Aproximación a la Dislexia

Orientaciones para docentes y familias

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Resumen: Realizamos un recorrido general sobre la conceptualización de la dislexia como dificultad específica que requiere apoyo educativo, aproximándonos a este trastorno y tratando de proporcionar orientaciones a profesionales y familias.

Abstract: On this paper we’ll take an approximation on conceptualizing dyslexia as a specific learning disability which demands educational support, approaching this disorder and trying to provide counsel to both professionals and families.

Palabras clave: Dislexia; ACNEAE; Alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo; Educación Especial; Apoyo Educativo; Orientación Educativa.

 Keywords: Dyslexia; ACNEAE; Special needs students; Special education; Educational support; School counseling.

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APROXIMACIÓN A LA DISLEXIA
(artículo completo aquí)

Aproximación al concepto

Existen muchas definiciones sobre “Dislexia”, una de las reconocidas como principales discapacidades de aprendizaje.



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La dislexia es un problema persistente en el lenguaje escrito que, consiste en una dificultad grave en el reconocimiento de palabras. Se caracteriza por un rendimiento en lectura bajo, mientras que no hay problemas en el resto de habilidades, que son normales e incluso superiores en algunos casos (Serrano y Defior, 2004, p.14).

Aunque podemos decir que existe una amplia gama de mitos alrededor de ella, también es una necesidad educativa sobre la que se suele manifestar una sólida conformidad debido, principalmente, a la acelerada evolución que se ha experimentado en el campo de la educación especial en los últimos años.

La definición que aporta la Asociación Internacional de Dislexia es muy completa. Ésta la define como una dificultad específica de aprendizaje de origen neurobiológico, que se caracteriza por dificultades en el reconocimiento preciso y fluido de las palabras y por problemas de ortografía y decodificación. Esas dificultades resultan de un déficit en el componente fonológico del lenguaje, y se trata de un problema persistente y específico, ya que el sujeto presenta un coeficiente intelectual normal, dentro de la media (IDA, 2002).

El CIE-10 (la décima revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades y Trastornos relacionados con la Salud Mental realizada por la Organización Mundial de la Salud) incluye las dificultades específicas de aprendizaje de la lectura en los problemas específicos del desarrollo del aprendizaje escolar, los cuales incluyen varios grupos que se caracterizan por déficits específicos del aprendizaje y que tienen su origen en alteraciones de los procesos cognitivos debidas a disfunciones neurobiológicas. No obstante, pueden presentarse de forma conjunta otros trastornos tales como trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje o trastornos por déficit de atención.

Por su parte, el DSM-V (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) describe la dislexia en una subcategoría de los trastornos del neurodesarrollo llamada “trastorno específico del aprendizaje”. Dentro de esta categoría, se deben especificar todas las capacidades donde el niño tiene dificultades, ya sea la lectura, la expresión escrita, la aritmética o el razonamiento matemático.

Desde ASANDIS (Asociación Andaluza de Dislexia) se considera que la dislexia pertenece al grupo de las dificultades específicas de aprendizaje (DEA) definidas como “el desorden en uno o más de los procesos básicos que involucran la comprensión oral y escrita del lenguaje”. Cabe matizar que, generalmente, aquellos que padecen dislexia poseen un desarrollo cognitivo normal o incluso alto, aunque esta dificultad suele ser calificada en muchas ocasiones como un factor de abandono escolar.

En la actualidad se puede afirmar que la dislexia no es un problema motor o de lateralidad, ni tampoco visual, puesto que los niños con esta dificultad poseen únicamente problemas para repetir estímulos gráficos, sin manifestar dificultades cuando se encuentran relacionados con sonidos lingüísticos (CNIIE-MECD, 2012).

Tratamiento de la dislexia en niños

El tratamiento que cada alumno con dislexia pueda necesitar es siempre único y exclusivo, pues no se pueden detectar dos casos exactamente iguales, de modo que las adaptaciones educativas deben ser personalizadas para cada una de las necesidades detectadas.

La persona disléxica es disléxica las 24 horas del día, los 365 días del año. Así, la tarea a realizar debe iniciarse a partir de esta idea y luego concretar los objetivos específicos que nos marquemos de forma realista y coherente (Alvarado et al., 2007)

A través de un programa de intervención personalizada que coincida con sus necesidades individuales es posible iniciar un tratamiento focalizado hacia los síntomas disléxicos, favoreciendo así un aprendizaje más ajustado y satisfactorio. El objetivo, entonces, es evaluar correctamente la respuesta del alumno disléxico ante distintos estímulos para desarrollar una instrucción o intervención acorde a sus respuestas. Algunas de las adaptaciones que podemos realizar para el alumno disléxico aluden a estrategias metodológicas y de actividad, la organización de espacios y tiempos, los recursos-materiales o los agrupamientos, al igual que adaptaciones en torno a los método evaluativos, adaptaciones en la evaluación (Martínez y Hernández, 2016).

