Cooperar en la distancia

El aprendizaje cooperativo en la nueva realidad

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Resumen: La crisis del coronavirus ha removido los cimientos de nuestra sociedad afectando todos los ámbitos de nuestra vida incluido, evidentemente, el educativo. La nueva realidad hacia la que nos dirigimos, que se desplegará definitivamente en septiembre, condicionará directamente la metodología docente. Las limitaciones derivadas del distanciamiento social pueden llevar a muchos docentes a volver a la instrucción directa desechando otras metodologías activas de aprendizaje como el Aprendizaje Cooperativo. No obstante, si reflexionamos sobre los fundamentos de esta metodología y nos valemos de la tecnología, podemos asegurar un marco de aprendizaje colaborativo sea cual sea la situación que nos espere en la nueva realidad.

 

Palabras clave: Coronavirus; Nueva realidad; TIC; Aprendizaje Cooperativo; Blended Learning; Modelo SAMR.

 

Abstract: The COVID-19 crisis has rocked the foundations of our society, involving all arears of our lives, including education. The new reality that has to come will condition the teaching methodologies. The limitations that will derive from social distancing can influence some teachers to go back to direct teaching discarding other active methodologies like cooperative learning. However, if we reflect on the foundations of this methodology and make use of technology, we can establish a framework of collaborative learning, no matter what the new situation will become.

 

Keywords: Coronavirus; New reality; IT; Cooperative learning; Blended learning; SAMR model.

COOPERAR EN LA DISTANCIA

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Educación a distancia

Es indudable que el Coronavirus ha removido los cimientos de nuestra sociedad y, como no podía ser de otra forma, nuestro sistema educativo no ha permanecido al margen de esta crisis. De un día para otro, los cientos de miles de profesores se vieron abocados a un reto para el que difícilmente podrían haberse preparado: las aulas debían cerrar.

Desde aquel momento en adelante, los docentes se vieron inmersos en una carrera contrarreloj en la que tuvieron que adaptar su docencia a un sistema 100% online. Para algunos el reto fue de mucha más envergadura que para otros, pues la digitalización del proceso de enseñanza en nuestro sistema educativo es extraordinariamente heterogéneo.

Algunos centros con más experiencia en este ámbito ya contaban con plataformas educativas y sus alumnos habían comenzado a trabajar eso de la Competencia Digital que para algunos no era sino una moda pasajera. Estos centros empezaron, obviamente, con ventaja con respecto a aquellos que, por determinadas circunstancias, no habían avanzado, ya sea por imposibilidad o falta de interés, hacia el desarrollo de la alfabetización digital.

Llegados a este punto, no obstante, cabe decir que aunque un centro, o un determinado grupo de profesores, cuente con los medios tecnológicos y el entorno digital necesarios para trabajar de forma no presencial no implica, necesariamente,  que el proceso que se da entre esos alumnos y el profesor haya cambiado radicalmente. Durante el período de confinamiento hay quien ha seguido con una enseñanza basada en la instrucción directa y las tareas tradicionales. Algunos han buscado aplicaciones o herramientas digitales para hacer este proceso algo más dinámico y atractivo para los alumnos, pero nuestro sistema, en esencia, ha cambiado bien poco.

Por si esto fuera poco, algunas comunidades autónomas han abierto sus aulas a partir de la fase dos con estrictas medidas de seguridad, un drástico distanciamiento humano y limitaciones horarias. La consecuencia de este modelo de vuelta parcial al aula sobre la metodología es trascendental.



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El peligro del Aprendizaje Cooperativo

Tomando esta experiencia como base sobre la que reflexionar y puestos los ojos ya en la vuelta definitiva a las aulas a partir de septiembre, es inevitable plantearse distintos interrogantes, como por ejemplo: si se vuelve al aula con limitaciones en cuanto al contacto físico y distanciamiento, si los alumnos no pueden compartir material, ni permanecer en contacto con distintos grupos, además de otros sutantivos cambios en la forma de trabajar del aula hasta el momento…¿significa esto que el Aprendizaje Cooperativo tiene los días contados?

