149 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 La simulación clínica en la formación de Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería aquellas buenas prácticas que han demostrado su eficacia en el aula, generando así un proceso de aprendizaje entre iguales enormemente enriquecedor y motivador que contribuye a consolidar el uso de esta metodología. Por último, y con una visión de futuro, resulta esencial incorporar contenidos y competencias específicamente relacionados con la simulación clínica en los programas de formación inicial del profesorado de Formación Profesional de la familia sanitaria, de manera que las nuevas generaciones de docentes accedan a la profesión con una base sólida en esta metodología y puedan aplicarla desde el primer momento con la seguridad y el conocimiento que proporciona una formación inicial de calidad, contribuyendo así a extender progresivamente su uso y a garantizar que el alumnado se beneficie de las enormes potencialidades que la simulación ofrece para su aprendizaje y para el desarrollo de las competencias profesionales que necesitarán en su futura práctica laboral. Por último y no menos importante, la tercera barrera es de índole estructural y organizativa. La simulación clínica requiere espacios físicos específicos y una organización curricular flexible que permita su integración efectiva. No basta con tener un maniquí; se necesita un aula de simulación que pueda configurarse como una habitación de hospital, un espacio de control técnico adjunto (para que los instructores puedan manejar el escenario sin ser vistos), una sala de debriefing aislada y equipada con sistema de reproducción de vídeo, y espacios de almacenamiento adecuados para el material (Pascual, s.f.). Además, la organización curricular tradicional de la FP, con horarios rígidos y grupos numerosos, choca con las necesidades pedagógicas de la simulación, que requiere sesiones más largas (para incluir briefing, escenario y debriefing) y grupos más reducidos para garantizar la participación activa de todos los estudiantes (Pascual, s.f.). La organización en grupos grandes donde unos pocos estudiantes actúan y el resto observan pasivamente es pedagógicamente mucho menos efectiva. Las estrategias para superar estas barreras pasan por una adecuada planificación arquitectónica, incorporando espacios de simulación en los proyectos de nuevos centros o en reformas de los ya existentes (Zuleta Uribe et al., 2023). Asimismo, resulta útil establecer convenios de uso compartido con hospitales, centros de salud, residencias o centros privados de simulación para acceder a instalaciones y equipamientos especializados (Claus, 2018). También es importante flexibilizar la organización curricular, concentrando las sesiones de simulación en bloques intensivos que faciliten la gestión de espacios y grupos reducidos. Finalmente, los modelos híbridos o blended simulation, que combinan simulación presencial y virtual, permiten ampliar las oportunidades de práctica y reducir la dependencia de espacios físicos exclusivos (Sterner, et al., 2023). Para superar estas barreras resulta imprescindible adoptar un enfoque multifactorial que combine soluciones estructurales, organizativas y tecnológicas, pues únicamente desde una perspectiva integral que aborde simultáneamente las limitaciones de espacios, recursos y formación será posible garantizar que la simulación clínica se consolide como una metodología accesible y de calidad en la Formación Profesional sanitaria, contribuyendo así a formar profesionales mejor preparados para afrontar los retos de un sistema de salud cada vez más complejo y exigente. Nº 39 - JUNIO 2026
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