RDD-N39-Junio-2026

43 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 pies blancas palomas. Cualquiera diría que danza. -Paje: Como una mujer que está muerta. Camina lentamente (Wilde, 2020). Además, es muy curioso ver cómo el paje recrimina a Narraboth muy a menudo que deje de mirar a Salomé pues “es peligroso mirar de ese modo a las criaturas; puede ocurrir algo funesto”. La luna aparece resplandeciente, llena, alba. Acecha la escena, que queda iluminada tan solo por su destello. Su luz nívea enfocada en los rostros de los actores desprende su mágica y mortífera esencia impregnando todo el ambiente en aras de lo que advierte ser un destino funesto. Tras toda esta estampa, comienza la sucesión de acontecimientos, y poco a poco el ambiente se torna cada vez más caótico, perverso, incomprensiblemente maligno, fervientemente perturbador y profético. La Luna es una diosa que puede simbolizar y, de hecho, lo hace, las pasiones ocultas, la ambigüedad, la morbosidad dulce de lo prohibido, el lado femenino de toda realidad. Para el paje de Herodías, en cambio, con su aspecto amarillento la luna no presagia otra cosa que el advenimiento de una muerte cercana (Gutiérrez, 2004). Del mismo modo que se pueden advertir fácilmente los presagios del satélite, puede rememorarse, a propósito de esta fatalidad anunciada, a la luna lorquiana. Federico García Lorca elimina la tradicional convención de la luna como elemento romántico y melancólico y la convierte en antesala del fin, siendo el mayor símbolo que se ha identificado en su literatura y convirtiéndola en presagio de muerte. Ciertamente, la esfera lorquiana está repleta de esta clase de interpretaciones y atribuciones, y deducir la luna a un mero reduccionismo de su carácter mortuorio sería un grave error, pero es evidente que de ella emana la videncia con la que es representada al comienzo de la obra de Wilde. De hecho, autores como Navarro (2010) describen las similitudes entre la luna lorquiana y la danza mortal de Salomé, no ya sólo por su ingrávida presencia, sino por el movimiento de los brazos de duro estaño que la luna mueve en el Romance de la luna, luna (1928), y desencadena la tragedia del niño muerto, a semejanza de lo que consigue Salomé con su baile. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos. “ “La luna es y ha sido empleada frecuentemente como el símbolo por excelencia de, entre otros aspectos, la muerte, el deseo sexual y lo femenino La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Nº 39 - JUNIO 2026

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