Resumen: A lo largo de este artículo se pretende realizar un acercamiento hacia la neuroeducación. Se procura reflejar la influencia que tiene esta rama de la neurociencia dentro del aprendizaje de las matemáticas. Resulta interesante antes de saber qué enseñar y cómo hacerlo, indagar sobre cómo llegamos al aprendizaje, por lo tanto ¿Cómo de determinantes son las formas de aprendizaje que utilizamos con nuestros alumnos para un óptimo desarrollo cognitivo? Por suerte, la neuroeducación nos guiará para enriquecer el proceso de enseñanza y aprendizaje.

 

Abstract: Throughout this article we intend to make an approach towards neuroeducation. It seeks to reflect the influence that this branch of neuroscience has on mathematics learning. It is interesting before knowing what to teach and how to do it, to inquire about how we come to learning, therefore, how decisive are the forms of lear
ning that we use with our students for optimal cognitive development? Luckily, neuroeducation will guide us in enriching the teaching and learning process.

 

Palabras clave: Desarrollo cognitivo; Neuroeducación; Neurociencia; Neuroeducador; Emociones; Matemáticas

 

Keywords: Cognitive development; Neuroeducation; Neuroscience; Emotions; Mathematics.

NEUROCIENCIA

Conforme ha ido avanzando la ciencia hemos ido descubriendo nuevos conceptos y metodologías dentro de la educación, las cuales nos aportan nuevas formas de aprender y enseñar. Por lo tanto, este avance científico influirá dentro de las metodologías pedagógicas, pues uno de los objetivos primordiales de la educación será potenciar el proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestros alumnos favoreciendo su desarrollo integral. Comprobaremos que la afectividad en los procesos de aprendizaje está ligada a emociones o creencias adquiridas a lo largo de nuestras vidas.

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En nuestras aulas nos encontramos diariamente muchas situaciones donde los alumnos se bloquean al abordar determinadas áreas de conocimiento, como el aprendizaje de la lógico-matemática, pues gran parte del fracaso de este saber es por la creación de un pensamiento matemático mecanicista dentro de la escuela. Para evitar esto, el docente debe construir día a día un ambiente que potencie la confianza de los alumnos en sus propias posibilidades y capacidades de aprendizaje.


Se trata de extrapolar los contenidos que proyectemos en el aula a nuestra realidad más próxima, haciendo protagonistas a los alumnos de esta experiencia. Absolutamente todo lo que realicemos en clase genera una emoción y está en nosotros hacer que esta sea positiva para seguir escalando baldas hacia el nuevo conocimiento. Pues de acuerdo con Mora (2021), nada se puede aprender más que aquello que se ama, casi nada de lo que se enseña se puede aprender bien si no lo enlazamos con las emociones y esto se podrá dar con los conocimientos que tenemos sobre el funcionamiento del cerebro.

Neurociencia y neuroeducación

En la actualidad la educación va evolucionando y se enfrenta a la innovación de la ciencia que estudia el cerebro para dar lugar a un aprendizaje más beneficioso, la neuroeducación. Según Cevallos y Moya (2019), la neuroeducación es considerada como la ciencia que ayuda a favorecer a la educación, teniendo como clave determinados conocimientos del cerebro. De esta forma, se toma ventaja sobre los conocimientos del mecanismo del cerebro compaginándolo con la psicología, con el fin de potenciar el aprendizaje (Mora, 2013).

De acuerdo con Pallarés (2015), puede resultar una evidencia considerar que el cerebro permanece activo durante la realización de una tarea y de la misma forma a lo largo del proceso de enseñanza-aprendizaje. Pero, si bien es cierto para la gran mayoría de docentes el cerebro no es un componente principal a tener en cuenta dentro de sus metodologías. Del mismo modo, para poder proyectar en el aula los conocimientos sobre la neuroeducación, los docentes deberemos de tomar conciencia de que el cerebro nos hace ser quienes somos y que este se puede educar.

En efecto, dependerá del maestro que el alumno entienda y comprenda lo que hace, ya que es fundamental que estos dos se den para activar el mayor número de áreas cerebrales. Esta activación neuronal se estimula a partir de determinados recursos didácticos, pues mucho más importante que el contenido en sí, nos debe de importar qué necesita el alumno para aprender.