Una vez planteadas las limitaciones físicas con las que probablemente volvamos al aula, ¿debemos resignarnos a limitar nuestra enseñanza a la mera transmisión de contenidos? ¿Es verdaderamente imposible que nuestros alumnos colaboren sin necesidad de compartir un material físico?

No, no es el final del Aprendizaje Cooperativo. Es el momento de ir al fondo de esta metodología y favorecer diversas estrategias de cooperación.

Aquellos docentes  que conozcan herramientas digitales que posibilitan la colaboración entre iguales y aquellos que conozcan o desarrollen estrategias de colaboración que no requieran el contacto físico estarán en disposición de continuar promoviendo una metodología de aprendizaje activo, con el alumno como protagonista, que fomente la colaboración, la interacción y la responsabilidad individual y grupal. Es decir, estarán en disposición de continuar promoviendo el Aprendizaje Cooperativo a pesar de las limitaciones con las que, a buen seguro, contaremos en nuestras aulas a partir de septiembre. Incluso llegado el caso de una asistencia parcial, alterna o si se decide por el Blended Learning.

Con el fin de dar respuesta a esta cuestión, debemos tener un lenguaje común y una base pedagógica compartida sobre la que justificar un contexto de Aprendizaje Cooperativo en un entorno digital de aprendizaje. Para ello, vamos a reflexionar sobre 4 aspectos: el Modelo SAMR, el Blended Learning, la Tríada Cooperativa y las Estructuras Cooperativas.

Modelo SAMR

Hace ya varias décadas que se viene reflexionando sobre la incorporación de las TIC en el aula para ayudar a mejorar el proceso de transformación pedagógica. Pero la mera introducción de una herramienta tecnológica, como cualquier otro tipo de recurso, no asegura que el cambio se produzca de forma inmediata y mucho menos que este cambio contribuya a una verdadera transformación pedagógica.

El modelo SAMR nos ayuda a evaluar de qué forma la incorporación de tecnologías en el aula tiene un mayor o menor efecto sobre el aprendizaje de los alumnos (Puentedura, 2008).

Este modelo consta de cuatro niveles divididos en dos fases que describen el uso de las herramientas y cómo afecta al proceso de enseñanza-aprendizaje:

  • Sustituir: Es el nivel más básico de uso de la tecnología. Consiste únicamente en sustituir una herramienta analógica por una digital, por ejemplo, el papel y lápiz por un procesador de texto.
  • Aumentar: Cuando al incluir una herramienta se añaden funciones que facilitan la tarea pero se mantiene la metodología anterior a su incorporación. Por ejemplo, al utilizar un libro de texto digital en lugar de uno impreso.
  • Modificar: Aquí ya existe un cambio metodológico aprovechando la incorporación de una herramienta tecnológica. Por ejemplo, al poder enviar un trabajo a través del correo electrónico.
  • Redefinir: Este último nivel es en el que se crean nuevos marcos de aprendizaje que sin el concurso de la tecnología serían imposibles. Por ejemplo, al colaborar en tiempo real con un documento entre varios usuarios.

Es imprescindible concebir este último nivel (Redefinir) como modelo en la base de la reflexión que necesariamente debemos llevar a cabo sobre la metodología que se desarrollará en nuestras clases a partir de septiembre, intentando dilucidar si ésta puede contemplar la utilización de una metodología de trabajo colaborativo. Sobre todo porque la tecnología, una vez más, viene en nuestra ayuda y nos ofrece un amplio abanico de oportunidades en forma de funciones, aplicaciones, entornos de trabajo y funciones que nos permiten redefinir el marco de aprendizaje de nuestras aulas.

Blended Learning

Y de la redefinición del marco de aprendizaje llegamos al concepto de Blended learning en el que se combina la educación online con encuentros presenciales permitiéndonos incorporar al proceso lo mejor de ambas modalidades de aprendizaje.

