Educando en valores: La convivencia

El reto de aprender a vivir en sociedad

Educando en valores: La convivencia
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convivencia

Resumen: Educar para la paz y la no violencia, enseñar a resolver conflictos de forma positiva y fomentar el desarrollo de una convivencia armónica son deseos que queremos hacer realidad en nuestras aulas pero, ¿cómo conseguir este difícil reto? ¿Qué mecanismos pueden llevar a cabo los docentes para enfocar su acción didáctica hacia la prevalencia de lo que consideramos “unos valores adecuados”?

Palabras Clave: Educación para la paz; Resolución de conflictos; Convivencia; Educación en valores.

Abstract: Peace and non-violence education, teaching how to solve conflicts in a positive way, and encouraging a harmonious coexistence are wishes that we would like to come true in our classrooms. How to achieve this difficult challenge? What are the mechanisms that teachers may employ to focus their didactic strategy on what we may consider adequate social values?

Keywords: Peace education, Conflict solving, Coexistence, Values education.

EDUCANDO EN VALORES: LA CONVIVENCIA

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Educación en valores y convivencia

Educar en valores y, concretamente, educar para la convivencia hoy día constituye un reto para toda la sociedad en general y para la escuela en particular.



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La Ley Orgánica 8/2013 de 9 de diciembre para la Mejora de la Calidad Educativa nos advierte, ya desde su Preámbulo, de la necesidad de favorecer pautas de convivencia en nuestras aulas, evitando situaciones de violencia, educando para resolver conflictos de forma positiva y, en suma, aprender de y para la convivencia.

Pero ésta no es una tarea fácil, ya que las condiciones sociopolíticas bajo las que se ha configurado nuestro sistema educativo han desencadenado que nos encontremos sumidos en un marco escolar caracterizado por una fuerte crisis, donde los valores básicos de equidad e igualdad no son respetados y los principios básicos que deben regir la convivencia pacífica no hacen acto de presencia.

Quizá sea conveniente que desde la escuela se comience con un trabajo dirigido a los contextos familiares del alumnado, considerando éstos como los primeros agentes de socialización y sobre los que es más prioritario actuar, pasando posteriormente a un desarrollo exhaustivo del currículum oculto en nuestras aulas, elevando los temas transversales relacionados con la mejora de las habilidades que nos competen a otros planos más directos de nuestra acción didáctica.

Valores como el poder del diálogo, la cooperación y la resolución pacífica de conflictos de forma reflexiva y crítica deben ser protagonistas en el quehacer diario de nuestras escuelas.

Debemos por tanto, poner en práctica en nuestros centros educativos un proyecto educativo común para lograr organizar el proceso de enseñanza-aprendizaje de manera que sea enriquecedor para todos y a la par orientado hacia el ideal de calidad y equidad que sostiene la reforma educativa.

Educar para la convivencia desde el punto de vista del niño

Teniendo en cuenta que nuestros intereses y motivaciones son diferentes a los que pueda tener nuestro alumnado (Edwards y cols., 1995) debemos buscar un lenguaje común que nos haga más fácil la interacción con ellos, facilitándoles que puedan aprender de forma consciente sobre los problemas reales de convivencia que se suceden en el aula, con sus iguales y con los adultos, y la manera de resolver estas situaciones de manera adecuada.

Es imprescindible que el docente sepa cómo actuar a la hora de resolver conflictos en el aula para poder favorecer un clima agradable de convivencia y el éxito de cómo se implanten esos valores en su alumnado dependerá en gran medida de su valía como mediador ante el conflicto y como modelo de conducta (Ratto, 2004).

Es por ello necesario que el docente tenga claro que para incidir en el punto de vista de sus alumnos y así hacerlos reconocedores de la necesidad de tener una convivencia positiva debe llevar a cabo una serie de pautas:

  • Los alumnos van a ser el objeto principal de aprendizaje.
  • Las familias incidirán positiva o negativamente en el desarrollo de sus hijos.
  • La participación con el resto del centro educativo será imprescindible.

El docente, mediante distintas herramientas como la observación directa, cuestionarios y actividades especialmente diseñadas para ello, ha de conocer a cada uno de sus alumnos, comprobando cómo cada uno explora el concepto de conflicto de forma única y cómo valora la convivencia en el entorno en el que se desenvuelve.

Se tendrá, pues, que observar qué entiende el estudiante del conflicto en su contexto inmediato y cómo lo resuelve, si realmente es consciente de a lo que se enfrenta y cómo la situación conflictiva puede hacer mella en él, desencadenando acciones positivas o negativas en el futuro.

Según Bordieu y Passeron (1979), el docente debe de considerar la forma en que sus alumnos responden y se sienten ante el conflicto, procurando identificar sentimientos claros: malestar, estrés, culpa, queja, arrepentimiento…

Educar para la convivencia desde el entorno familiar

Puesto que el trabajo desarrollado en el centro educativo debe apoyarse con la labor realizada desde el núcleo familiar, el plan de fomento de la convivencia positiva ha de pasar por conocer a cada una de las familias: cómo conviven en sus hogares, cómo consideran a su hijo en casa y fuera de ella, qué valor otorgan a sus retos y a sus dificultades, cómo actúan ante sus limitaciones, qué forma tienen de premiar o castigar, qué medidas adoptan para resolver problemas en casa, etc.

El hecho de analizar estas cuestiones pone el acento en la comparación de contextos, pues un proceso constructivo de resolver conflictos es similar a un proceso cooperativo de resolver problemas, mientras que un proceso destructivo de resolver conflictos tiene muchas semejanzas con los procesos competitivos de interacción social (Deutsch, 1990).