De todo lo anterior surge el concepto de neuroeducador y podemos definirlo como el maestro que lleva a las aulas la neurociencia. Del mismo modo, recalcamos que en el ámbito educativo el desarrollo cognitivo cobra importancia, ya que el alumno permanecerá en el centro educativo a lo largo de su crecimiento. Dentro de este marco, las experiencias vividas significativas que recopile el aprendiz favorecerán al potencial cerebral. Cabe comentar, que un neuroeducador competente, experimentado y sabedor de toda esta información, podrá sacar provecho al proceso de enseñanza aprendizaje de sus alumnos (Campos, 2010).

Así pues, el neuroeducador deberá saber que por instinto innato humano todos queremos aprender, puesto que el cerebro buscará respuestas a posibles preguntas de su entorno. Por el contrario, en distintas ocasiones hemos escuchado que hay niños que “no quieren aprender”, esto resulta contradictorio. De acuerdo con Fernández (2010), la enseñanza debe de saber escuchar y diariamente realizar una escucha activa, cuestionándonos así ¿Por qué los niños dicen lo que dicen? A través de esta escucha encontraremos otra forma de abrir horizontes y nuevos niveles de conocimiento para el avance educativo, ya que podemos considerar que un buen alumno no es al que desarrollamos, sino el que nos desarrolla a nosotros también.

 

Otro aspecto importante dentro de la educación es la inclusión, pues esta persigue la apreciación de las diferentes culturas, características y esencia de cada estudiante. La inclusión provoca que los alumnos puedan observar desde una visión diferente, menos restringida y ampliando su concepto de normalidad. Por lo tanto, el neuroeducador buscará crear un clima en su aula donde se favorezca la evolución de cada alumno, fomentando así un aprendizaje integrador e inclusivo.

Como bien ya sabemos, todo aprendizaje provoca en nosotros una emoción, esto lo denomina Mora (2017) como binomio indisoluble, pues sin emoción no hay aprendizaje. Por lo tanto, dentro de la enseñanza de las matemáticas, la dimensión afectiva ocupa un gran peso en el proceso de enseñanza-aprendizaje así lo comprobaremos en los siguientes apartados.

Optimizar la actividad cerebral


Un cerebro que está encendido es un cerebro que permanece conectado. Un maestro debe de tener en cuenta determinados aspectos que pueden favorecer a las conexiones del cerebro optimizando la actividad cerebral y llevándolo a un mayor desarrollo.

Del mismo modo, las emociones serán claves para el proceso de enseñanza-aprendizaje, la toma de decisiones y la actitud o disposición de querer aprender (Campos, 2010). En este sentido, las correcciones que hagamos a nuestros alumnos serán cruciales para inducirles a una mayor implicación o a un desinterés, ya que a partir de la reflexión podemos hacer que el alumno sea consciente de su fallo o acierto.

En segundo lugar, las investigaciones neurocientíficas que se han llevado a cabo exponen y contrastan las conexiones que existen entre las emociones y los procesos cognitivos y esto afecta de forma directa en la educación. De esta forma, las emociones ganan gran peso en la adquisición del conocimiento, puesto que dentro del denominado aprendizaje emocional, fusionamos un estímulo con una emoción, surgiendo así el aprendizaje. (Rodríguez, Elizondo y Rodríguez, 2018)

Por consiguiente, los maestros debemos de eliminar cualquier conceptualismo que produzca mecanización a la hora de adquirir un aprendizaje. De esta forma, podremos suprimir pensamientos frustrados, como: “no valgo para las matemáticas”, “no me hables de las matemáticas, ya me han dicho que no son lo mío”.

En último lugar, será esencial crear un clima favorable en el aula, ya que como bien sabemos, el cerebro permanece constantemente bajo influencias ambientales y debe de encontrarse en un estado de confort para llegar de forma favorable al aprendizaje, donde no halle ningún peligro ni amenaza (Fernández, 2010)

La importancia de las emociones en el aprendizaje de las matemáticas

Desde tiempos inmemorables las matemáticas han causado frustración y han sido percibidas por el alumno como aburridas y difíciles, en muchos casos se entiende que se necesita cierta capacidad “especial” para aprenderlas. Esto desarrolla en nuestros alumnos cierta apatía hacia la materia, puesto que para entenderlas debemos de realizar un razonamiento analítico sobre los conocimientos previos con los que contemos. En el caso que tengamos una mala base, la tarea aumenta en su dificultad y con ello provoca el sentimiento frustrado hacia las matemáticas (Rivera, 2019). Sin embargo, las matemáticas son necesarias en la vida cotidiana para aprender a aprender, además, su aprendizaje contribuye al desarrollo cognitivo y nos ayuda a alcanzar una alfabetización numérica necesaria para resolver con éxito situaciones donde intervengan números y sus relaciones.

