RDD-N39-Junio-2026

50 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 De este modo, la evolución de la figura de Salomé alcanza en Jung un grado máximo de abstracción: de personaje secundario en los evangelios, a figura central del deseo en Wilde, hasta convertirse finalmente en arquetipo psíquico, en imagen condensada de una energía ambivalente que, al mismo tiempo que amenaza con la destrucción, contiene en sí misma la posibilidad de transformación. En este grado evolutivo, Jung ha hecho que Salomé ya no pertenezca ni a la historia ni a la literatura, sino al ámbito de los símbolos que estructuran la experiencia humana más profunda. La muerte del héroe, primer tramo del camino hacia sí mismo, culmina en la aceptación de la integralidad del hombre en su aspecto racional y pasional. Elías y Salomé, sus símbolos respectivos en Jung, no son sino partes de uno mismo, partes indiscernibles de la totalidad personal. Sacrificar una por la otra no es sino sacrificarse a uno mismo en cuanto tal (Grassi, 2012). Puesto que la psicología junguiana propone que la realidad psíquica humana encuentra su génesis en el pensamiento mítico, cuyas imágenes arquetípicas se relacionan y dan forma a nuestra vida psicológica actual, los atributos simbólicos de los dioses se manifiestan en la psique de los seres humanos actuales en forma de representaciones y metáforas (Tarragó, 2026). En el caso de la figura de Salomé, aún como personaje ficticio, proyecta imágenes en recuerdo de la diosa Inana, y su creador, Oscar Wilde, ha repetido esa proyección, consiente o inconscientemente, sobre su creación, dando como resultado una imagen arquetípica de una mujer, Salomé, que encarnando atributos de diosa, ha pasado a prefigurar una idea de algo puramente instintivo dentro del imaginario popular. En Salomé, la relación de la protagonista con Jokanaan, o incluso con su cabeza cercenada, podríamos traducirla en clave junguiana como una correspondencia con la tensión acaecida entre eros y logos. El crimen despiadado que comete Salomé se lee, por tanto, análogo a la ruptura violenta entre razón y deseo o, incluso, como la subordinación momentánea del orden racional a las fuerzas irracionales del inconsciente. Las suculentas ilustraciones de un aspirante a lo grotesco Acabamos de ver cómo en la lectura junguiana Salomé alcanza su grado máximo de abstracción al convertirse en proyección del inconsciente. Pues bien: su formulación visual en las ilustraciones de Aubrey Beardsley se torna, en cierto modo, un movimiento a la inversa, esto es, una materialización estética de ese mismo imaginario simbólico en el plano de la imagen. Las ilustraciones sin censura de Salomé realizadas por Beardsley para su estreno se caracterizaron por una estética que combina lo bello, lo oriental y lo sensual con lo enigmático, lo audaz y lo exótico. Aun así, más allá de estas cualidades formales, lo que verdaderamente las define es su carácter profundamente inquietante, en el sentido más estricto del término: generan desasosiego, una perturbación que rompe con cualquier expectativa de serenidad estética, sentimiento que encaja, sin lugar a dudas, con la obra que acompañan. Esta capacidad para suscitar sensaciones contrapuestas no resulta, en realidad, paradójica si se atiende a las propias declaraciones de su autor, como se verá a continuación. La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Nº 39 - JUNIO 2026

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