88 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 • No sabe contar o informar sobre lo que está haciendo o lo que acaba de hacer (acontecimientos presentes o del pasado inmediato). • Limitada comprensión. • No identifica objetos por su uso (“¿con qué cortamos?”). • No sigue consignas referidas a una acción y dos objetos («Busca las zapatillas y el peine»; «Mete el coche en la bolsa»). 4-5 años • No habla con otros niños • Solo le entiende su familia. • Usa únicamente oraciones de tres palabras o menos. • Omite algunas palabras de sus frases, como las preposiciones, los pronombres, los artículos o las formas verbales. • Su vocabulario es muy reducido y a menudo usa términos genéricos (“este”) o cambia una palabra por otra, aunque sepa su significado. • No responde a preguntas con los siguientes casos semánticos: ¿qué? (objeto), ¿qué? (acción) y ¿dónde? (localización), referidas a historias familiares simples. • Serias dificultades para hacer comentarios acerca del pasado y del futuro inmediato referidos a sí mismo o a otros (contar lo que ha hecho en el colegio al salir, por ejemplo). • Dificultades para llevar a cabo órdenes verbales simples. Presenta una comprensión por debajo de la esperada para su edad, con 6 meses o más de diferencia respecto a su grupo. Más de 6 años • Su lenguaje es muy simple. • Comete muchos errores. • No hace narraciones, solo describe. En todo momento debe prestarse atención a señales como la ausencia de habla o una evolución del lenguaje significativamente lenta para su edad; que interaccione poco con niños de su edad, prefiera los juegos en solitario o sufra muchas otitis o resfriados frecuentes. Si a esto se suma que tiende a responder con comportamientos desadaptativos y existen dificultades en los aprendizajes escolares, resulta clave consultar con un profesional especializado para realizar una evaluación completa y adecuada. Por otro lado, hay que tener presente la existencia de otros indicadores que pueden estar vinculados a diversos factores de riesgo que aumentan la aparición de dificultades en el desarrollo del lenguaje, como presentar antecedentes familiares con alteraciones del lenguaje, una exposición limitada a la lengua o interacciones lingüísticas en el hogar pobres o con errores (Bishop, Snowling, Thompson, Greenhalgh y CATALISE Consortium, 2016), así como vivir en un contexto de bajo nivel socioeconómico o sufrir situaciones de negligencia, abuso o maltrato infantil. Aunque estos factores de riesgo no implican necesariamente un diagnóstico directo de TEL/TDL, contemplarlos nos permite realizar un seguimiento de la evolución del lenguaje en períodos relativamente cortos, proporcionar una estimulación adecuada y favorecer una intervención temprana, si fuese necesaria. Favoreciendo la inclusión y aprendizaje EDICIÓN ESPECIAL 2026
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