Educación para la convivencia

Un proceso de aprendizaje desde edades tempranas

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Resumen: Educar en la convivencia significa educar para la vida, para ser ciudadanos respetuosos y saber relacionarnos adecuadamente con los demás. Por ello, se hace necesario educar, desde edades tempranas, al alumnado en valores para la gestión de emociones, con los que poder resolver cualquier tipo de conflicto al que se pueda enfrentar de manera asertiva.

 

Abstract: Educating for coexistence means educating for life, to be law-abiding citizens and know how to properly relate to others. Therefore, it is necessary to educate students from the earliest ages in values for emotional management, with which to be able to resolve any type and conflict that can be faced assertively.

 

Palabras clave: Convivencia; Educación en valores; Asertividad; Educación Emocional.

 

Keywords: Coexistence, Education in values, Assertively, Emotional education.

EDUCACIÓN PARA LA CONVIVENCIA

Aprender a convivir supone un trabajo cuyo desarrollo y resultado acompañará a cada persona a lo largo de toda su vida. Tener unos valores, una gestión adecuada de emociones, poseer empatía, asertividad, habilidades sociales, etc., contribuirá a que se puedan resolver los conflictos de una manera pacífica y a saber lidiar con las diversas situaciones que se presentan de una manera adecuada y no conflictiva. Por ello, desde las instituciones educativas se hace transcendental que se eduque al alumnado desde edades tempranas en el aprendizaje de la convivencia y en la relación e interacción adecuada con los demás.

Convivencia

Debido al incremento y diversidad de problemas conductuales, a las dificultades encontradas a la hora de gestionar los problemas que surgen de la convivencia y a la necesidad de formación en esta área, la convivencia se ha convertido en un tema de notable interés entre la comunidad científico-educativa, convirtiéndose en un fenómeno complejo, global y multidimensional. Así pues, muchos son los estudios que han tratado de plasmar cuál es el estado de la convivencia en los centros educativos de nuestro país y de acercarnos al concepto de convivencia con el fin de transmitir una mayor información que permitiera mejorar las relaciones en los centros educativos.

La convivencia es concebida por varios autores como la base de todo acto educativo, inevitablemente vinculada con el aprendizaje, siendo un aprendizaje para toda la vida, como un proceso de formación permanente y continuada que permite la consecución de los objetivos educativos planteados, mediante el cual se fomentan las interacciones y relaciones respetuosas y armoniosas, se generan espacios de participación, inclusión y reflexión basados en el diálogo, se favorece la identificación, manejo y expresión de emociones, la asertividad y la escucha activa, entre otros aspectos (Penalva, 2016).

El aprendizaje y gestión de la convivencia en las aulas es un tema de suma importancia que se relaciona directamente con la disminución del rendimiento académico, problemas de autoestima y experimentación de ansiedad, lo cual puede repercutir negativamente en las relaciones sociales, dificultándolas y empobreciéndolas. Por ese motivo, es transcendental educar en una buena convivencia desde edades tempranas para tratar de prevenir y disminuir aquellas situaciones de acoso escolar, violencia y conflicto que se generen en terreno educativo, de modo que los alumnos adquieran herramientas útiles tanto para su aplicación en la escuela como en su vida fuera de ésta.


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Aprendizaje en valores y Educación emocional

Grañeras (2006) consideran que educar en valores requiere crear el clima idóneo para que esos valores se encuentren de una manera natural en los contextos de juego, convivencia y aprendizaje que constituyen la vida en la escuela. Esto es lo que Berra y Dueñas (2013) identifican con la aplicación dentro del aula de los denominados temas transversales, aquellos que se deben tratar de forma paralela en todas las etapas y materias, como es el caso de la educación para la convivencia, la educación para la paz o la educación para la salud.  Con ellos se pretende convertir el proceso de enseñanza-aprendizaje en un proceso global a través del cual se transmitan valores tales como la justicia, el respeto, la igualdad o la solidaridad como factores imprescindibles que van a determinar la forma en que el alumnado actúe y se desenvuelva en sus relaciones sociales.

Otro de los aspectos esenciales para la mejora de la convivencia es la adquisición de adecuadas habilidades sociales, entendidas como el compendio de conductas que van a permitir que el individuo se desarrolle tanto en un contexto individual como interpersonal, mediante la expresión de opiniones, actitudes, conductas, etc., de una manera acorde con la situación (Caballo, 2005).

