had a quite limited scope of learning past a young age. Nowadays, thanks to neuroscience, we know that our brain’s learning potential is practically limitless. Accepting this fact will be very helpful for teachers everywhere on the learning-teaching process.

Keywords: Neuronal plasticity; Synaptic connections; Sensitive period, Neuroscience.

PLASTICIDAD CEREBRAL

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Neurogénesis adulta

Hasta hace poco desconocíamos la existencia de la neurogénesis adulta, y creíamos que la plenitud cerebral era un proceso que acontecía exclusivamente a la edad de 23 años, momento que se ha considerado tradicionalmente como el éxtasis de nuestro cociente intelectual (CI), todo ello debido, en gran parte, a nuestra creencia sobre el poder, a veces desmesurado, de nuestra carga genética. Además, hemos obviado por mucho tiempo el concepto de neuroplasticidad.

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Actualmente, gracias al acercamiento entre la ciencia y la educación, los profesionales educativos tienen la oportunidad de profundizar en los pequeños grandes avances de la neurociencia. Gracias a estos acercamientos, sabemos que la plasticidad cerebral o neuronal hace referencia al modo en que nuestro sistema nervioso cambia a partir de su interacción con el entorno. Es decir, la capacidad que tiene el cerebro de modificarse a sí mismo como respuesta a los estímulos del medio ambiente, creando y ampliando las conexiones neuronales, al mismo tiempo que elimina las conexiones poco activas o inactivas.

Este descubrimiento determina, además, que la importancia de un cerebro sano no reside en la cantidad de neuronas que posee sino en la cantidad de conexiones sinápticas que se producen entre ellas. Al mismo tiempo, sabemos que las citadas conexiones no aparecen únicamente en los primeros años sino durante toda la vida, con lo que nuestros esquemas respecto al proceso de aprendizaje pueden variar bastante en base a esta información.

Períodos sensibles

A pesar de que el aprendizaje se dé durante toda la vida, la actividad que se presenta en los primeros años sigue siendo clave. Cuando el niño nace, su cerebro está totalmente libre de conductas genéticas; lo único que presenta son algunas respuestas reflejas, que le permiten sobrevivir y comenzar su adaptación al nuevo espacio de vida. El bebé nace con miles de millones de células cerebrales o neuronas y el desarrollo de su cerebro

dependerá de las conexiones que se den entre ellas. Para que esas conexiones se den adecuadamente es necesario que el bebé entre en contacto con su medio ambiente, de tal forma que cada vez que reciba un estímulo de éste, creará nuevas sinapsis.

Como decimos, hasta hace algunos años creíamos que sólo los cerebros infantiles tenían esa capacidad de aprendizaje debido a su plasticidad. No obstante, la información descubierta en las dos últimas décadas ha confirmado que el “cerebro retiene su plasticidad a lo largo de toda la vida. Y, debido a que la plasticidad sustenta el aprendizaje, podemos aprender en cualquier etapa de la vida, aunque de formas un tanto diferentes en las diferentes etapas” (Koizumi, 2005). Si bien esto es cierto, existen ciertos períodos más sensibles que otros durante los cuales algunos tipos de aprendizaje son más efectivos.

Estos periodos sensibles no deberían interpretarse como críticos en el sentido de que una vez transcurridos, ya no haya nada que hacer, sino más bien como períodos particularmente buenos para adquirir información y desarrollar ciertos aprendizajes.

Actividades de entrenamiento

Las citadas conexiones o sinapsis se pueden dar a lo largo de toda la vida siempre y cuando nuestro cerebro esté activo y, como con cualquier otro músculo, lo entrenemos correctamente. El llamado entrenamiento repetitivo y la atención durante la ejecución de las tareas pueden mejorar estas conexiones y hacerlas funcionales.

Tanto la inteligencia generadora o computacional como la inteligencia ejecutiva aprenden asimilando automatismos y hábitos que construyen las redes neuronales de las que proceden. Todos somos escultores de nuestro propio cerebro. El entrenamiento (intelectual, afectivo y ejecutivo) es necesario para conseguirlo (Marina, 2012).

Una de las actividades de entrenamiento que mejor y más efectivamente puede modificar nuestro cerebro aprovechándose de su característica plástica es la toma de decisiones. En nuestro día a día son muchas las decisiones que debemos tomar y de ellas depende, en muchos casos, la transformación de nuestro entorno y la mejora de nuestro bienestar. Algunas de las decisiones son tomadas por nuestro cerebro generador o computacional de forma inconsciente atendiendo, principalmente, a nuestras emociones. Esa inteligencia computacional recoge nuestras experiencias vividas, deseos, sentimientos, memoria… y automatiza ciertas acciones que realizamos en nuestra vida diaria. Hoy en día sabemos que gracias a esa plasticidad cerebral también nuestro inconsciente puede ser modificado y, de esta manera, conseguir que nuestras decisiones inconscientes sean cada vez más justas y adecuadas.

