Desarrollo evolutivo en los niños de 0 a 6 años para detección de anomalías

Desarrollo evolutivo en los niños de 0 a 6 años para detección de anomalías
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atención a las necesidades educativas específicas en educación infantil

La importancia de los docentes en el proceso de vigilancia

A lo largo de la infancia, el niño pasa por diferentes etapas de desarrollo personal que denotan el grado de madurez intelectual y emocional del menor en cada momento. Aunque, no necesariamente este proceso tienen que darse por igual en todos los niños -puesto que las capacidades pueden manifestarse antes o después dependiendo del individuo- es conveniente prestar la necesaria atención tanto a sus actos, como a sus expresiones con el fin de detectar a tiempo posibles anomalías, especialmente durante los primeros años de vida del menor.

En este sentido, el papel del docente es muy importante, ya que es en el colegio donde interactúan con otros niños y donde mejor se puede comprobar los distintos estadios de desarrollo en una misma franja de edad.

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Este curso está dirigido a maestros de Educación Infantil y través de él podrán conocer de primera mano los distintos recursos y herramientas para la prevención, detección temprana e intervención pedagógica de las principales alteraciones del desarrollo infantil, favoreciendo así la atención a la diversidad bajo los principios de inclusión educativa e integración social.

Curso NEE

En este post, vamos a exponer a grandes rasgos las características de las distintas fases evolutivas que presenta el menor desde su más temprana edad hasta los 6 años. Es en este periodo, dónde la vigilancia por parte del docente debe ser más activa y en la que ha de comprobar que el niño evoluciona según lo esperado en un proceso de desarrollo normal.

Etapa de los 0 a los 2 años. Período sensoriomotor
Los niños, en esta etapa, desarrollan una inteligencia práctica que enfocan en el momento presente. No son capaces de distinguir entre pasado y futuro. Van evolucionando poco a poco para adaptarse a la acción utilizando todos sus sentidos y perfeccionando la psicomotricidad, de tal manear que lo que en principio son simplemente reflejos, finalmente muta en hábitos. A partir de ahí, aparecen las acciones circulares (una acción conlleva un resultado) y el cerebro empieza a hacerse una idea de que existen patrones, es decir, aparecen los primeros esquemas mentales. Estos esquemas mentales repercuten en las acciones del niño, que ya posee una intencionalidad preconcebida en sus actos.



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Al finalizar este período, los niños adquieren lo que se llama capacidad de representación, lo que significa que si tiene un objeto a la vista y se le esconde adrede, él sabe que ese objeto continúa estando ahí aunque no sea capaz de verlo.

Para favorecer su desarrollo, es conveniente que el niño experimente con los objetos a través del ensayo-error e inducirlo a que realice acciones diferentes. Además, introducir pequeños cambios en las reacciones circulares, le ayudará a que perciba que algo ha cambiado en el desarrollo de la acción.

Como docentes tendremos que ser capaces de ver si el niño ha interiorizado estos esquemas mentales y puede realizar por sí sólo las acciones indicadas.

A partir de 2 años. Aparición de los símbolos
En esta fase los niños poseen todavía un método de pensamiento poco evolucionado, pero son capaces de ir más allá del aquí y ahora. Se desarrolla la habilidad de crear símbolos para representar personas, lugares o eventos y además pueden interpretarlos. El razonamiento se basa en casos particulares y puede ser, incluso, que lleguen a conclusiones contradictorias, ya que los hechos sobre los que basan su razonamiento no tienen nada que ver entre sí. Comienzan a comprender que hay que pensar antes que actuar pero sus actos no han adquirido una madurez absoluta. Solo existe, para ellos, un punto de vista, el suyo, y no entienden que otras personas posean otra perspectiva.

Aquí el docente debe realizar de forma paciente, un trabajo educativo activo con el niño, haciéndole ver que el mundo no se rige únicamente por sus propias normas. Sin embargo, el niño sí puede comenzar a explorar estas alternativas, a pesar de que no las comprenda. Esto no lo podrá hacer hasta el final de esta etapa, es decir, entre los 5 y 6 años.

Para favorecer el desarrollo en esta etapa es importante fomentar el juego participativo, incluso entre niño adulto, por ejemplo, crear historias con muñecos, jugar a las tiendas… Si el niño no entiende que, por ejemplo, una caja y mesa son una panadería o un comercio, puede estar desarrollando un problema de comprensión.