Rediseñar el espacio del aula

Propuestas para mejorar el rendimiento y la motivación

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Rediseña el espacio del aula y fomenta nuevas formas de aprendizaje.

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El aula no es un simple lugar de estudio y trabajo. No se puede considerar el espacio del aula como un ambiente delimitado, estático y cerrado. De la misma forma que el aprendizaje no sucede solo a intramuros de la escuela y en los últimos tiempos hemos visto cómo los límites del aula se extienden hacia nuevos espacios, el propio ambiente físico del aula debe evolucionar y transformarse hasta llegar a convertirse en un aliado en la acción educativa.

Espacio y ambiente

A la hora de concebir y organizar los espacios de aprendizaje podemos distinguir entre dos conceptos.

El espacio educativo puede definirse como una unión de los espacios físicos (la materialidad, la luz, el diseño, la ventilación, las dimensiones…) juntamente con aspectos organizativos, funcionales y estéticos (la distribución, el equipamiento, la disposición de los materiales, etc.) propios del ambiente de aprendizaje (Bazaes, 2007).

El ambiente de aprendizaje constituye un escenario de construcción de conocimiento en el que un agente educativo genera intencionalmente un conjunto de actividades y propuestas educativas dirigidas, especialmente, para garantizar la consecución de un objetivo de aprendizaje (Otálora, 2010), por lo que el ambiente de aprendizaje se liga más a la conceptualización y condiciones de circunstancias y momentos más que a la disposición física o los emplazamientos donde acaecen las situaciones de aprendizaje.



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El espacio escolar, además, se puede definir (García, 1997) como continente y contenido de las situaciones estructuradas de enseñanza-aprendizaje. Es continente porque permite que, en su interior, se lleven a cabo situaciones de instrucción y formación. Es contenido porque condiciona, en gran medida, los saberes, destrezas y actitudes que se imparten.

A cada forma concreta de organizar el espacio le corresponde un determinado modo de entender la educación, y viceversa.

Para que pueda ser considerado como tal, el espacio escolar requiere de intencionalidad y estructura, aunque no esté ceñida de forma única a cuatro paredes, planteamientos didácticos y pedagógicos y sujetos activos que los protagonicen.

Las instalaciones del centro escolar

Todas las instalaciones del centro educativo tienen varias aplicaciones, tanto educativas como lúdicas, y no es necesario que cada estancia sea utilizada sólo y exclusivamente para lo que fue concebida.

La educación de nuestro tiempo debe ofrecer experiencias y vivencias, para lo cual cabe considerar los espacios de la escuela desde otras perspectivas y puntos de vista.

Lo mismo ocurre con los espacios exteriores al aula, que constituyen lugares de gran relevancia que no pueden pasar desapercibidos pues ofrecen un gran número de posibilidades, tanto de forma puramente didáctica como lúdica. El uso de los espacios ajenos al aula a través de otras aplicaciones hará a los alumnos más partícipes de la vida del recinto escolar y serán, con ello, capaces de sentirse reconfiguradores del espacio, de su propio centro, con capacidad propia de intervenir en su ambiente.

Organización del espacio

No existe un modelo unánimemente válido que nos sirva de referencia para organizar el espacio de nuestra aula de un modo adecuado, solamente podemos seguir una serie de criterios que se supone son los más válidos para favorecer el desarrollo de todas las capacidades de nuestro alumnado, según la etapa educativa en la que nos encontremos, teniendo en cuenta los estudios y la investigación educativa a este respecto.

No obstante, podemos tomar como referencia dos tipos de condiciones a la hora de organizar los espacios: unas condiciones pedagógicas y unas condiciones físicas, pues la organización espacial (y, en verdad, también la temporal) tiene una doble finalidad: funcionar como objeto de aprendizaje de los alumnos y como recurso metodológico para el profesorado.

  • Condiciones físicas: Entendidas como el entorno en donde se lleva a cabo la acción docente, con poder de repercutir positiva o negativamente sobre los alumnos y su rendimiento académico. Démonos cuenta de la diferencia que supone educar, por ejemplo, en un aula despejada, de colores suaves, sin recargamientos, decorada con motivos naturales de forma sinuosa; a hacerlo en un aula sobrecargada, con multitud de motivos sobre las paredes, con excesivo colorido y saturación visual.
  • Condiciones pedagógicas: Reflejan dos aspectos: el aspecto externo, relacionado con la adaptabilidad, y el aspecto interno, ligado a la flexibilidad. La adaptabilidad es la cualidad que tiene una infraestructura de asumir cambios (desplazamientos, eliminaciones, adiciones…). La flexibilidad es la cualidad que tienen las estructuras para admitir cambios en sus servicios y dependencias. El objetivo, por tanto, es conseguir una adaptabilidad y flexibilidad internas, consiguiendo espacios convertibles, moldeables… lo cual se puede conseguir con elementos móviles, como biombos, pizarras portátiles, puertas portátiles, correderas…

Propuestas de transformación

En función de la etapa educativa en la que nos encontremos podremos llevar a cabo unas u otras estrategias para remodelar el espacio y poder usarlo de forma más original y acorde a nuestros planteamientos pedagógicos. Veamos algunas ideas.

  • Redistribución de las mesas

Los asientos de los alumnos pueden distribuirse de varias formas: creando un pasillo en el centro del aula para que el docente pueda caminar cómodamente; de dos en dos o por grupos para fomentar el trabajo en equipo; en forma de “u” para que todos puedan verse y se mejore la comunicación; etc.

Y no es necesario que siempre los pupitres se dispongan igual; podemos intercalar diferentes disposiciones y usar la que más nos convenga en cada momento, según las características de la tarea que desarrollemos y las necesidades del alumnado.

  • Dotar el aula de recursos tecnológicos

Hay otras formas de explotar las posibilidades que nos brinda la tecnología más allá de los ordenadores y las pizarras digitales. Se pueden usar los teléfonos móviles de los alumnos, tabletas o relojes inteligentes, todo ello dentro de metodologías que se centren en un correcto uso de estos medios: Bring Your Own Device, Flipped Classroom, Aprendizaje por Proyectos, etc.

  • Crear espacios interactivos

El aula puede cambiar a medida que cambian los alumnos y los contenidos trabajados. Las paredes (con superficies preparadas) se pueden usar a modo de pizarra, para tomar notas, escribir frases o explotar la imaginación. De igual forma, la silla del docente puede tener ruedas y viajar por los distintos rincones de la clase, rompiendo la rígida dicotomía profesor-alumno.

Está claro que la clave de una verdadera calidad educativa está en los docentes y en sus métodos pedagógicos, pero estos métodos y los docentes que los llevan a cabo pueden ser mejorados por la utilización correcta de los espacios y los ambientes, que pueden, como hemos visto, mejorar el aprendizaje y, en especial, el trabajo colaborativo de los alumnos, la concentración individual e, incluso, la integración de otros miembros de la comunidad educativa.

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