Esta modalidad mixta de aprendizaje permite potenciar el proceso, atender a la diversidad a través de un aprendizaje más personalizado, un acceso continuo a los contenidos en el entorno digital y una mayor flexibilidad. El modelo pedagógico de las clases al revés, o Flipped Classroom, es un ejemplo del modo en que puede combinarse un entorno digital de comunicación para el trabajo más rudimentario con una parte presencial basada en metodologías activas.

Pero el contexto hacia el que nos acercamos y con la inclusión del Aprendizaje Cooperativo como premisa, nuestro marco mixto de aprendizaje debe ir un paso más allá, ofreciéndonos la oportunidad de generar flujos de trabajo colaborativo independientemente de dónde se encuentren los alumnos (en el aula o en casa) y teniendo en cuenta que es probable que no puedan compartir material de grupo.

La clave en este sentido está en elegir un marco de trabajo que permita:

  • Comunicación vertical (alumno-profesor).
  • Comunicación horizontal (alumno-alumno).
  • Generar flujos de trabajo (repartir, supervisar y entregar tareas).
  • Almacenaje, acceso y descarga de los materiales.
  • Foros de consulta y resolución de dudas.
  • Incorporación de apps

Una vez encontrado el entorno de trabajo digital (hay muchas opciones actualmente), podríamos caer en el error de reproducir el modelo meramente instruccional de enseñanza si pasamos de largo el modelo SAMR. Por ello, debemos aprovechar la oportunidad para rediseñar nuestras experiencias de aprendizaje considerando el cambio de rol: el alumno como centro del proceso de aprendizaje, protagonista activo que construye el conocimiento; el docente como facilitador de experiencias de aprendizaje, que estimula la reflexión en el aula presencial y online, y que personaliza el aprendizaje en función de las necesidades de sus alumnos.

Tríada cooperativa

Una vez contemplada la redefinición del proceso de aprendizaje utilizando un modelo mixto o Blended Learning, extrapolar este mismo proceso al Aprendizaje Cooperativo no es, en realidad, tan difícil. Se trata, simplemente, de comprender los fundamentos de la colaboración y buscar estrategias y herramientas que nos permitan mantenerlos en la nueva realidad hacia la que nos dirigimos.

El aprendizaje cooperativo requiere de un diseño que estructure el trabajo de forma que se garantice la cooperación y que se pueda evaluar la participación grupal y de cada uno de los participantes. Entendido esto, no es descabellado pensar que, sea cual sea la situación que nos encontremos en septiembre, podemos redefinir las estructuras cooperativas para que tengan cabida dentro de un contexto de distanciamiento social, ya sea éste dentro o fuera del aula.

Antes de entrar en la adaptación de las estructuras cooperativas, conviene articular las acciones concretas que se vayan a desarrollar en base a la tríada cooperativa (Zariquiey, 2016), para potenciar la eficacia del Aprendizaje Cooperativo.

Toda experiencia de aprendizaje cooperativa debe cumplir una terna de requisitos que nos aseguran que lo que se está desarrollando es realmente efectivo:

  • Interdependencia positiva

Asegurarnos que los alumnos se necesitan unos a otros para realizar el trabajo. Esta interdependencia se puede conseguir a través de varios niveles: metas comunes, tareas complementarias, recursos divididos, roles complementarios, recompensas grupales…

  • Participación equitativa

Es imprescindible para la implicación y motivación de todos los integrantes del grupo conseguir que todos tengan la oportunidad de participar en el trabajo. Podemos conseguirlo estableciendo roles, turnos de participación, tareas complementarias o momentos de aprendizaje individuales y grupales.

  • Responsabilidad individual

No debemos olvidar que el objetivo del aprendizaje cooperativo es el desarrollo individual, por lo que debemos establecer estrategias para comprobar la aportación de cada uno de los alumnos de forma que podamos monitorizar el desempeño individual con un doble objetivo: posibilitar la evaluación individual en una acción grupal y que el alumno sea consciente que sus producciones serán evaluadas.

