RDD-N39-Junio-2026

52 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 Las ilustraciones de Aubrey Beardsley encajan particularmente bien con el drama de Oscar, de Salomé, de la cabeza de Juan, la paranoia de Herodes y el rencor de Herodías; incluso con el periplo de Inana y las visiones de Jung. Sus imágenes (deformadas, contraídas, alargadas, provocativas, eróticas, afeadas) convulsionan al observador de forma alegórica, como una suerte de epilepsia simbólica derivada de todos estos temas cruzados entre sí y del significado que continúan proyectando en la larga sombra que Salomé todavía desprende. La alegoría tras lomacabro Tras haber recorrido las distintas reformulaciones de la figura de Salomé, desde su mínima presencia en los textos evangélicos hasta su expansión simbólica en la literatura, el mito, la psicología analítica y la imagen, se hace posible comprender en toda su amplitud el alcance alegórico de la obra de Oscar Wilde. El propio Wilde afirmaba que Salomé era un espejo en el que cualquier persona podría verse reflejada, y no sin razón, pues la obra funciona como una superficie de proyección en la que convergen pulsiones, temores y contradicciones que trascienden su contexto histórico inmediato para instalarse en una dimensión profundamente humana. Sin lugar a dudas, esta obra puede ser entendida como un reflejo de los ídolos caídos, de la hipocresía estructural de toda una sociedad (y, en este sentido, perfectamente extrapolable a la contemporaneidad), así como de la fatalidad inherente a aquellos actos que se dejan arrastrar por impulsos primarios e incontrolados. Pero, más allá de esta lectura moral o social, Salomé todavía, tras ciento treinta y cinco años, equivale a una representación de la decadencia de la vida cuando ésta no se rige en la órbita adecuada, y de la corruptibilidad del alma y del espíritu, quedando a merced de una lógica del deseo que no conoce límites ni consecuencias. La cabeza de Jokanaan, representando la verdad, la integridad, el orden espiritual y la rectitud de comportamiento, cae al suelo y es pisoteada entre los pasos de baile de una Salomé que incita al ego, la dominación y la satisfacción de los propios deseos en contra del bienestar ajeno. Salomé cortó la cabeza del Bautista del mismo modo que Oscar Wilde cortó con la tradición de esta figura e hizo de ella una mezcla tan sugerente que no se puede sino continuar observándola para tratar de extraer de ella nuevas capas de sentido. La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Nº 39 - JUNIO 2026

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