Resumen: Este artículo aborda un problema frecuente entre la población infantil: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).  Esta patología se caracteriza por una dificultad para mantener la atención voluntaria frente a diferentes actividades, junto a la falta de control de los impulsos. A nivel educativo, las principales consecuencias son el bajo rendimiento académico y las dificultades para la interacción social. Dada su importancia, los docentes deben conocer las diferentes adaptaciones y recursos que existen para ayudar a estos alumnos.

 

Palabras clave: TDAH; Déficit de atención; Hiperactividad; Impulsividad; Rendimiento académico; Intervención educativa.

 

Abstract: This article deals with a frequent problem among children: attention deficit hyperactivity disorder (ADHD). This disorder is characterized by a difficulty in maintaining voluntary attention in different activities, together with a lack of impulse control. At an educational level, the main consequences are poor academic performance and difficulties in social interaction. Given its importance, teachers must be aware of the different adaptations and resources that exist to help these students.

 

Keywords: ADHD; Attention-deficit; Hyperactivity; Impulse control; Academic performance; Educational Intervention.

 ALUMNOS CON TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una patología psiquiátrica que padece entre un 9 y un 15% de la población escolar. Se trata de uno de los trastornos más importantes dentro de la psiquiatría infanto-juvenil, constituyendo cerca del 50% de sus pacientes. Las alteraciones de este trastorno conllevan importantes consecuencias a nivel tanto académico como social y familiar. 

Alumnos con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad #CedRevistaDigitalDocente Clic para tuitear

A continuación, se exponen los principales síntomas y criterios diagnósticos, y se propone un protocolo a seguir en caso de sospecha en el centro escolar. También, se analizan las principales dificultades cognitivas, académicas y emocionales de estos niños, haciendo especial hincapié en aquellas adaptaciones que se pueden realizar a nivel educativo para intentar minimizarlas. Por último, se describe la creciente importancia del uso de las nuevas tecnologías en este ámbito.

Delimitación conceptual

El TDAH, o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, es un trastorno del neurodesarrollo de carácter crónico, evolutivo y de probable transmisión genética. La prevalencia en niños en edad escolar se estima entre el 9 y el 15 por ciento, siendo más común en niños que en niñas.

Se caracteriza por una dificultad para mantener la atención voluntaria frente a diferentes actividades, tanto académicas como cotidianas, junto a la falta de control de los impulsos (Krull, 2019).

La dificultad para mantener la atención se traduce en un bajo rendimiento académico y en una interacción social por debajo de su potencial, debido a acciones y decisiones impulsivas, lo que también contribuye a una baja autoestima.

 

Estos niños tienen una actividad motora excesiva que resulta molesta, sin objetivo, y repercute negativamente tanto en el desarrollo de la clase como en su desarrollo social. Desde el punto de vista cognitivo, tienen problemas de aprendizaje por mala organización, mala memoria secuencial y déficits en actividades psicomotrices finas y gruesas.

El TDAH suele asociarse con otros problemas psiquiátricos, tales como trastorno oposicional-desafiante, trastorno de la conducta, trastornos de aprendizaje (verbal y no verbal), ansiedad y depresión, etc.

Aunque se trata del trastorno más ampliamente investigado de la conducta, su causa exacta sigue siendo desconocida. Actualmente no se conoce una causa única que lo provoque, sino que parece deberse a la interacción de muchos factores genéticos y ambientales que pueden desencadenar, facilitar y/o agravar este trastorno.  Además, aún continúa existiendo controversia en cuanto al diagnóstico (se carece de unificación de criterios y herramientas fiables para realizarlo), y en cuanto al tratamiento, ya que en ocasiones se pone en duda su eficacia y seguridad.

Clasificación de criterios y diagnósticos

Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría), el TDAH se puede clasificar en 3 tipos: presentación con predominio de la inatención, presentación con predominio de la hiperactividad/impulsividad y presentación combinada.

Para cumplir con los criterios para el TDAH, los síntomas deben:


  1. Estar presentes en más de un entorno (por ejemplo, escuela y hogar).
  2. Persistir durante al menos 6 meses.
  3. Estar presentes antes de los 12 años.
  4. Provocar deterioro de la función en actividades académicas, sociales u ocupacionales.
  5. No haber sido causados por otros trastornos mentales.