Por otro lado, grandes pioneros como Mc Leod (1992), defienden que dentro del enfoque afectivo matemático juegan las emociones un gran papel. Por esa razón conocer las emociones de los alumnos será crucial, puesto que estas influirán en el éxito del conocimiento matemático.

Si analizamos el cerebro matemático (localizacionismo cerebral), Rivera (2019) nos afirma que al realizar determinadas operaciones o al resolver problemas activamos más una parte que otra de nuestro cerebro. El autor nos desvela que la información matemática será procesada en tres sistemas diferentes que cada una de ellas se da en una región diferente del lóbulo parietal:

  • Sistema verbal: representación de los números mediante palabras, se da en el giro angular izquierdo del cerebro (memorización y producción de cálculos exactos).
  • Sistema visual: asociación de determinados símbolos para identificar los números.
  • Sistema cualitativo no verbal: generamos una idea significativa del número en cuestión, como, por ejemplo: el número 25, está formado por dos decenas y cinco unidades.

Por otro lado, la representación espacial dentro del lóbulo parietal es esencial para la resolución de problemas, ya que a través de ella se comprende la estructura del problema y se llega a la solución de forma inconsciente. Esto último lo podemos relacionar con el termino insight, el cual produce un desbloqueo interno, dando lugar al descubrimiento del proceso planteado.

McLeod (1992) nos marca dos aspectos fundamentales que influyen en nuestros alumnos respecto al aprendizaje de las matemáticas: las creencias que predisponga el alumno sobre las matemáticas y el autoconcepto del mismo. En lo que respecta al último término mencionado, será fundamental para el aprendizaje, ya que, el autoconcepto con el que cuente cada alumno influirá en la identidad y supuestas creencias a la hora de enfrentarse a cualquier dificultad.

Por lo tanto, la mente de nuestros alumnos necesitará manipular materiales a través de actividades visuales y lúdicas que generen interés y atención en ellos, como retos matemáticos, juegos de mesa, juegos de cartas o desafíos tipo Break out, están demostrado ser un pilar fundamental en generar motivación y participación por parte del alumnado. De esta forma, el aprendiz podrá más tarde interiorizar lo visual y transformarlo en conceptos abstractos, entendiendo primero el sentido numérico y no simbólico.

Las matemáticas y nuestra realidad

Un gran problema que nos encontramos en la enseñanza de las matemáticas es que se fomenta un pensamiento matemático mecanicista pues se pragma poco a nuestra realidad más próxima. Para evitar esto, el maestro debe crear un espacio de aprendizaje donde se potencie la confianza y capacidades de cada alumno, pues esto se puede lograr a través de la interacción diaria, disfrute matemático y haciendo que los alumnos sean conscientes de su propio progreso más que de sus resultados.

Muchas veces resulta dubitativo pensar que las matemáticas aprendidas en la escuela sean válidas en contextos reales y esto surge por la falta de exposición de los contenidos a través de situaciones cotidianas, haciendo que los alumnos logren extrapolar lo que han comprendido a su propia realidad, siendo así capaces de verificar la trascendencia de esta materia en su día a día.

Entonces, podemos considerar que las matemáticas son algo cotidiano y divertido, siempre y cuando el maestro haya sido capaz de encender el fuego del interés a través de sus explicaciones. Del mismo modo, conforme una persona es consciente de su propia evolución en el aprendizaje, mantiene vivo el deseo de querer aprender, posibilitando la adquisición del nuevo saber. De acuerdo con todo lo anterior, Fernández (2019), confirma que todos los contextos de la vida son interesantes para que el niño construya su propio conocimiento, sin embargo, comenta que los adultos no solemos ser conscientes de ello, pues perdemos muchas oportunidades de aprendizaje.