Por otro lado, cabe destacar la educación emocional que según Bisquerra (2005) se identifica con la consecución de aquellas competencias o capacidades que posibilitarán la prevención de situaciones o conductas de violencia y estrés peligrosas o preocupantes para un adecuado ambiente de convivencia.

En definitiva, es necesario llevar a cabo una educación emocional en todos los niveles educativos, comenzando ya por edades tempranas, para proporcionarle al alumnado las herramientas que le ayuden a mejorar sus relaciones y, por tanto, la convivencia tanto dentro como fuera del centro, de forma que sea capaz de conocer, identificar, expresar y regular sus emociones, creando una imagen positiva y ajustada de sí mismo, así como también desarrollar unas habilidades socio-emocionales que le lleven a identificar las emociones de los otros y a desarrollar la empatía.

Que los alumnos sean emocionalmente inteligentes ya desde Infantil supone saber superar los arduos momentos de la manera más positiva posible e identificar y aceptar los propios sentimientos, por lo que se deberán aprovechar momentos en el aula para trabajar la inteligencia emocional, como por ejemplo, en el momento de la asamblea, puesto que se trata de un espacio productivo donde el alumnado desde las primeras edades puede afianzar las relaciones sociales expresando y comunicando sus sentimientos y emociones, haciéndolas patentes y, al mismo tiempo, conociendo las del resto de sus compañeros, fomentando de esta manera, normas, respeto y empatía a través de los diálogos que se van aconteciendo (Cabello, 2011; Grau, García-Raga y López-Martín, 2016).

Mediación escolar

Uno de los aspectos importantes que tratar a la hora de considerar la gestión de los conflictos en la escuela es la mediación escolar. Se trata de un método a utilizar que busca llegar a la reconciliación de las partes involucradas en el conflicto, contribuyendo a que todas se encuentren beneficiadas, estableciendo soluciones adecuadas y sin que nadie se vea perjudicado (Torrego, 2000). Además, es un método de resolución de situaciones conflictivas que se basa en la cooperación con el mediador, en el respeto y, por supuesto, en el seguimiento de los acuerdos que se han establecido.

Generalmente, la figura del mediador corresponde a un adulto, como puede ser el docente, aunque con los años va cogiendo fuerza la figura del alumno con la formación de mediadores, nacidos con el objetivo de trasmitir al resto de compañeros una serie de competencias y habilidades básicas para poder gestionar de manera autónoma los conflictos que surgen de la convivencia (Funes, 2000).

No obstante, la mediación escolar vista desde etapas como la Educación Infantil debe de aplicarse desde una metodología adaptada a la edad de los destinatarios, utilizando para este alumnado recursos óptimos a su nivel de desarrollo mediante los cuales se exponga el conflicto que se pretende solucionar y así buscar y consensuar colectivamente soluciones al respecto. Para los alumnos más mayores ya se puede implementar el desempeño de roles mediante la dramatización de situaciones conflictivas (Torres, 2011).

Normas y dialogo: Negociación

En todo proceso de regulación de la convivencia es preciso el establecimiento de normas de convivencia, una herramienta muy importante para la gestión de los posibles conflictos, además de para su prevención.

En esta línea surge el concepto de la negociación, un modo de gestionar situaciones conflictivas que va a implicar una especie de pacto entre docente y discente, en donde ambas partes participan proponiendo normas a cumplir, y haciendo que el alumnado reflexione sobre las mismas, entendiendo su importancia y la necesidad de cumplirlas, así como las consecuencias que genera su infracción (García y Ferreira, 2005).

Pérez (1999) afirma que el hecho de ser el alumnado quien protagoniza e interviene en ese acuerdo y establecimiento de normas consensuadas va a suponer que no conciba su cumplimiento como una imposición, sino como una tarea propia a realizar, favoreciendo así que las acate. Además, este autor afirma que es necesario que desde las primeras etapas educativas sean los propios alumnos los que elaboren las normas, mediante asambleas de aula donde expresen sus experiencias a través del diálogo, comprendiendo así las normas que rigen su funcionamiento.

