44 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado (García Lorca, 1928). Quizás, y en continuidad con esta red simbólica, la luna de Oscar Wilde se asemeje también al deseo, en equiparación a otros fragmentos poéticos de Lorca y otros autores que han identificado este astro con la fecundidad o el impulso sexual. El deseo irrefrenable que Salomé siente por Jokanaan, al que pretende poseer a toda costa, junto a la irreverencia de la princesa y su situación de máximo privilegio, sumada a su indiscutible belleza, la convierten en portadora de un poder que parece no admitir límites, de modo que en sus anhelos no tienen cabida las negaciones ni los impedimentos ante aquello que pretende tomar como propio, legitimada únicamente por los derechos que cree adquirir por ser ella misma. Del infierno en Mesopotamia a la danza de los siete velos Si, como hemos visto, la atmósfera simbólica de la obra de Wilde se construye a partir de una compleja red de asociaciones en la que el deseo, la muerte y el influjo penetrante de la luna se entrelazan de forma inseparable, resulta particularmente sugerente detenerse ahora en uno de los elementos más célebres y, al mismo tiempo, más enigmáticos del drama: la danza de los siete velos. Conviene que recordemos el repaso que hicimos al comienzo sobre los evangelios canónicos, ya que en ellos la danza de la princesa hebrea no aparece formulada con ningún tipo de calificativo especial, lo que nos sitúa, una vez más, ante un motivo que parece surgir en el ámbito de la recreación literaria y artística y no en el de la tradición bíblica original. Es, en efecto, una creación posterior, en este caso de Oscar Wilde, que ningún fundamento claro podemos decir que tiene. Mejor es repasar el fragmento en que el autor menciona esta misteriosa coreografía: La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Figura 5. Salomé de Jean Benner, 1889. (extraído de /descubrirelarte.es) Nº 39 - JUNIO 2026
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