Desde esta idea, se plantea el principio de motivación lúdica, donde el juego guía el aprendizaje, pues siguiendo los principios de la neuroeducación, para lograr un mejor aprendizaje hace falta crear un clima favorable donde el alumno relaje la amígdala y se encuentre en un clima seguro, consiguiendo un aprendizaje significativo. En esta línea, Gómez (2019) afirma que a través de este principio generamos un mayor número de estímulos y como consecuencia se crean sinapsis en el cerebro ampliando las conexiones neuronales y enriqueciendo el desarrollo cognitivo e íntegro del alumno.

Así pues, diseñar propuestas donde los alumnos adquieran aprendizajes transversales propiciando a la necesidad del saber y desarrollarán en ellos el deseo de querer aprender. Por ejemplo, plantear retos matemáticos donde se creen recetas saludables para ayudar en comedores solidarios, diseñar unas vacaciones perfectas con o sin destino fijado, trazar en el mapa un recorrido a través de instrucciones hasta el supermercado indicado o interpretar una factura de la luz, son formas de trabajar diferentes contenidos matemáticos extrapolando estos a infinitas situaciones de la vida cotidiana. Estas propuestas se pueden realizar a modo de refuerzo de los contenidos y comprobación de adquisición de los mismos, además nos sirven como factor motivacional para estimular al alumno en la observación y en la creatividad.


Todo lo anterior expuesto nos deja ver la importancia de crear propuestas globalizadoras y transversales para nuestros, abandonando así el método instruido y tradicional. De esta forma, podremos trabajar desde un enfoque constructivista, entregando a los alumnos herramientas necesarias para que construyan su propio aprendizaje desde la manipulación y descubrimiento, llegando a elaborar su propio pensamiento a través de sus propios medios. Por otro lado, plantear propuestas donde se aborde el aprendizaje basado en las competencias dentro el proceso de enseñanza y aprendizaje será enriquecedor para que el niño se desarrolle de forma óptima a nivel intelectual, afectivo y social.

La educación nos posibilita a los maestros ofrecer aprendizajes significativos donde los alumnos sean capaces de interpretar y demostrar sus destrezas matemáticas en contextos de la vida cotidiana, siendo este aprendizaje espontáneo y flexible asociado a la realidad del momento. A través del diseño de estas situaciones, obtenemos la gran ventaja donde el niño aprende sin ser consciente, se divierte, se implica, pues trabaja para aprender porque el momento es atractivo y curioso para él.

Queda clara la importancia de las emociones en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, no se trata de fomentar en vano las emociones en el aula, sino de enseñar con emoción, lo que quiere decir generar curiosidad en ellos. La curiosidad despierta la atención en el que escucha, generando aprendizaje de forma automática y con ello, es obvio que se aprende mejor. Nada se puede aprender sin una atención despierta, sostenida y consciente. Por otro lado, nada despierta más la atención que aquello que se hace diferente y curioso. Pues de acuerdo con Mora (2021), un profesor monótono, aburrido o repetitivo es un claro ejemplo del valor de la emoción en el que enseña. Un profesor excelente es aquél capaz de convertir cualquier cosa o concepto, aun matemático, de apariencia ‘sosa’, en algo siempre interesante.

Lo anterior expuesto conlleva al menester de que los docentes deban conocer las bases y principios neurobiológicos del cerebro y su desarrollo cognitivo. (Guillén, 2017), con el fin de que su labor educativa esté sujeta a bases científicas. Cuando los alumnos no se sienten motivados, el proceso de enseñanza y aprendizaje les resulta indiferente y esta conducta puede convertirse duradera.

Por lo tanto, la educación requiere de una responsabilidad de los maestros a la hora de educar, pues sus intervenciones didácticas deben estar integradas por estrategias que tomen en cuenta las necesidades emocionales de los alumnos.

Por último, crear un vínculo potente de la relación docente-alumno asegura un viaje educativo elocuente. Hemos nacido para relacionarnos y emocionarnos. Realicémoslo con excelencia.

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Romy Tatjana es graduada en magisterio de Educación Primaria con mención en Educación Musical. En estos momentos ejerce como maestra en la guardería La Casita de Chocolate en Valverde del Majano (Segovia)