RDD-N39-Junio-2026

14 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 La influencia familiar en la educación y el respeto hacia el profesorado La retroalimentación con la familia a base de organizar sesiones de evaluación para charlar de la convivencia y del clima del centro puede llegar a ser más valioso que cualquier calificación en más de una ocasión. La reflexión también debe contemplar al profesorado. De vez en cuando, los métodos de enseñanza no encajan con los estudiantes, o tal vez no se logra involucrar a las familias porque la comunicación no ha sido la adecuada. Evaluar la práctica docente no es fácil, porque implica admitir errores, pero es necesario para seguir adelante. Tanto la evaluación como la reflexión deben ser procesos vivos, compartidos y continuos. No hace falta esperar hasta junio para que un alumno se haya perdido por el camino, o una familia haya pasado todo el curso sin aparecer por el colegio. Hay que estar en permanente estado de alerta, evaluando no para castigar sino para mejorar. Y, ante todo, teniendo presente que cada calificación guarda a una persona, a una familia, a una historia que se merece hacerse un cuadro para analizar con detalle. Propuestas demejora y continuidad La primera mejora que se necesita con urgencia es restablecer la confianza mutua. Todos estos elementos llevan a que cada vez sean más los padres que consideran que los profesores son simples prestadores de un servicio, y no coeducadores. Para reequilibrar estas relaciones hay que fomentar encuentros más cercanos, no sólo tutorías formales, sino encuentro con las familias en actividades comunitarias que se instalen en la escuela. Otra propuesta decisiva en este sentido es la de educar a las familias, pero no en un sentido paternalista, sino desde que todos estamos aprendiendo. Los talleres de parentalidad positiva son un gran acierto: a los padres les enseñan técnicas de comunicación, resolución de conflictos y cómo hacer normas claras. También se ve imprescindible que el trabajo por la convivencia no sean fuegos de artificio de un curso, sino que tenga continuidad. Los programas como “patios inclusivos”, mediadores escolares o alumnos ayudantes... funcionan verdaderamente si son permanentes, son a pesar de no la identidad del centro. Hay demasiados proyectos soñados que se apagaban al año siguiente porque no había continuidad, o porque el equipo directivo cambiaba. La educación exige estabilidad, no ocurrencias. Pero la figura del profesor también debe ser revalorizada socialmente. Se han recogido experiencias de colegios donde los alumnos tenían Nº 39 - JUNIO 2026

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