Mindfulness aplicado a la educación

Enseñar un estilo de vida basado en la consciencia y la calma

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Mindfulness

Para poder proporcionar una educación de calidad es indispensable que desde los centros educativos se vaya más allá de los meros contenidos curriculares, incluyendo propuestas innovadoras con las que conseguir una educación integral. El mindfulness puede ser una de ellas que, además, aporta multitud de ventajas.

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MINDFULNESS

Educación competencial

La educación de hoy en día demanda algo más que el mero aprendizaje instruccional de contenidos curriculares, la memorización o la mecanización de habilidades, ya que cada vez se tiene más en cuenta el desarrollo de otras destrezas y capacidades tales como el equilibrio sentimental, las habilidades interpersonales, el autoconocimiento, la regulación de las propias emociones, u otras habilidades cognitivas, entre las que destacan la atención y la concentración.

Para tal fin se debe partir de metodologías a las cuales poder integrar notas innovadoras que se basen en nuevos paradigmas, siendo una de ellas el empleo de la práctica del mindfulness.

Nuestra ley educativa actual (Ley 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa) señala lo que se conoce como “Competencias Clave” como un elemento esencial dentro del currículo. Éstas se definen como “aquellas competencias que debe haber desarrollado el alumnado al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida”, materializándolas en siete concretas: Comunicación lingüística, Competencia matemática, Conocimiento e interacción con el mundo físico, Tratamiento de la Información y Competencia digital, Competencia social y ciudadana, Competencia cultural y artística, Aprender a aprender e Iniciativa y autonomía personal.



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Para desarrollarlas se deben proponer actividades concretas a través de las cuales el alumno aprenda a ser competente, es decir, que su conocimiento y habilidad puedan ser aplicados no sólo en un entorno educativo, sino en otros contextos de su vida diaria. Una forma de conseguirlo es haciendo uso de una aportación por parte de la psicología, la cual nos ayudará, concretamente, al desarrollo de las competencias relacionadas con la propia individualidad, la autonomía y las relaciones con los demás. Esta parte de la psicología es la Psicología Positiva, la cual se encarga de los aspectos que se relacionan con el bienestar y la felicidad, fomentando los aspectos positivos del ser humano y contribuyendo a un desarrollo integral del ser humano.

Esta Piscología Positiva, aplicada a la educación, permitirá equilibrar la adquisición de conocimientos con el cultivo de destrezas y actitudes para ayudar al estudiante a desarrollarse personal y socialmente, potenciando su bienestar presente y futuro.

A su vez, inmerso en esta corriente de la Psicología Positiva, existe un área de investigación e intervención que va a constituir las bases de la misma, en la cual nos centraremos para poder beneficiarnos de ella en el plano educativo: la práctica de la “atención plena” en las aulas, esto es, “mindfulness”.

Mindfulness

Lo que este término significa se relaciona con una actitud global ante la vida donde se incluyen un conjunto de técnicas encaminadas a potenciar un estilo de vida basado en la consciencia y la calma, permitiendo vivir íntegramente en el momento presente. La práctica del mindfulness ayuda a vivir más conscientemente, a disfrutar más de la vida y a aprender mejor.

Es una técnica que sirve para entrenar la atención y, para conseguirlo, hay que ser capaces de sincronizar lo que sucede a nuestro alrededor con lo que pasa dentro de uno mismo.

En la actualidad, disponemos de numerosas investigaciones que avalan los beneficios de la práctica regular de la atención plena (Kabat–Zinn, 1990 y 2005; Brown y Ryan, 2003; Vallejo, 2006; Simón, 2007; Cebolla y Miró, 2008; Lavilla, Molina y López, 2008; Lyubomirsky, 2008), entre los que llaman la atención, especialmente, diversos estudios que sugieren cambios positivos incluso a nivel neurobiológico.

Según las revisiones efectuadas por Simón (2007), parece que la práctica de la atención plena activa y fortalece diversas regiones cerebrales, especialmente la corteza prefrontal, responsable de la integración de la conducta humana, provocando cambios positivos en los hábitos mentales de las personas.

Una de las investigaciones con las que contamos para avalar los hallazgos y revelaciones que la práctica del mindfulness tiene en la educación es la experiencia “Mindfulness Education Program for Children” (Programa de Educación en Atención Plena para Niños) desarrollado por Lawlor, Fischer y Schonert-Reichl desde el año 2005 en Vancouver (Canadá). Lo más destacable de esta experiencia es que, al mismo tiempo que pretende introducir la atención plena en el trabajo con el alumnado, ha iniciado una vía de investigación para validar la efectividad de sus técnicas. Los primeros resultados de esta experiencia nos muestran que los alumnos receptores han mejorado notablemente en aspectos tales como el optimismo, la conducta social y el autoconcepto.