Por ejemplo, una de las técnicas más utilizadas con alumnos disléxicos es el llamado sobreaprendizaje de Thompson, que consiste en volver a iniciar de nuevo el aprendizaje de la lectoestritura, pero esta vez de una forma diferente, totalmente adaptada a las características y rito de aprendizaje del sujeto (ASANDIS, 2016).

A grandes rasgos, podemos determinar en tres momentos o situaciones las diferentes estrategias para el tratamiento de la dislexia. De acuerdo con ASANDIS (2016), encontramos estrategias antes, durante y después de la lectura.

Respecto a las estrategias realizadas antes de la lectura, los alumnos deben observar el texto de modo general, analizando los dibujos o ilustraciones que lo acompañan, la estructura y composición, su extensión, los epígrafes, el título… todo ello para favorecer la estimulación de conocimientos previos. Entre las estrategias durante la lectura encontramos la estructuración de las ideas del texto, estableciendo las principales y secundarias, para poseer una mejor comprensión de la lectura, a la vez que se realiza una relectura para confirmar y afianzar las ideas ya detectadas con anterioridad. Finalmente, en las estrategias después de la lectura destacan la elaboración de resúmenes, confeccionar mapas conceptuales o redactar conclusiones.

Además de estas estrategias ubicadas temporalmente entre el momento de la lectura, también suelen aplicarse otras de carácter mucho más general, prestando más atención a los aspectos multisensoriales mediante programas fonológicos, en los cuales se deben asociar los sonidos con sus símbolos correspondientes.

De igual forma, pueden emplearse métodos más psicolingüísticos a través de la recepción y asociación tanto auditiva como visual, la expresión verbal y el cierre gramatical. También existen técnicas psicomotrices para trabajar las perturbaciones de lateralidad, la orientación espacio-temporal y el esquema corporal, así como los aspectos perceptivos.

Aun así, se viene debatiendo desde hace años sobre cuál sería el enfoque instruccional más adecuado para satisfacer las necesidades del sujeto disléxico:

Un estudio de meta-análisis llevado a cabo por Swanson (1999) que tenía como objetivo ofrecer una síntesis sobre la investigación realizada en el campo de la intervención sobre las DEA demuestra que la instrucción directa en pequeños grupos y sesiones estructuradas mejora el reconocimiento de palabras cuando el programa incluye tareas de segmentación de palabras en unidades más pequeñas, secuenciación sistemática de estas tareas y retroalimentación inmediata por parte de la persona que interviene sobre el rendimiento de los niños en cada tarea. En definitiva, el enfoque más apropiado parece ser el que incluye una instrucción directa, explícita y sistemática (estructurada), secuencial y acumulativa (Defior, De Andrés, Cuetos, Díaz-Caneja, Fernández-Zúñiga, Gallego et. Al, 2012).

Pese a que puedan llevarse a cabo programas de intervención que ayuden a los alumnos disléxicos a solventar muchas de sus dificultades de lectoescritura, este trastorno es algo duradero en el tiempo y ni la instrucción específica recibida puede hacer desaparecer por completo sus problemas.

De acuerdo con lo citado por los autores referidos anteriormente, se ha de establecer una intervención constante a largo plazo, para poder alcanzar los objetivos de precisión lectora y mejora de la fluidez, o progresar eficazmente. Para ello, se ha de compaginar lecturas repetidas con la aceleración de lectura de las mismas.

En algunos estudios podemos ver cómo se pueden poner en práctica diferentes modelos, como el Modelo de Respuesta a la Intervención (MECD, 2012). Desde este modelo se establecen distintos niveles que van incrementando la intensidad.

El primer nivel va destinado a la enseñanza general de la lectura, sometiendo a los estudiantes a unas evaluaciones periódicas; para aquellos en los que se detectan dificultades  se procede a realizar un seguimiento constante a través de más evaluaciones para poder determinar su evolución.

En el segundo nivel se realiza una intervención de 20-40 minutos con aquellos que no hayan logrado los progresos esperados, mediante la formación de pequeños grupos de 3 a 5 alumnos. Esta intervención se centra en: conciencia fonémica, procesamiento fonológico, fluidez, vocabulario y comprensión. Si durante este nivel se detecta que algún sujeto da muestras de características que puedan relacionarse con la dislexia, éste recibiría la evaluación ajustada para un posible diagnóstico de este trastorno.