Tabla 1. Criterios diagnósticos de TDAH especificados en el DSM-V. (extraído de Hidalgo y Sánchez, 2014)

Protocolo de actuación ante la sospecha en el ámbito educativo

La detección precoz es muy importante, ya que permite la intervención específica con el niño de forma temprana, y las familias pueden contar con apoyo especializado desde el comienzo.

Por ello, es crucial que los profesionales de la educación conozcan esta enfermedad y sean capaces de implementar en su actividad docente determinadas medidas encaminadas a ayudar a estos niños.

Debido a la propia complejidad de esta afección, su evaluación también lo es, sobre todo cuando existen otras alteraciones psiquiátricas añadidas. Es por ello que el proceso diagnóstico requiere de minuciosidad, coordinación entre profesionales, tiempo para valoración, y amplia formación en el campo (CADAH, 2014). Además, es importante recordar que no existe ninguna prueba que por sí sola permita un diagnóstico exclusivo y fiable.

La información necesaria para la evaluación se recoge de diferentes ámbitos:

Ámbito escolar

El equipo de orientación educativa solicitará a los padres y/o tutores legales el consentimiento para proceder a evaluar al alumno, y pondrá en marcha el protocolo de derivación. Se debe realizar un informe psicopedagógico, en el que constarán las pruebas, las necesidades y los apoyos que el alumno necesita, las intervenciones que desde el centro se deben realizar y las conclusiones.


Este informe se hará llegar al pediatra por medio de los padres o responsables legales, y será el pediatra quien derivará, en su caso, a la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil (USMIJ) o bien, al servicio de neuropediatría si sospecha que puede existir patología orgánica añadida.

Unidad de Salud mental infanto-juvenil

En base a la exploración psiquiátrica, evaluación neuropsicológica, las entrevistas familiares y la revisión de los informes, los equipos formados por psiquiatras y psicólogos establecerán el/los diagnósticos basándose en los criterios recogidos en el DSM-V o la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades, 10ª revisión).

Una vez delimitado el problema, se iniciará el tratamiento necesario (con fármacos, psicoterapia, terapia educativa…) y se indicará la derivación a unidades externas si es preciso: logopedia, reeducación pedagógica, psicología, psiquiatría, etc.

Principales dificultades de estos alumnos y propuestas de adaptación educativas

El TDAH comporta graves repercusiones en la vida del niño. Pero es importante señalar que antes de atribuir estos problemas a la existencia de un TDAH, se deben excluir debidamente la presencia de otras posibles causas, tales como alteraciones visuales o auditivas, trastornos endocrino-nutricionales, trastornos del sueño, enfermedades crónicas, disfunciones socioemocionales, trastornos específicos del lenguaje, discapacidad intelectual, etc.

Centrándonos en las dificultades cognitivas, es necesario hablar de las funciones ejecutivas del cerebro, que son las que más están afectadas (CADAH, 2015). Las funciones ejecutivas son las capacidades mentales necesarias para la formulación de objetivos y la planificación de estrategias idóneas para alcanzar dichos objetivos de la vida cotidiana, optimizando el rendimiento. Se sitúan en el nivel más elevado de la jerarquía cognitiva y están vinculadas a la actividad de la corteza prefrontal cerebral y a las conexiones que ésta establece con otras áreas cerebrales.  La adquisición de estas funciones comienza en torno a los 12 meses de edad, y a partir de entonces se desarrolla lentamente con dos picos importantes, a los 4 y a los 18 años.

Estas funciones son las responsables de que seamos capaces de:

  • Proponernos metas.
  • Establecer conductas dirigidas a esas metas (planificación).
  • Dirigir y mantener nuestra atención hacia un estímulo relevante (Atención selectiva y sostenida).
  • Saber controlar las interferencias que producen los estímulos irrelevantes (Inhibición).

  • Ser flexibles para corregir errores o incorporar conductas nuevas en función de los estímulos del entorno (Flexibilidad cognitiva).
  • Tener fluidez verbal y de diseño.
  • Tener una adecuada memoria de trabajo (memoria que usamos para mantener dígitos, palabras, nombres u otros ítems en nuestra mente durante un breve periodo de tiempo).