Desde esta perspectiva, mindfulness, entendida como una actitud global ante la vida, se fundamenta básicamente en la meditación, definida ésta como un estado de consciencia y calma en el que se intenta aquietar cuerpo y mente para observar con serenidad y aprender a mejorar como personas. Para fines educativos, esta meditación tiene como meta que el alumnado sea capaz de lograr un estado de consciencia y calma que les ayude a conocerse mejor, autorregular su conducta y ser más conscientes del momento presente, como modo de alcanzar mayor bienestar y felicidad.

Beneficios

La práctica del mindfulness en la educación puede ayudar, entre otros aspectos, a:

  • Reducir el estrés, la ansiedad, los síntomas de depresión, la reactividad, los problemas de conducta y la tendencia a distraerse (tanto de estímulos internos como externos).
  • Potenciar la concentración, la atención, la memoria de trabajo, la capacidad de darse cuenta o ser consciente, la capacidad de manejar las emociones, el autocontrol, la empatía y la comprensión hacia los demás, la autoestima, el rendimiento académico y el sueño.
  • Lograr una mayor tranquilidad y relajación.
  • Desarrollar habilidades naturales de resolución pacífica de conflictos.
  • Aumentar la capacidad de reflexión y crítica.
  • Mejorar las habilidades interpersonales, el clima de convivencia escolar y los niveles generales de bienestar en el aula y el centro educativo.

Asimismo, con el objetivo de agrupar los efectos positivos de esta práctica, Shapiro, Brown y Astin (2008) han delimitado tres grandes áreas donde se observan beneficios. Éstas son:

  • El rendimiento cognitivo y académico: donde se observa una mejora de las habilidades atencionales, un incremento de la habilidad cognitiva de procesar la información de forma rápida, con precisión y exactitud y una mejora del rendimiento académico.
  • La salud mental y el bienestar psicológico: donde se observa una reducción de los niveles de estrés, ansiedad y depresión y una mejora de la regulación emocional.
  • El desarrollo integral u holístico de la persona: donde se observa el desarrollo de la creatividad, la mejora en el desarrollo de las habilidades necesarias para las relaciones interpersonales y el incremento de la empatía.

La práctica del Mindfulness

El mindfulness suele partir, en sus inicios, de sencillos ejercicios de relajación que progresivamente ayudan a que la práctica se asiente como un hábito más o menos permanente en nuestra vida. Esta práctica se consigue haciendo habitual el ejercicio de la respiración, actividad que constituye lo más elemental del mindfulness. Para iniciarse en esta tarea, la respiración ha de ser consciente, para que conduzca a una profunda relajación física y mental que prepare el terreno y favorezca la calma interior y el autocontrol.

El primer paso es detenerse en lo que se conoce como “minutos amables”, en los cuales el individuo que está practicando mindfulness se centra en su propia respiración, inspirando y expirando, y dejando que los pensamientos que le asolan la mente pasen sin detenerse. Para conseguirlo, hay que sentarse en posición de meditación, o sobre una silla, manteniendo la espalda recta pero no rígida, la cabeza erguida, los ojos cerrados y las manos sobre los muslos.

Aplicación educativa del Mindfulness

En el ámbito educativo, esta práctica de mindfulness se puede aplicar en diversas situaciones, como son:

  • Al comenzar la jornada escolar o al inicio de una sesión de clase en concreto.
  • En los momentos de entrada al aula tras una actividad rápida, brusca o excitante para los alumnos, a la vuelta del recreo, tras la clase de Educación Física o Música, etc.
  • En la transición de una actividad a otra que requiera más concentración.
  • Cuando se detecte mucho alboroto en el aula y se haya roto el clima de trabajo concentrado.
  • Como paso previo para abordar un conflicto surgido en el aula o entre algunos alumnos.
  • En épocas de exámenes o momentos de trabajo intelectual intenso que requieran favorecer la relajación al tiempo que se fortalece la concentración.
  • En el desarrollo de áreas del currículo como son Psicomotricidad en Educación Infantil o en Educación Física en Educación Primaria.

Propuestas para el aula

A continuación, se recogen algunas propuestas para incluir este tratamiento de la consciencia y la calma en el ámbito educativo para distintas etapas, en forma de actividades de corte lúdico adaptadas según la etapa y nivel educativo.

Acaricia mis manos

  • Nivel: Aula de 5 años de Educación Infantil.
  • Desarrollo: Sentados en círculo, los niños se detienen a observar sus manos, realizando diversos movimientos con ellas: juntar las palmas, acercarlas y alejarlas de la cara, apretar con fuerza, acariciar una junto a otra… Después, hay que cerrar y abrir los puños suavemente, notando cómo se estira la mano y cómo al cerrarla las uñas aprietan levemente la piel. Luego puede recorrerse las rayas de la palma de la mano notando el cosquilleo… y así sucesivamente. Será el docente quien invite a cambiar los movimientos y dirija a los niños. Una variante de esta actividad podrá ser realizada por parejas, haciendo que un niño acaricie las manos de otro. Para concluir la actividad se realizan varias respiraciones.
  • Tiempo: 10 minutos.

