RDD-N39-Junio-2026

51 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 Las ilustraciones fueron publicadas, en esencia, tal y como fueron concebidas por Aubrey Beardsley, sin aparentes procesos de mutilación, lo que resulta especialmente significativo en el contexto de 1894 y da cuenta de su audacia, así como de su voluntad de explorar los límites de lo representable dentro de una sociedad profundamente restrictiva en términos morales. Como reflexiona Del Puig (2010), los dibujos de Beardsley siempre fueron a tinta china, donde la zona que quedaba en blanco adquiría gran importancia, y sus figuras encorvadas al estilo japonés de Hokusai sustituían lo erótico por la simple obscenidad de aire fatal. De grosero, con mal gusto, obsceno y vulgar fue acusado infinidad de veces este artista que, puede, también fuera uno de los amantes de Wilde. El propio Beardsley afirmaba:“Tengo una sola meta: lo grotesco. Si no soy grotesco, no soy nada”, declaración que permite comprender la intencionalidad estética que subyace a su obra, orientada hacia la deformación expresiva y la exageración de los cánones convencionales de belleza. Para muestra, solamente es necesario revisar el resto de su producción pictórica. Para este ilustrador, lo grotesco deja de ser un mero recurso estilístico para convertirse en una auténtica poética visual y en un modo propio de hacer arte; un arte que para Beardsley no se entendía sin la mezcla precisa entre lo bello y lo repulsivo, lo delicado y lo perturbador, lo adecuado y lo incorrecto. Su trayectoria vital fue tan breve como intensa: Aubrey falleció a los veinticinco años, afectado de tuberculosis. Antes de morir, solicitó a su editor que destruyera sus dibujos de carácter más obsceno; sin embargo, esta petición no fue atendida, lo que contribuyó a la difusión posterior de su obra en toda su radicalidad. Desde el punto de vista estilístico, su producción revela, como decíamos, una clara influencia del arte japonés, así como una estrecha vinculación con el desarrollo del cartel moderno. Aunque la recepción de su obra entre sus contemporáneos no estuvo exenta de controversia, especialmente por su carácter provocador, crítico y satírico, parece indiscutible que alcanzó una notoriedad inmediata gracias a las ilustraciones de Salomé. Estas, en conjunción con el texto de Oscar Wilde, generaron una fuerte conmoción en la sociedad victoriana, siendo frecuentemente calificadas como manifestaciones de un erotismo morboso exacerbado, lo que no hace sino confirmar, una vez más, hasta qué punto la figura de Salomé se había convertido ya en un espacio privilegiado para la proyección de los miedos, deseos y contradicciones de toda una época. La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Figura 8. J’ai baisé ta bouche, Iokanaan de Aubrey Beardsley, 1893. (extraído de Wilde, 2020)4 4 J’ai baisé ta bouche, Iokanaan, dibujo realizado en 1893 para la revista The Studio, constituyó una de las piezas que despertaron el interés de Oscar Wilde y de su editor John Lane por la obra de Aubrey Beardsley, hasta el punto de motivar el encargo de las ilustraciones para la edición inglesa de Salomé, publicada finalmente en febrero de 1894. Nº 39 - JUNIO 2026

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