Existen numerosos test neuropsicológicos que evalúan cada una de estas funciones ejecutivas.

Muy vinculadas con estas dificultades cognitivas, se encuentran las dificultades académicas (Meca, 2019), siendo el bajo rendimiento escolar muy habitual en estos niños.

Los trastornos específicos que influyen en su rendimiento son:

  • Dificultad en la lectura: Conseguir un nivel de lectura correcto es muy importante, ya que la mayoría de los conocimientos se adquieren a través de la misma. Estos pacientes tienen afectadas su fluidez, velocidad y/o comprensión. Es frecuente que omitan, añadan o sustituyan letras, suelen tener dificultades para captar las ideas principales del texto cuando éstas no aparecen de forma explícita, etc.

Siguiendo a National Resource Center on ADHD (2016), pueden ayudar determinadas estrategias encaminadas a aumentar su motivación por la lectura, como por ejemplo:

Lecturas en voz alta


Ayudan al niño a reconocer su sonido y controlar la respiración y el ritmo, para que la lectura llegue a los demás de forma amena y agradable, a la vez que requiere mayor atención para no perder la comprensión de la misma. Es importante promover la lectura en voz alta, aunque tengan dificultades, se equivoquen, etc. Hay que darles tiempo para poder rectificar, repetir, sin presionar ni infundir miedo al error. No sólo los alumnos con TDAH tienen dificultades con la lectura, por lo que la lectura en voz alta ayudará a desestigmatizar en cierto modo a estos niños.

 

Seguir un método de lectura estructurado

Es importante seguir unas pautas fijadas de antemano con el niño. Por ejemplo, pueden hacerse indagaciones sobre qué va a tratar la lectura previamente, explicar las palabras más complicadas del texto, etc.

 

Hacer ejercicios para el desarrollo de la conciencia fonológica

Como por ejemplo, utilizar rimas, refranes, trabalenguas, contar las sílabas de una palabra, etc.

 

Ampliar el vocabulario

Realizando, por ejemplo, crucigramas y sopa de letras, unir palabras que riman, juegos de palabras cruzadas como “el ahorcado”, adivinanzas, etc.

Dedicar un tiempo semanal en el aula a la lectura individual de textos que el alumno ha elegido según su propio interés

La lectura ha de ser en silencio y, posteriormente, se han de proponer actividades como resúmenes, dibujos, esquemas, etc.

  • Dificultad en la expresión escrita: Afecta a la corrección ortográfica, gramatical y de puntuación, así como a la claridad y organización de la expresión escrita. Estos niños cometen más errores ortográficos porque les cuesta memorizar las normas ortográficas, y porque una vez memorizadas, por su dificultad atencional, cometen errores a la hora de automatizarlas. Esto demuestra que no por la repetición o práctica reiterada de las normas se consigue forzosamente el éxito.
  • Dificultad matemática: Afecta al sentido de los números, operaciones aritméticas, cálculo correcto y fluido o razonamiento matemático concreto. La impulsividad les lleva a precipitarse, cometiendo errores al no analizar los signos, cambiar el algoritmo de la suma por el de la resta, responder de forma inmediata a los problemas antes de haberlos leído, etc. Estos niños pueden solucionar problemas matemáticos de igual dificultad que los niños no hiperactivos, siempre y cuando se les enseñe a representar gráficamente los problemas matemáticos. Esto puede hacerse, por ejemplo, mediante un dibujo o la manipulación de objetos y juegos, para poder así operar con datos concretos visuales o táctiles, reduciendo el nivel de abstracción necesario para su resolución.

Con respecto a las dificultades emocionales, es conveniente recordar que la emoción y el aprendizaje están muy relacionados. Por una parte, la emoción es un medio importante para promover el aprendizaje (la atención, y por tanto la capacidad de aprendizaje, están ligados de forma directa a la motivación que tengan para hacer una tarea)

Las actividades que se realizan en la escuela influyen mucho en el desarrollo de las emociones y la afectividad. Los niños con TDAH experimentan emociones negativas con respecto al aprendizaje. Sienten rechazo y aversión a los estudios por ser fuente de fracasos académicos y de conflictos familiares.