 

Como se puede observar, el diálogo y la negociación se encuentran implícitos en cada aspecto relacionado con la buena convivencia, como en la creación de normas o en la gestión de conflictos desde la asertividad, siendo aspectos esenciales para poder mantener unas relaciones saludables. Son dos aspectos imprescindibles para tener en cuenta por parte del docente a nivel de aula, y su trabajo desde edades tempranas va a suponer en el alumnado la adquisición de una serie de estrategias para poder llegar a acuerdos, resolver los conflictos pacíficamente, fomentar el respeto, el consenso y la colaboración (Moliner y Martí, 2002).

Una metodología adecuada para trabajar el diálogo y la negociación en esta etapa educativa es a través del aprendizaje cooperativo que implica, siguiendo a Goikoetxea y Pascual (2002) realizar una tarea compartida en la que el alumnado tendrá que trabajar de manera coordinada, aunando sus esfuerzos para conseguir un mismo fin. Este trabajo se caracteriza por sus grandes beneficios, por lo que resultará conveniente y necesario que el docente lo fomente desde edades tempranas puesto que supone prevenir la ausencia de comportamientos prosociales, conductas desfavorables ante la diversidad y el egocentrismo, además de fomentar el altruismo y las capacidades para llegar a ser un buen ciudadano.

Metodología por rincones

En Educación Infantil una de las metodologías más recurrentes para el trabajo de aspectos relacionados con la convivencia es el trabajo por rincones.

Jares (2001) propone el trabajo mediante los rincones de los conflictos, en donde se fomenta la formación del alumnado acerca del conflicto como algo normal que aparece en la vida en sociedad y que hay que resolver utilizando las estrategias correctas. Al igual que las asambleas, estos rincones son un lugar para tratar los conflictos y no evitarlos, permitiéndole al alumnado la oportunidad de ejercitar estrategias para resolver los conflictos.

Cabe destacar que, esta metodología es fundamental trabajarla mediante el juego, gracias al cual el alumnado puede llegar a aprender roles, dramatizar situaciones, así como también adquirir valores, reglas, etc., construyendo su personalidad y definiéndose a sí mismo. De ahí la importancia de recurrir a esta metodología en la que, para Torres (2011), el docente adquiere una actitud paciente basada en la observación de cada alumno, permitiéndole recabar información relevante en los diferentes contextos de juego, como por ejemplo observar cómo actúa cada niño en determinadas situaciones para resolver los conflictos, si escucha a los compañeros, si se presta a colaborar, si es paciente, etc. Esta información deberá analizarla detenidamente con el fin de tomar medidas al respecto y/o frenar situaciones inadecuadas.

El papel del profesorado


En esta tarea de educar en la convivencia, el docente adquiere una labor trascendental de acompañamiento, guía y escucha comprensiva, ya que es una figura de referencia para el alumnado. Así pues, el profesorado será una piedra angular en la formación del alumnado tanto académicamente como personal y socialmente.

De esta manera, se puede afirmar que la tarea del docente, con el fin de enseñar a convivir al alumnado, debe de basarse o centrarse en los siguientes pilares fundamentales:

  • El establecimiento y acuerdo de normas, entendiendo las mismas como un consenso entre todo el grupo, dándole responsabilidades al alumnado para que las haga suyas, forjando una identidad y compromiso para su realización y cumplimiento
  • Promover el trabajo cooperativo para que aprenda el alumnado a colaborar en equipo resolviendo los conflictos que puedan surgir
  • Resolución de conflictos a través del diálogo y la negociación
  • Ser un referente o modelo para el alumnado, reflejando aquello que se le quiera inculcar, siendo un buen ejemplo de valores y actitudes.

En conclusión, cabe matizar la labor global de todos los participantes de la comunidad educativa, los cuales reflejan su trabajo en los centros escolares. La escuela es una fuente de aprendizaje donde se pueden y deben transmitir valores, habilidades sociales, fomentar un aprendizaje basado en la gestión o control de emociones y trabajar la mediación de situaciones conflictivas para que el alumnado sepa enfrentarse a éstas de una manera asertiva, actuando y conviviendo de una manea acertada y pacífica.

Hay que ser conscientes de la importancia de la acción docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje de hábitos, normas y reglas basadas en el diálogo y la negociación que suponen normas de convivencia elementales, que ayudarán al alumnado a enfrentarse a los desafíos que les presenta la sociedad actuando como ciudadanos críticos y asertivos.

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