147 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 La simulación clínica en la formación de Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería formas de simulación virtual, equipamiento médico realista (camas, monitores, carros de paradas)— requiere una inversión inicial muy considerable. A esto hay que sumar los costes recurrentes de mantenimiento, actualización tecnológica y reposición de fungibles. Para muchos centros de Formación Profesional, especialmente los más pequeños o con menos recursos, esta inversión puede resultar sencillamente prohibitiva (Tesouro Dorribo et al., 2024). La escalabilidad de estos programas, como señalan Kizil y Şendir (2019), depende de la capacidad de los centros para mantener y actualizar el equipamiento. Para superar esta barrera es necesario adoptar estrategias imaginativas y multifacéticas que no se limiten únicamente a solicitar un aumento presupuestario, sino que también busquen optimizar los recursos disponibles y explorar nuevas vías de financiación (Tunduama, 2025). En este sentido, una de las propuestas más relevantes consiste en impulsar modelos de financiación plurianual y colaborativa, mediante la consolidación de líneas de ayuda específicas procedentes tanto de las administraciones educativas como sanitarias, así como el acceso a fondos europeos orientados a la modernización de la formación profesional, como los vinculados al mecanismo de recuperación y resiliencia (Claus, 2018). Del mismo modo, la creación de consorcios o agrupaciones entre centros permitiría compartir recursos y facilitar el acceso a equipamientos de elevado coste. Otra medida fundamental es el uso inteligente y combinado de diferentes tecnologías de simulación. No todas las actividades formativas requieren dispositivos de alta fidelidad; por ello, una estrategia pedagógica eficiente debe integrar recursos de distintos niveles de complejidad (Ixmatul, s.f). Así, los maniquíes de baja fidelidad pueden emplearse para el aprendizaje de técnicas básicas, como la toma de tensión arterial o la canalización de vías en brazos simuladores, mientras que la simulación de media fidelidad resulta adecuada para escenarios clínicos más complejos (Zuleta Uribe et al., 2023). Por su parte, los sistemas de alta fidelidad o la realidad virtual quedarían reservados para situaciones específicas que exijan un mayor grado de realismo. Esta combinación permite optimizar la inversión y ampliar el número de estudiantes beneficiados. Finalmente, la colaboración público-privada representa otra vía estratégica de gran interés (Ixmatul, s.f). El establecimiento de convenios con empresas y entidades del ámbito sanitario, como proveedores de material médico, clínicas privadas o residencias de mayores, puede favorecer su participación en la formación de futuros profesionales. Estas colaboraciones pueden materializarse mediante la aportación de recursos, materiales especializados o experiencia práctica, contribuyendo así a reforzar la calidad y sostenibilidad de los programas formativos (Zuleta Uribe et al., 2023). Por otra parte, la segunda gran barrera, quizás incluso más crítica que la económica, es la falta de formación específica del profesorado, pues la simulación clínica no puede entenderse simplemente como una actividad práctica en la que el alumnado interactúa con maniquíes, sino que constituye una metodología compleja que requiere por parte del docente un conjunto de competencias especializadas y muy sofisticadas que van mucho “ “Para muchos centros de Formación Profesional, especialmente los más pequeños o con menos recursos, esta inversión puede resultar sencillamente prohibitiva Nº 39 - JUNIO 2026
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