Los conflictos que ponen en peligro la convivencia

Los centros escolares tienen una raíz principalmente conflictiva por una razón muy sencilla: son escenarios en los que intervienen muchos agentes y elementos, cada uno de ellos con diferencias implícitas (alumnos, contextos, profesores, familias, recursos…) y dicha raíz conflictiva por naturaleza puede explicarse siguiendo las palabras de Beltrán (1991): el emplazamiento de los centros, derivado de su condición institucional, en el seno de la macropolítica escolar, delimitada por las relaciones existentes entre el Estado, la Administración y la sociedad civil; a la vez que de su dimensión micropolítica, determinada por las relaciones, por igual peculiares, entre profesores, currículum y estructuras organizativas, origina un caldo de cultivo predominantemente orientado hacia la gesta de conflictos.

En consecuencia, y si se toma de referencia la idea de la naturaleza conflictiva de las escuelas, observamos cómo muchos autores en la literatura referente a la organización escolar han mencionado, desde hace años, numerosas características sobre dicha naturaleza conflictiva:

  • La mayoría de las decisiones en las organizaciones supone o implica distribución de recursos escasos.
  • Las organizaciones son básicamente coaliciones compuestas por una diversidad de individuos y grupos de interés, como niveles jerárquicos, departamentos, grupos profesionales, grupos étnicos.
  • Los individuos y los grupos de interés difieren en sus intereses, preferencias, creencias, información y percepción de la realidad.
  • Las metas y decisiones organizativas emergen de variados procesos de negociación, de pactos y luchas entre los implicados, y reflejan el poder relativo que puede movilizar cada parte implicada.
  • Debido a la escasez de recursos y al endurecimiento progresivo de las diferencias, el poder y el conflicto son características centrales de la vida organizativa.

Podríamos exponer un gran listado de todos los conflictos que acontecen día a día en nuestras vidas y que ponen en serio riesgo la convivencia pacífica en sociedad, y no ya solo en el entorno escolar. Pero, lejos de pretender realizar un análisis exhaustivo sobre la tipología de los conflictos, acuñaremos la clasificación que de ellos hacen Lewicki, Litterer, Minton y Saunders (1992), exponiéndolos por niveles.

Esta clasificación puede servirnos para plantear las dinámicas en el aula.

  • Conflictos de tipo Intrapersonal o Intrapsíquico: Estos conflictos son los que experimenta uno mismo, siendo su origen sus propias ideas, pensamientos, emociones, etc., las cuales entran en colisión.
  • Conflicto Interpersonal: Ocurre entre personas. La mayor parte de la teoría sobre negociación y mediación se refiere a la resolución de conflictos interpersonales.
  • Conflicto Intragrupal: Se da dentro de un pequeño grupo. En este nivel se analiza como el conflicto afecta la capacidad del grupo para resolver sus disputas y continuar persiguiendo sus objetivos.
  • Conflicto Intergrupal o Internacional: Se da entre grupos grandes, lo cual lo complejiza debido a la cantidad de gente implicada y a las interacciones entre ellos. Los conflictos pueden darse en forma simultánea dentro de un mismo grupo y entre grupos.

Rubin (1994) apuesta por las siguientes estrategias para resolver conflictos, sean del tipo que sean:

  • La negociación colectiva, como una búsqueda de acuerdo aceptado por ambas partes.
  • La intervención del mediador, como el interventor o la interventora para identificar los problemas causados y dar una solución mediante un acuerdo.

El con­flic­to es­co­lar se pro­du­ce cuan­do las mo­ti­va­cio­nes, va­lo­res per­so­na­les e in­tere­ses de algu­nos de los com­po­nen­tes de la co­mu­ni­dad es­co­lar son con­tra­pues­tos. En los cen­tros escolares se dan mu­chos con­flic­tos y de di­ver­sos tipos, lo cual hay que ver como algo na­tu­ral pro­pio de la con­vi­ven­cia es­co­lar e incidir en que, dentro de ese choque de intereses existe una solución pacífica que, a través del consenso y la negociación, su­po­ne enrique­ci­mien­to mutuo.

Esta cuestión recuerda, por tanto, a la necesidad de abordar el tratamiento positivo de los conflictos, enmarcado en el desarrollo de la educación para la paz.

Ocio, tiempo libre y convivencia

Una estrategia para educar en convivencia saludable es hacerlo desde la filosofía del ocio y el tiempo libre, educando en valores partiendo de situaciones de descanso y disfrute con iguales, consiguiendo así que los alumnos aprendan a convivir mejor, fomentando los valores de respeto y democracia.

Para ello es necesario encontrar puntos de encuentro entre iguales en nuestras localidades, donde se fomente el respeto y el diálogo, como talleres de convivencia y de colaboración y/o implicación social y ciudadana, observando estos enclaves como una oportunidad para encontrarse y experimentar una educación más igualitaria con toda clase de personas diferentes.

Al igual que las personas se benefician y disfrutan, en muchas ocasiones, de la convivencia con los demás, también surgen diversos problemas derivados de esa convivencia ya que las relaciones personales pueden llegar a ser muy complejas, o al menos así las interpretamos. Hacer estas relaciones más sencillas y satisfactorias depende única y exclusivamente de las personas que participan de las mismas, por lo que la prevención de conflictos y el tratamiento de los mismos requerirá de acciones coordinadas entre dichas personas, lo que nos lleva a considerar los procesos de mediación y negociación, así como a una acción coordinada con otros sectores de la sociedad, evitando que sea el centro educativo la única institución que se preocupa de esta problemática.

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