Además, se sabe que el TDAH también afecta a diferentes áreas cerebrales encargadas de la autorregulación de las emociones, por lo que desarrollan sentimientos depresivos, de desconfianza, inseguridad o baja autoestima. Asimismo, se ha sugerido recientemente que estos niños tienen afectado el reconocimiento emocional de expresiones faciales (Rodrigo, Pérez y Cejudo, 2017), en particular las emociones negativas (como ira, miedo y asco).  La percepción de emociones ajenas constituye una de las dimensiones centrales de la denominada “inteligencia emocional”, y se reconoce como un elemento clave para su desarrollo.

Por todo ello, es de suma importancia la educación emocional; hay que proporcionarles los recursos necesarios para una gestión emocional que garantice su bienestar y adaptación social.

Por otra parte, en el aula se pueden utilizar las siguientes estrategias para mantenerles motivados y ayudarles a organizarse, planificarse y autocontrolar sus emociones (CADAH, 2012):

  • Técnicas de refuerzo positivo

Dado que suelen tener una baja autoestima, los niños con TDAH valoran muchísimo el refuerzo positivo; les encanta que los animen y obtener reconocimiento.

Se puede utilizar:

 

Técnica del bolígrafo verde: además de resaltar los errores con bolígrafo rojo, puede ser beneficioso resaltar también los aciertos con bolígrafo verde.

Economía de fichas: consiste en dar puntos positivos o negativos en función de si se cumple o no cierta conducta.

Los castigos constantes o descalificaciones en público no les ayudan.  En este sentido, es especialmente importante no utilizar como castigo la privación del recreo; no solo se le está privando del descanso entre clases, sino que le quitamos la oportunidad de relacionarse con los iguales, de divertirse, relajarse y prepararse para las clases posteriores. En los momentos en que sea necesaria una reprimenda, es aconsejable y preferible hacerlo a solas, con delicadeza y sin elevar el tono.

  • Comprensión

El niño tiene un problema médico; cambiar no sólo depende de su voluntad. No debemos tomarnos la conducta del niño como algo personal.

  • Identificación de necesidades concretas, como:
    • Reducir tarea: suelen emplear un tiempo excesivo en realizar las tareas en casa, con lo que aumenta su frustración y su sensación de incompetencia.
    • Repetir y escribir instrucciones: necesitan oír las cosas más de una vez.
    • Sentar al niño cerca del profesor: le ayudará a alejarlo de estímulos que le distraigan.
    • Colocar a su lado a otros niños que sean modelos apropiados: atentos, ordenados y que sepan cumplir las órdenes.
    • Dividir las actividades largas en varias actividades cortas.
    • Simplificar las instrucciones; cuanto más simple sea el lenguaje, mayor será la posibilidad de ser comprendido.
    • Utilizar planificadores/organizadores: consiste en adelantar verbal y visualmente cómo va a ser el día o la actividad que tiene que hacer


  • Fomentar su autoconfianza

Dar responsabilidades en la medida de sus posibilidades. Se les puede asignar las tareas que conlleven más movimiento físico: recados, repartir material entre sus compañeros, etc.

  • Ayudar a su socialización

Es importante fomentar el aprendizaje cooperativo frente al modelo individualista tradicional; apostar por el trabajo en equipo, el cual favorece la confrontación de diferentes puntos de vista. La cooperación supone que cada miembro del grupo solamente alcanzará sus objetivos en la medida que los demás miembros del grupo alcancen los suyos. De esta forma, los éxitos individuales se basan en el éxito del grupo y el éxito individual contribuye al éxito del equipo. El rol de los alumnos sería el de los protagonistas activos, mientras que el profesor actuaría como guía, facilitador, fuente de información.

  • Apostar por el dinamismo

Aprovechar las tutorías para hacer dinámicas sociales, dinámicas de juego y debate, etc. Es muy recomendable que las clases resulten lo más dinámicas y cambiantes posibles, en las que se alternen explicaciones orales del profesor, con actividades de “oxigenación” y movimiento para los chicos, para romper la monotonía y que sus niveles de atención se mantengan más altos. En este sentido, las nuevas tecnologías juegan un papel muy importante.

