RDD-N39-Junio-2026

41 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 obtiene descanso hasta que termina cortando la cabeza del Bautista. De hecho, entre las principales diferencias narratológicas con los textos de los evangelios está la negación expresa de Herodías sobre la danza: en el argumento de Wilde, la madre de Salomé manifiesta abiertamente que no quiere que su hija baile, aunque Herodes insiste y Salomé termina bailando gustosa. La acción de Salomé transcurre en la terraza del palacio de Herodes, bajo la inquietante presencia de una luna que un paje interpreta como presagio de muerte. Mientras en el interior del alcázar Herodes celebra un banquete junto a judíos, fariseos y saduceos, la voz profética de Jokanaan resuena desde una cisterna denunciando a Herodías y anunciando la llegada del Mesías. Salomé, incómoda por la mirada insistente de Herodes, abandona el festín y, fascinada por la voz del profeta, logra que Narraboth (un guarda del rey que está enamorado de ella), permita su encuentro con Jokanaan. La joven queda inmediatamente obsesionada con el Bautista y le suplica que la bese, provocando el horror del profeta y el suicidio de Narraboth. La tensión aumenta con la aparición de Herodes, supersticioso y perturbado por la sangre derramada, las profecías y los presagios funestos. Tras insistir reiteradamente, consigue que Salomé acceda a bailar a cambio de obtener cualquier deseo. Después de la danza, la princesa exige la cabeza de Jokanaan. Aunque Herodes intenta disuadirla ofreciéndole riquezas y tesoros, finalmente cede. Salomé recibe entonces la cabeza decapitada del profeta y culmina su obsesión besando sus labios en un estremecedor monólogo final, tras el cual Herodes, dominado por el terror, ordena que la maten. Cabe precisar que el motivo del enamoramiento hacia Jokanaan y su consiguiente rechazo no constituye una invención original de Oscar Wilde, sino que cuenta con antecedentes claros en la tradición literaria del siglo XIX. En particular, Heinrich Heine ya había incorporado este elemento en su poema satírico Atta Troll (1843), si bien con una variación significativa en la configuración de los personajes. En el texto de Heine, no es la joven (posteriormente identificada como Salomé) quien experimenta la atracción, sino Herodías, que aparece movida por un deseo dirigido hacia el Bautista. Este desplazamiento no es menor, ya que altera de forma sustancial la dinámica simbólica del episodio: mientras que en Wilde la tensión erótica se concentra en la juventud, la belleza y la pulsión emergente de la hija, en Heine se sitúa en una figura adulta, vinculada al poder y a la transgresión moral ya consumada. Asimismo, el desenlace en Atta Troll intensifica el componente transgresor que apenas se insinúa en la tradición bíblica: es Herodías quien, tras la decapitación, besa la cabeza del profeta, introduciendo un motivo de necrofilia simbólica que anticipa de manera clara la célebre escena final de la Salomé wildeana. No obstante, mientras que en Heine este gesto se inscribe en un marco satírico e irónico, tal como es el poema en su conjunto, en Wilde adquiere una dimensión trágica y estética, plenamente integrada en la sensibilidad decadentista. De este modo, más que una invención ex nihilo, la propuesta de Wilde puede entenderse como una reelaboración y desplazamiento de motivos preexistentes2, en la que se produce una doble operación: por un lado, la transferencia del deseo desde La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde 2 Bien es sabido que el escritor irlandés fue en múltiples ocasiones acusado de plagio, algo sobre lo que él mismo mantenía una posición ambigua y nunca desmintió; al contrario, jugueteaba con la idea de que toda creación artística nace inevitablemente de materiales previos y de que el verdadero talento no reside tanto en la invención absoluta como en la capacidad de reformular, estilizar y dotar de nueva vida estética a elementos heredados de la tradición. Nº 39 - JUNIO 2026

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