Y, articulada la tríada cooperativa en la que nos aseguramos de que todos pueden participar, que se necesitan para hacer el trabajo y que podemos comprobar lo que ha hecho cada uno, debemos tener claro que la finalidad del aprendizaje cooperativo no es tanto que aprendan a juntos como que trabajando juntos aprendan a trabajar solos.

Existen, básicamente, 4 patrones de cooperación:

  • Trabajo grupal: los alumnos trabajan juntos para conseguir una meta.
  • Trabajo grupal-individual: comienzan trabajando en equipo para terminar realizando una tarea individual.
  • Trabajo individual-grupal: comienzan con un trabajo individual para llegar a una actividad grupal.
  • Trabajo individual: realizar trabajos individuales dentro un equipo que les presta apoyo.

Estructuras cooperativas simples

Con los fundamentos descritos hasta ahora y el distanciamiento social como limitación, existen algunas estructuras cooperativas que pueden seguir utilizándose y otras que podrían adaptarse manteniendo la tríada cooperativa como requisito.

Al menos estas estructuras simples pueden llevarse a cabo sin necesidad de compartir material alguno y manteniendo las distancias de seguridad

Estas mismas y algunas otras que no se podrían llevar a cabo en el aula, pueden adaptarse a la nueva situación y utilizarse bien en clase utilizando dispositivos digitales, bien en casa, en la parte online de la docencia. A modo de ejemplo, se muestran a continuación algunas adaptaciones que se podrían hacer de las estructuras o técnicas simples cooperativas más conocidas:

  • Folio giratorio: podemos construir un documento compartido o utilizar una aplicación web para que cada alumno haga una aportación.
  • Saco de dudas: también podemos usar distintas aplicaciones para esta dinámica, donde cada alumno escribe una duda y espera que el resto de los miembros del equipo las resuelva. Aquellas que no pueden ser solucionadas por el equipo se ponen en el saco de dudas para el resto de los grupos.
  • 1-2-4: esta técnica puede utilizarse por cualquier medio con el que los alumnos puedan comunicarse, primero por parejas y posteriormente por equipos.
  • Esquema a cuatro bandas: existen numerosas aplicaciones a través de las cuales se pueden realizar esquemas o mapas conceptuales de forma colaborativa.
  • Revisión rotativa: en lugar de crear en el aula varios espacios con cartulinas, podemos utilizar el entorno de trabajo digital elegido para generar grupos, aulas virtuales o espacios por los que puedan moverse los alumnos realizando diversas actividades.
  • El juego de las palabras: el profesor puede hacer llegar las palabras clave sobre el tema trabajado a través del entorno digital y cada grupo puede trabajar en un documento colaborativo utilizando, por ejemplo, distintos colores para que el profesor sepa qué ha aportado cada uno.
  • Peticiones del oyente: se pueden generar flujos de trabajo a través de algunas aplicaciones, así como votar las ideas para ir avanzando en esta técnica.
  • Lápices al centro: una videollamada grupal puede servir para llegar a un consenso a la hora de realizar un ejercicio.
  • Cadena de preguntas: cada grupo puede generar una serie de preguntas y pasarlas a los miembros de otro equipo a través del foro que se utilice en el entorno digital.

Entender la colaboración como un acto solidario en el que se renuncia al éxito individual en favor del menos capaz es un error fruto del desconocimiento; reducir el Aprendizaje Cooperativo a la interacción física y compartir materiales también lo es.

La nueva realidad que nos espera tras la crisis del coronavirus traerá consigo unas condiciones sanitarias que limitarán la distancia social y la interacción, pero estas limitaciones no deben suponer el final del Aprendizaje Cooperativo. Muy al contrario, esta situación nos puede llevar a un conocimiento más profundo de esta metodología, experimentando con ella nuevos caminos y posibilidades.

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