45 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 -Herodes: No te levantes, esposa y reina mía; es inútil. No me moveré de aquí mientras no dance. Danza, Salomé. Empieza ya. -Herodías: Hija mía, no dances. -Salomé: Estoy pronta, tetrarca. (Danza de Salomé. La orquesta inicia una danza muy viva. Salomé, casi inmóvil al principio, estirase luego y hace seña a los músicos para que amortigüen el violento ritmo y lo cambien en otro suave y mecido. Salomé entonces baila la danza de los siete velos. En ciertomomento parece sentir cansancio, pero al punto se reanima y con nuevos bríos reanuda la danza. Detiénese un momento en actitud de arrobo, junto a la cisterna en que Jokanaan está preso; luego reitera sus vueltas y déjase caer a los pies de Herodes) -Herodes: ¡Ah! ¡Magnífico! ¡Admirable, admirable! (A Herodías) Lo ves, tu hija ha bailado por complacerme. Ven acá, Salomé, ven acá; te he de dar tu recompensa. Quiero remunerarte regiamente. Te daré cuanto tu corazón anhele. ¿Qué es lo que quieres? ¡Habla! (Wilde, 2020). Wilde alude a la danza, pero evita ofrecer una descripción concreta de ella, dejando un vacío que el imaginario colectivo se ha encargado posteriormente de completar y reinterpretar. Quizá residiera ahí una de las intenciones más sugerentes del autor, plenamente acorde con su conocida inclinación hacia la provocación estética: convertir aquello que permanece insinuado, y no mostrado, en un motivo todavía más poderoso que lo explícitamente representado, apelando así a la capacidad evocadora del símbolo y a la mágica fuerza de la sugerencia. En todo caso, podemos establecer un paralelismo de la danza que aparece en Salomé con el mito mesopotámico del descenso de la diosa Inana al inframundo. Tarragó (2026) nos narra este interesante mito: Inanna, la reina del cielo, es luminosa y vital; considerada una de las diosas más importantes del panteón mesopotámico, y conocida principalmente como diosa del amor y de la guerra. Pero tiene una hermana oscura, Ereshkigal, cuyo nombre significa «reina de la muerte» o «señora del gran lugar de abajo». Inanna desea reinar también en el inframundo, por lo que busca un modo de acceder a él. Su hermana ha quedado viuda y el consuelo parece un buen pretexto para poder acercarse al infierno. Inanna desciende al inframundo, un lugar misterioso, desagradable y peligroso que desconoce. Cuando llega, Ereshkigal, acompañada de los siete jueces Anunna, la saluda con una mirada rabiosa y resentida. Y le dice: «¿Cómo te atreves a penetrar en mi reino? Aunque seas mi hermana, te someteré al mismo tratamiento que reciben todas las almas cuando entran aquí». Inanna comienza el recorrido obligatorio para todas las almas: siete puertas son las que hay que pasar para llegar a las profundidades del inframundo. Ereshkigal ordena a Inanna que las cruce, y en cada portal la obliga a desprenderse de cuanto lleva encima (vestidos, joyas y adornos) hasta que, completamente desnuda, humillada y despojada de todo, llega al lugar más profundo. La construcción simbólica de Salomé a partir del drama de Oscar Wilde Nº 39 - JUNIO 2026
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