¿Quién quiere leer en verano?

¿Quién quiere leer en verano?
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Cómo fomentar la lectura en los niños

Con la llegada de los meses de vacaciones, los más pequeños colgaron su mochila y dejaron de lado las tareas escolares. Ahora su tiempo lo dedican a descansar, recuperar energías, jugar… Todo esto y mucho más. No obstante, invertir un rato al día al repaso de materias y a las lecturas recomendadas no tiene por qué ser tarea desagradable. Más bien al contrario, los tiempos dedicados a la lectura reportarán beneficios tales como una mayor estimulación cerebral y aprendizaje continuo, reducción de estrés, mejora de la memoria, aumento de la reserva cognitiva, e incluso les ayudará a dormir por las noches. Entonces… ¿por qué leer en verano es, en ocasiones, una tortura para los más pequeños? ¿Cuándo dejaron de apasionar los libros infantiles? Y lo más importante… ¿Podemos hacer que recuperen esa ilusión?

Cuando un niño hace deberes, sabe que su maestro o profesor pasará tiempo corrigiendo y valorando su esfuerzo. Incluso, puede ser que la familia le haga llegar su felicitación por haber terminado sus obligaciones, así pues, una de las recompensas más importantes que obtendrá de su esfuerzo será la atención de los adultos.
En los períodos vacacionales, el niño pasa de hacer actividades colectivas en el centro educativo a hacerlas de manera autónoma en casa y se pierde gran parte del componente atencional. Esto puede ilustrar, cómo uno de los factores que explica la pérdida de interés por los libros en verano es que la lectura compartida pasa a ser lectura en solitario.
Hay varias cosas que podemos hacer para despertar nuevamente la pasión por la lectura, sin que se pierda entre otras distracciones propias de la época estival. Leer no tiene porqué ser aburrido. Pero para que el niño no lo perciba como tal debemos saber que:

  • Es necesario dejar cierta libertad en la elección del libro. Durante el año habremos observado qué libros son los que más interés les suscitaron. Gran parte de las editoriales hacen sugerencias de libros del mismo género y de la misma franja de edad que pueden haber llamado su atención. También podemos hacer una visita a una librería especializada. Hacer listas abiertas teniendo en cuenta estos aspectos o preguntar qué libros quieren leer facilitará la adquisición de cierto compromiso.
  • Es necesario mostrar interés por lo que están leyendo e, incluso, ser creativos pidiéndoles que hagan dibujos y propongan qué les gustaría qué pasase o cambiarían, escriban su propio cuento… Porque ¿quién no ha soñado, alguna vez, con un libro? Hay que darles la oportunidad de compartir ese sueño con nosotros.
  • Hay que convertir la lectura en un pasatiempo en familia. Que los más pequeños vean cómo leemos es una forma muy buena de animarles. Además, si lo hacemos de forma conjunta, se sentirán acompañados y eso les proporcionará la atención que necesitan. Crear un espacio específico en su dormitorio para la lectura, con estanterías, con luces de colores, adhesivos, objetos decorativos y poder compartirlos con ellos, nos hará más fácil conseguirlo y hará de ese espacio un lugar deseado, porque será un lugar en el que no solo habrá libros, sino que los compartirán con sus seres queridos y pasarán momentos inolvidables.

¿Qué criterios debemos seguir para elegir el libro adecuado a las distintas franjas de edad?

A veces, como padres o docentes, la elección de libros para los más pequeños no resulta nada fácil, pues son múltiples los aspectos a tener en cuenta a la hora de decidirnos por los títulos. Los gustos del niño, el nivel de lectura que tenga, o lo mucho o poco que le guste leer, determinarán sin duda nuestra elección.
Sin embargo podemos seguir ciertas claves a la hora de recomendar o sugerir literatura infantil, desde una perspectiva lúdica y divertida que trascienda la obligatoriedad de las lecturas escolares recomendadas en verano.

  • Para los más pequeños, es recomendable iniciarlos cuanto antes en la lectura. Ya desde el vientre materno, leer cuentos en voz alta, tiene beneficios para el feto pues reconoce nuestra voz, se calma, etc. Lo ideal es proporcionar al niño, en sus primeros años de vida, libros de tela o impermeables, con textura, suaves y blandas que le permitan desarrollar sus capacidades sensoriales.
  • En niños de hasta dos años, los libros de colores y formas son buenas alternativas a la hora de escoger las lecturas. Los libros con texturas para que toquen y se sorprendan, también son muy recomendables, al igual que los recursos con sonidos. Es decir todos aquellos que llamen la atención del pequeño y les entretengan.
  • Las posibilidades se incrementan para niños de entre tres y seis años pues en estas edades ya comprenden lo que les contamos y empezarán a interpretar las ilustraciones y pictogramas. Una opción muy interesante es decantarse por los libros didácticos sobre las letras y los números y cuentos clásicos o contemporáneos.
  • Entre los seis y los nueve años los libros pueden ser menos didácticos y pasar a ser más divertidos para afianzar el gusto por la lectura. Es mejor elegir lecturas que el niño no relacione con el colegio y que lo predisponga en contra.
  • Para la franja de edad de entre los nueve y los doce años, existen colecciones que versan sobre aventura, fantasía y misterio.

Lectura recomendada para padres y profesores

“La magia de leer” escrito por José Antonio Marina y María de la Válgoma

El objetivo principal de esta obra es suscitar el deseo de leer en los adultos para que se lo transmitan a sus hijos. En ella se recoge la experiencia de expertos psicólogos y pedagogos a través de las cuales se describen los distintos placeres que pueden proporcionarnos la novela, la poesía o el ensayo, y propone una serie de estrategias para padres y profesores. Se trata, en suma, de conseguir que, además de una herramienta imprescindible para el desarrollo personal, leer sea una actividad gratificante.

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