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ISSNe 2445-365X | Depósito Legal AB 199-2016

AÑO V - Nº 18 - JUNIO 2020

tralizada para una eficaz gestión) en

administración y secretaría. Pero, a

mayores de estos, hay otra gran can-

tidad de documentación, redactada y

gestionada por áreas de trabajo, en

formato papel y/o digital, que no se

archiva y custodia de forma centra-

lizada, sino en los departamentos,

tutorías, coordinaciones, equipos…

etc. Esto supone, en cada organiza-

ción, a los tres años de obligado ar-

chivo y custodia, la existencia de tres

mil, cinco mil, o más, documentos

que deberían de estar correctamente

identificados y archivados, de modo

centralizado si ha de ser eficaz, du-

rante al menos ese período trienal.

Esa correcta identificación y

archivado lo ha de ser sobre ese

mínimo plazo, para contar con un

histórico que sirva de utilidad en

las autoevaluaciones de éxito en

el desempeño, la identificación de

puntos débiles y las propuestas de

mejoras de futuro. Si ese histórico

no existe, perdemos la perspectiva

para su análisis, como bien apuntan

Villa, Troncoso y Díez (2015).

A la dificultad inherente a ello se

suma otra propia de estos tiempos,

que es la convivencia (sino dualidad)

del formato papel y el formato digi-

tal, lo que hace más necesario un

coherente, claro y riguroso sistema

de tramitación, archivo, custodia y

evaluación (y no solo de redacción).

El gran desacierto

(y origen de las

resistencias y decepciones que el

nuevo sistema de gestión trae con-

sigo)

es que

, bien por la urgencia en

su implantación, bien por la escasez

de esfuerzo en su diseño y adapta-

ción, bien por la equivocada idea de

“una futura y continua mejora”,

el

sistema se suele colocar “enci-

ma” de las actividades ordinarias

y extraordinarias que cada centro

venía realizando

. Posiblemente

no se organizan nuevamente todas

ellas, sino una parte. Pero, en todo

caso, no se suelen imbricar con las

anteriores actuaciones, sino que se

superponen a estas. Resulta inme-

diato pensar que, si un SGC optimi-

za y acerca a su máximo el grado de

éxito en la actuación de una organi-

zación, éste se implante en todas (o

casi todas) las actividades, principal

y secundarias, de la misma. Pero en

cualquier caso, al menos, la cone-

xión entre la parte prexistente y la

implantada debería de ser el primero

de sus objetivos, y el resultado de

este primero objetivo, el más cerca-

no a la excelencia perseguida.

Un nuevo sistema de gestión habría

de adaptarse y optimizar aquellos

procederes en los que puedan existir

(por rutina o dejadez) movimientos

ineficaces o mejorables, pero tam-

bién mantener, cuidar, incorporar o

reforzar, todos aquellos que ya son

fundamentales, acertados o capita-

les de esa organización. De no ha-

cerse de este modo, parece obvio

que pensar que no se trabajaría en la

dirección de la optimización, sino en

la de la probable desarticulación, o

incluso contradicción. La imposición

de un estándar a golpe de mimética

traslación de unos preceptos (por

evitación o postergación de aquello

que es complejo o conflictivo) cons-

tituye, como se dijo, el primer error

y una neonata eficacia.

La lógica impone que un intento de

mejora del funcionamiento de una

organización, debiera de pasar por

una ineludible y profunda etapa pre-

via de análisis de los procedimien-

tos y actuaciones prexistentes, en la

búsqueda de puntos fuertes y débi-

les, cuestiones y aspectos a corregir,

modificarlos o sustituir.

El camino gradual sería, una vez con-

vencido el Equipo Directivo, trasladar

la idea al Claustro y al Consejo Escolar

y crear un Equipo de Evaluación que

recibiera una formación adecuada en

el trabajo a realizar (…). Y elaborar un

listado de áreas de mejora. Elegir unos

criterios para priorizarlas y establecer

una relación ordenada de esas áreas

(López y Ruiz, 2004).

La solución a una avería o mal fun-

cionamiento de un componente

de un automóvil jamás pasa por la

adquisición de un nuevo compo-

nente que se acopla superpuesto

al conjunto de la mecánica existen-

te. Siempre es objeto de una etapa

de diagnóstico absolutamente in-

dividualizado del funcionamiento

conjunto y por partes del sistema

mecánico, en la procura de localizar

puntos fuertes, débiles o inertes. Y

tras el diagnóstico, la sustitución

(que no agregación) de aquellos

componentes susceptibles de ello

(además de las pertinentes pruebas

de funcionamiento antes de iniciar

su uso cotidiano).

La celeridad en la implantación y,

peor todavía, en su evaluación de-

berían de ser siempre aspectos a

evitar. Esto ya fue mencionado por

un autor crítico con los SGC, Sarzu-

ri-Lima (2014), que afirmaba que en

el caso de la evaluación de progra-

mas educativos muchas veces este

proceso suele realizarse antes de su

implementación o en el diseño del

programa.

Entonces, ¿qué significa esto? Que

es imprescindible un SGC para la

actividad de implantación de un SGC

(o quien revisa al revisor).

Cómo estamos

Un Sistema de

Gestión de la Ca-

lidad

, de los habitualmente implan-

tados, tiene cuatro aspectos en los

que parece basar todo su empeño.

El análisis individualizado de cada

uno de estos deja en evidencia la

eficacia de una directa y literal apli-

cación.

Estos cuatros aspectos, y su análi-

sis, es el siguiente:

1) La sistematización de un eleva-

do número de procederes (a modo

de encadenado de trámites y docu-

mentos).

Esto, en principio y sobre el papel,

debería de ser siempre positivo. Pero

la realidad es que, con el tiempo, es

también causante de errores y pará-

lisis. Esto se argumenta mediante un

examen de la diferente naturaleza de

cada proceder. Existen algunos que

pueden fácilmente ser sistematiza-