  • Contacto estrecho con los padres y profesionales que atienden al niño


Es muy útil tener un cuaderno de comunicación “Casa-Escuela-Casa” para evitar desencuentros en las reuniones y contribuir al feedback que necesitan. Es conveniente tener entrevistas familiares, tratando de contar con la presencia de ambos progenitores y conocer la situación familiar y mostrarse comprensivo con sus dificultades, evitando las comparaciones con otros niños.

El papel de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC)

Los medios digitales son elementos clave para favorecer el proceso de enseñanza y aprendizaje. Se pueden considerar como un instrumento fundamental para cumplir con el principio de “equidad educativa”, puesto que permiten reducir las barreras al aprendizaje o a los aspectos de desarrollo social, como son la participación, la comunicación o el juego (Chousa, Martínez-Figueira yRaposo-Rivas, 2017).

Como se ha señalado anteriormente, estos alumnos tienen ritmos de trabajo y concentración diferentes; la utilización de las TIC les beneficia porque son flexibles y permiten que los profesores puedan adecuar la práctica educativa a sus ritmos de trabajo y concentración (Arco, 2002).

Con respecto a su dificultad para mantener la atención, la utilización del ordenador les proporciona diversos estímulos que captan su atención y les ayudan a no distraerse.

Para favorecer la autorregulación de la conducta y aumentar la creencia y autoconfianza de sus conductas, se pueden utilizar las auto-instrucciones; son las instrucciones que una persona se proporciona a sí misma para realizar la tarea académica o cotidiana de forma eficiente. Para estos niños, existe la posibilidad de utilizar un software que les proporcione las instrucciones de forma auditiva y visual para la realización de las actividades.

Otra aplicación beneficiosa de las nuevas tecnologías consiste en un software que evalúe los progresos del alumno, y con ello, aumente su autoestima, ya que pueden observar que son capaces de realizar las actividades correctamente.

Otro elemento esencial al que podemos acceder con el ordenador es el procesador de textos, el cual permite:

  • Corregir los escritos del alumno: Pueden observar visualmente sus errores de expresión y ortográficos en el momento, sin tener que esperar a que el profesor les entregue las tareas corregidas.
  • Presentar sus escritos: Estos alumnos tienen dificultades para escribir con orden y limpieza. La claridad de los textos facilita la retención de la información.

  • Realizar esquemas utilizando plantillas específicas.

Por último, hay que señalar que el uso de las TIC puede incrementar las relaciones familia-escuela, facilitando a la familia un seguimiento del ámbito educativo de sus hijos a través de herramientas como el blog, el correo electrónico o alguna plataforma web. 

El TDAH es uno de los trastornos psiquiátricos más importantes de la población infanto-juvenil que no puede quedar desatendido en el ámbito académico, pues todas las dificultades que acarrea, en su conjunto, condicionan un bajo rendimiento académico, así como dificultades emocionales y sociales las cuales, en muchas ocasiones, hacen que estos niños experimenten sentimientos depresivos, de desconfianza, inseguridad o baja autoestima.

Por todo esto es muy importante una adecuada educación emocional, que garantice su bienestar y su adaptación social. Mejorar su autoestima es prioritario para aumentar su motivación; y ello se puede conseguir aplicando diversas técnicas de refuerzo positivo, socialización, etc., sin olvidar que el niño no es culpable en ningún caso de sus dificultades.

Una herramienta imprescindible en la actualidad son las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC), cuyo uso en el terreno educativo se ha incrementado en los últimos años. Pueden aportar infinidad de aplicaciones que ayudan a aumentar el grado de atención, reducir la impulsividad, facilitar las relaciones familia-escuela, etc.

En definitiva, reducen las barreras al aprendizaje y proporciona elementos muy útiles para conseguir ofrecer a estos niños un sistema pedagógico adecuado, capaz de satisfacer sus necesidades.

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Diplomado en Ingeniería Técnica Agrícola, Horacio José es máster Universitario en Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas (Talavera de la Reina, Toledo)