RDD-N39-Junio-2026

143 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 La simulación clínica en la formación de Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería requieren no solo habilidad técnica sino también un profundo conocimiento de la mecánica corporal para prevenir lesiones tanto en el paciente como en el propio profesional sanitario. La práctica simulada, supervisada y corregida, permite al alumnado experimentar con diferentes técnicas, identificar posturas inadecuadas, y desarrollar hábitos de trabajo seguros y ergonómicos que les acompañarán durante toda su vida profesional, contribuyendo a la prevención de los trastornos musculoesqueléticos, que son la principal causa de baja laboral en el sector sanitario (Pascual, s.f.; Silva, 2024). Finalmente, la realización de curas simples y la colaboración en la administración de terapia enteral son competencias que también se benefician enormemente de la simulación, como por ejemplo, preparar el material de forma aséptica, realizar curas de úlceras por presión o heridas quirúrgicas, administrar alimentación enteral mediante sonda nasogástrica o gastrostomía, y saber identificar y comunicar posibles complicaciones (obstrucción de la sonda, signos de infección local o sistémica, intolerancia digestiva, etc.). Todas estas son habilidades que pueden ser entrenadas de forma segura y efectiva en el aula de simulación, estimulando la cooperación y el trabajo en equipo de forma eficaz. Como refleja el estudio de Corrêa . (2021), los TCAE a través del uso de la simulación clínica puede ayudar a la mejora en todo el protocolo y proceso de coordinación del equipo sanitario y con el aumento de la seguridad de los cuidados que prestan, ya que la simulación no solo mejora las competencias individuales, sino que también fomenta una reflexión más profunda sobre los procesos de trabajo en equipo y su impacto en la seguridad del paciente. Tecnologías emergentes: realidad virtual y simulación inmersiva El panorama de la simulación clínica está en constante evolución gracias a la irrupción de las tecnologías emergentes, donde algunas de ellas como la realidad virtual (RV) y la simulación inmersiva están ampliando de forma exponencial las posibilidades de la formación práctica, ofreciendo experiencias de aprendizaje altamente interactivas, personalizables, escalables y, en muchos casos, más accesibles que la simulación con maniquíes de alta fidelidad. Algunos estudios proponen activamente la incorporación de la realidad virtual en la formación de TCAE, señalando que los beneficios esperados incluyen mejoras en las calificaciones del alumnado, la profesionalización del mismo y un aprendizaje inmersivo a través de la introducción de metodologías activas (Tesouro Dorribo . (2024)). Por ejemplo, la RV permite recrear entornos clínicos tridimensionales detallados en los que el alumnado pueden “sumergirse” para practicar técnicas, tomar decisiones clínicas y experimentar con situaciones complejas sin necesidad de disponer de un espacio físico de simulación ni de maniquíes costosos. Esto resulta especialmente útil para el entrenamiento de habilidades de observación (identificar peligros en una habitación de hospital), comunicación (interactuar con un avatar de paciente) y toma de decisiones ante situaciones de emergencia o crisis. “ “La práctica requiere un entrenamiento previo exhaustivo en un entorno que permita el ensayo y el error Nº 39 - JUNIO 2026

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