RDD-N39-Junio-2026

81 ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016 Conceptualización de los EVA y el impacto de la exclusión social Antes de comenzar el análisis técnico, es necesario reflexionar sobre qué entendemos por diversidad. Esta no debe reducirse únicamente a la presencia de alumnos migrantes; diversidad es cualquier alumno en riesgo por factores sociológicos o aspectos psicopedagógicos. Según Gómez (2005), esta realidad nos obliga a entender la heterogeneidad del aula como la norma y no como la excepción. Por ello, el DUA se vuelve esencial, ya que permite realizar ajustes en los elementos del currículo centrándose en los entornos y no en las dificultades individuales de los alumnos. Para comprender el alcance de esta propuesta, es necesario definir qué entendemos por Entornos Virtuales de Aprendizaje. Según Belloch (2012), lo EVA se denominan como actividades digitales adaptadas al nivel de las personas a las que van dirigidas, configurándose como ecosistemas digitales que permiten la interacción entre alumnos y docentes. Como indica Castro (2015), los EVA y el e-learning no son solo repositorios de información, sino espacios que complementan y enriquecen la enseñanza presencial. Es fundamental entender que implementar un EVA no consiste simplemente en llevar ordenadores a las aulas, sino en diseñar una experiencia educativa integral que fomente la competencia digital y la individualización del aprendizaje. Sin embargo, el éxito de estos entornos se enfrenta a un fenómeno multidimensional y perjudicial: la exclusión social. Según la Universidad Edith Cowan (2009), uno de cada seis menores se ha identificado con la exclusión social dentro de los centros escolares. Esta situación afecta al rendimiento académico, y crea una fractura para conseguir una infancia plena. La exclusión social, como señala Rivas (2006), genera una relación asimétrica en la integración escolar que debemos combatir desde el aula. La vulnerabilidad, si no es atendida de forma clínica y sensible por el profesorado, conlleva al aislamiento, la baja autoestima y, en última instancia, al abandono escolar temprano. Como indican Garcés, Santana y Feliciano (2020), la exclusión es un proceso que va más allá de lo económico, afectando a los proyectos de vida de los adolescentes y niños en riesgo. En este sentido, los EVA presentan lo que podríamos denominar “luces y sombras”. Por un lado, autores como Torres y Ortega (2003) destacan ventajas claras: la conectividad ubicua (poder aprender en cualquier momento y lugar), el fomento del autoaprendizaje y el refuerzo de la cohesión grupal. No obstante, en entornos de vulnerabilidad, nos encontramos ante el riesgo de la brecha digital de segundo grado, donde no solo importa el acceso al dispositivo, sino el uso pedagógico que se hace de él. El reto del docente, siguiendo a Escudero (2022), es identificar a esos alumnos “invisibles” y utilizar la tecnología no como una barrera más, sino como un puente que mitigue las desigualdades de origen y promueva una verdadera justicia social educativa. Los Entornos Virtuales de Aprendizaje como herramienta de inclusión social en Educación Primaria Nº 39 - JUNIO 2026

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