35 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 A la luz de esta evolución interpretativa y frente a la densa carga simbólica y estética que la tradición posterior ha depositado sobre la figura de Salomé, se hace necesario volver a los textos originales, neotestamentarios, examinando cómo en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas (en Juan no se encuentra rastro) presentan a esta figura o, al menos, las circunstancias en torno a la condena de Juan el Bautista. Salomé en el Nuevo Testamento La cuestión fundamental es clara: la figura tradicionalmente identificada como Salomé no aparece nombrada como tal en los textos evangélicos considerados hoy canónicos. Los evangelistas se refieren a ella únicamente en función de su vínculo materno, circunstancia que ya anticipa una caracterización limitada y subordinada dentro del relato. Además, lo más significativo de las escenas en las que aparece Salomé (o, más propiamente, su prefiguración) es que el protagonismo recae en el profeta Juan como precursor de Jesús, y no en ella. Este hecho, por sí mismo, relativiza la importancia que posteriormente adquiriría esta figura femenina y la tipificación con la que acabaría siendo asociada. Como veremos a continuación, ninguno de los tres evangelistas desglosa ni descripción física, ni caracterización psicológica, ni erotización explícita de esta mujer, de manera que la distancia entre el personaje bíblico y la Salomé finisecular evidencia un proceso de reinterpretación cultural extraordinariamente intenso. De entre los evangelios conservados hasta hoy, tanto apócrifos como canónicos, el de Marcos es el más antiguo, y su autor es considerado por la gran mayoría de críticos como el inventor del subgénero literario que hoy conocemos como «evangelio», subgénero de la biografía helenística que fue adoptado posteriormente por todos los demás evangelistas, los aceptados luego como sagrados, pero también los denominados apócrifos (Piñero, 2024). En Marcos se detalla el asesinato de Juan Bautista justo después de haberse relatado el ciclo de milagros de Jesús en torno al mar de Galilea y su predicación junto a la misión de los apóstoles, los cuales comienzan a recorrer aldeas enseñando, expulsando demonios y curando a los enfermos ungiéndolos con aceite. Es así que Herodes se muestra preocupado creyendo que aquél del que tanto habla la gente no es Jesús de Nazaret, hijo de José, sino Juan, llamado el Bautista: Llegó a oídos del rey Herodes, pues su nombre se había hecho notorio; incluso decían que era Juan Bautista, que había resucitado de entre los muertos, y que por eso actuaban poderes en él. Pero otros decían que era Elías; y otros que era un profeta, como uno de los profetas. Pero Herodes, al oírlo, decía: -Juan, a quien yo mismo mandé decapitar, ha resucitado. Porque el mismo Herodes envió gente a prender a Juan y lo encadenó en la prisión a causa de Herodías, “ “Wilde trabajó sobre la figura de Salomé cuando ya había sido convertida en una representación de la lujuria La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Nº 39 - JUNIO 2026
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