¿Cómo podemos hacer tal cosa? Básicamente, a través de nuestro cerebro ejecutivo, esto es, el modo en que el cerebro controla todos los procesos cognitivos de alto orden, incluyendo la toma de decisiones (Tokuhama-Espinosa, 2010). Él es el que se encarga de inhibir los impulsos, de plantear metas, de iniciar la acción, mantenerla o modificarla, de mantener la atención… y todas estas acciones son parte de nuestra toma de decisiones.

Dejar que nuestro cerebro sea el encargado de entrenar este tipo de acciones genera una serie de conexiones sinápticas que contribuyen a la modificación de la estructura del propio cerebro. Durante la toma de decisiones el cerebro echa mano de los conocimientos previos almacenados y consigue que la información guardada en la memoria se adapte o actualice generando una visión del mundo mucho más acorde con la realidad y más detallada.

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Implicaciones didácticas

Teniendo en cuenta las nuevas investigaciones en neurociencia está claro que el panorama educativo y la forma tradicional de enseñanza deben cambiar.

Por un lado, conviene desterrar la idea de que quien no aprende algo en un momento determinado no será capaz de adquirirlo jamás. Como ya hemos dicho, existen períodos óptimos para el aprendizaje de determinadas habilidades pero pasados esos períodos se continua pudiendo aprenderlas, puesto que el individuo está preparado para mantener una mejora continua. Este hecho nos aporta una visión esperanzadora del proceso de enseñanza-aprendizaje, pues sabemos que cada alumno lleva su ritmo y, aun si en determinados momentos no alcanza los objetivos marcados, existe la posibilidad de lograrlos más adelante.

En segundo lugar, es preciso destacar la importancia del trabajo de emociones en los alumnos, desde edades tempranas, pues éstas son, en primera instancia, las que dirigen la toma de decisiones. A pesar de que podamos influir en esta parte del cerebro para modificarlo, son las emociones “educadas”, de una u otra forma, las que tomarán el timón del cerebro generador cuando haya que decidir. Por ello, es conveniente no únicamente conocer cuáles son las emociones que sentimos y controlarlas, sino que tenemos que modificar aquellas que no nos ayuden, pues hoy sabemos que eso también es posible

Paralelamente, y sabiendo que el cerebro puede modelarse, hemos de contribuir a que ese modelaje no cese. Para lograrlo, los educadores deben generar creencias que permitan modificar las estructuras cerebrales de los alumnos. Porque hoy sabemos que, del mismo modo que imaginar la realización de una actividad física activa las mismas áreas cerebrales que la realización de la misma, inculcar pensamientos positivos o remarcar las cualidades de los alumnos ayuda a modificar determinadas áreas del cerebro, contribuyendo a una mejor autoimagen y visión personal. La visión, expectativas y creencias que el docente tenga de cada alumno a su cargo condicionará la imagen que cada alumno tenga de sí mismo

Por último, cabría subrayar la importancia de llevar a cabo procesos de evaluación continua bajo el objetivo de promover la memoria a largo plazo. Durante el proceso de creación o puesta en marcha de un proyecto el cerebro de los alumnos está muy activo y va modificándose conforme se van viviendo las diferentes fases de aprendizaje. Es por ello que, si durante el citado proceso, los educadores señalan los pasos dados correctamente y proponiendo aspectos de mejora, contribuirán al aprendizaje almacenando información en la memoria a largo plazo. Esto requiere de un feedback continuo y específico para cada tarea y para cada alumno, pues la efectividad de los comentarios de mejora es más alto si se ajustan al momento de haber sido realizada la acción.

Para acabar, consideramos interesante apuntar el término “bucle prodigioso”, acuñado por Marina (2012):

Las reacciones que el cerebro humano produce actúan después sobre el propio cerebro, modificando sus estructuras para adaptarse mejor al funcionamiento requerido.” Este concepto nos sirve de síntesis y resumen para recoger la idea de la plasticidad neuronal en su totalidad, la importancia de investigar en neurociencia y educación aplicadas, y nos catapulta hacia las infinitas posibilidades de creación que el cerebro esconde en su interior.

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