Si los alumnos no reflejan un progreso adecuado con la intervención proporcionada, en el tercer nivel se le realizará una intervención de mayor intensidad y duración (de 40 a 60 minutos diarios). Para ello, la evaluación se llevaría a cabo en un período más corto, es decir, cada semana o cada dos semanas.

Sea cual sea la intervención escogida, todos los autores y fuentes que se consulten coinciden en que ésta debe realizarse lo más tempranamente posible ya que la detección precoz (5-7 años) ha demostrado mejorar los pronósticos, en contraposición a aquellos que han sido intervenidos en edades más avanzadas.

Según Navarro y Cruz (2009), para llevar una intervención de forma correcta con alumnado disléxico hay que emprender adaptaciones metodológicas que no afecten a los objetivos del aprendizaje y siempre teniendo en cuenta las necesidades individuales de cada alumno.

Por su parte, Hernández (2012) propone apoyarse en el uso de las nuevas tecnologías como fórmula para el éxito de las intervenciones, beneficiándonos de las ventajas que los medios digitales pueden brindarnos a la hora de diseñar intervenciones.

Orientaciones para profesores y familias

Los adultos del entorno del alumno disléxico juegan un papel fundamental en el desarrollo de este trastorno ya que si fijan la atención en sus dificultades,  tachándolo de estúpido o vago, o por el contrario se le tiende a sobreproteger, subestimando sus capacidades reales, pueden hacer que esta dificultad llegue a convertirse en un verdadero problema mucho mayor. Y es que, debido al entorno en el que se desenvuelva el alumno y cómo éste influya positiva o negativamente en él, se pueden originar, además de los problemas derivados de la propia dislexia, otros tales como depresión, ansiedad o baja autoestima.

Muchas veces, gran parte del problema reside en que los adultos que rodean al alumno disléxico suelen pesar, de forma errónea, que el trastorno simplemente es algo pasajero. De esta forma, queda condicionada la forma en que se relacionan con él e, incluso, en cómo lo tratan.

Para empezar a ayudar a las personas disléxicas hay que tener presente, en todo momento, que la dislexia no tiene cura, pues es un trastorno y no una enfermedad (Varo, 2013).

Para evitar casos como estos, lo principal es que las personas adultas que se relacionan con la persona disléxica posean los conocimientos mínimos acerca del trastorno y unas orientaciones básicas sobre cómo actuar frente a él, pues una simple o mala palabra, o una corrección fuera de tono, pueden causarle un gran daño.

Los profesores, por ejemplo, deben mostrarse comprensivos y reforzar positivamente las conductas deseables de sus alumnos, siendo pacientes y respetando los ritmos de aprendizaje de cada uno. Algunas recomendaciones para los docentes pueden ser valorar las tareas por su contenido más que por su aspecto, u otorgarles responsabilidades en las funciones cotidianas del aula.

También es importante evitar las correcciones en público con el objetivo de no avergonzar al alumno, puesto que esto le puede causar frustración. Pero, si las correcciones se realizan correctamente, éstas deben ir encaminadas al refuerzo de los conocimientos y a que el alumno pueda aprender y corregir sus errores gracias a ellas, sabiendo que no suponen un castigo ni una sensación de fracaso.

En lo que respecta a los padres, ellos también representan un papel fundamental en la evolución de sus hijos, ya que debe existir un feedback entre la familia y la escuela, pues solo de este modo el alumno podrá salir adelante a nivel educativo

El 70% de los  jóvenes que sufren dislexia presentan una baja motivación y niveles muy pobres en autoestima, por lo que se puede hablar de la existencia de una serie de condicionantes psicológicos y emocionales que provocan ansiedad, frustración e incluso bloqueos de todo tipo.

La presencia de estos factores se incrementa conforme la persona disléxica empieza a ser consciente de sus dificultades, a la vez que se generan sentimientos de culpa o vergüenza.

Como hemos apuntado, el contexto que envuelve a esta situación es determinante, puesto que las reacciones y actitudes negativas del entorno hacia su dificultad llevan como consecuencia implícita la fijación del problema. Es por ello que consideramos necesario que los adultos conozcan las orientaciones y pautas necesarias de los especialistas para actuar de forma correcta ante estas dificultades, ya que desempeñan un papel fundamental de cara a la rehabilitación en este tipo de trastornos.

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