Saboreo una galleta

  • Nivel: Aula de 5 años de Educación Infantil y 1º de Educación Primaria.
  • Desarrollo: Invitamos a los niños a saborear conjuntamente una galleta, repartiéndoles una a cada uno. Buscamos un momento y un espacio adecuados, como la asamblea, creando un ambiente tranquilo, de sosiego, de disfrute y sin prisas. Repartimos una galleta a cada uno, insistiendo en que vamos a esperar a que todos tengan una. Trabajamos los sentidos:
    • La vista: observamos su forma, tamaño, color, dibujos…
    • El tacto: rugosa, lisa, suave, áspera…
    • El olfato: qué nos evoca, qué nos sugiere…
    • El gusto: comemos poco a poco, saboreando lentamente cada bocado; percibimos si es dulce, salado, crujiente, blando…

Una vez comida la galleta, expresamos lo que hemos sentido y lo que hemos descubierto, con el mismo clima de sosiego y respeto. Los niños descubren las sensaciones que les produce el alimento y de las que hasta ahora no habían sido conscientes.

Puede variarse la actividad cambiando cada día de alimento y trabajando otros muchos aspectos de forma paralela.

  • Tiempo: 10 – 15 minutos.

Respiraciones al comienzo de la clase

  • Nivel: Educación Secundaria.
  • Desarrollo: Previamente a la realización de este ejercicio, es necesario haber explicado a los alumnos cómo practicar la meditación basada en la respiración. Una vez que ya están iniciados en la técnica, se pueden realizar diferentes ejercicios de respiración, observando la respiración diafragmática, concentrándonos en las sensaciones de frío y calor en la nariz, contando un número en cada inspiración y combinando frases o palabras clave, etc.
  • Tiempo: Entre 2 y 5 minutos pueden ser suficientes, cuando el alumnado ya conoce estas técnicas.

Respirando con versos o palabras clave

  • Nivel: 5º y 6º curso de Educación Primaria y Educación Secundaria.
  • Desarrollo: Se trata de una técnica clásica en la meditación zen que consiste en asociar, tanto a la inhalación como a la exhalación, una imagen en forma de frase o de alguna palabra clave. Podemos escoger un poema y el procedimiento será el siguiente:
    • Mientras inspiramos, pensamos en el primer verso, concentrándonos en la imagen o sensación que describe esa frase.
    • A continuación espiramos, pensando en el segundo verso, concentrados en la imagen o sensación descritas.
    • Podemos practicar respirando y repitiendo mentalmente ambos versos durante cinco, diez, quince o más inhalaciones y exhalaciones.
    • A continuación, pasamos a los dos siguientes versos y repetimos el mismo proceso. Continuaremos así hasta finalizar el poema.

Cuando ya tengamos algo de práctica con este ejercicio, podemos sustituir las frases por una palabra clave que las resume: “tranquilo”, “sonrío”, “presente”, “maravilloso” … Es muy importante realizar estos ejercicios con plena consciencia, vivenciando con la mayor intensidad posible las imágenes que cada frase o palabra nos evoca, evitando caer en una repetición mecánica de palabras y en un mero inspirar y espirar sin más. Se trata de vivir plenamente en el presente y de disfrutar con la paz y tranquilidad que nos proporciona la combinación de la respiración, las imágenes y las sensaciones.

  • Tiempo: Un mínimo de 5 minutos.
  • Observaciones: Los ejemplos propuestos para esta actividad están inspirados en el libro “El florecer del loto” (Nhat Hanh, 1993).

Estudios sobre Mindfulness

Como decíamos anteriormente, existen diversos programas que en la actualidad se centran en implantar prácticas de mindfulness en el aula. Éstos son los recogidos por Mañana y colaboradores (2014):

  • Programa TREVA: Técnicas de Relajación Vivencial Aplicada al Aula (López, 2009). Se compone de doce unidades de contenidos, uno de los cuales es el Mindfulness. Los resultados muestran cómo la aplicación del programa correlaciona positivamente con la capacidad de relajación del alumnado, el clima del aula, la competencia emocional y el rendimiento académico.
  • Programa Aulas Felices: se centra en contenidos de psicología positiva para el alumnado de Educación Infantil, Educación Primaria y Educación Secundaria (Arguis, Bolsas, Hernández y Salvador, 2010). Se trabaja la atención consciente y plena para potenciar la capacidad consciente, la calma, la disminución de automatismos y la potenciación del desarrollo emocional.
  • Educar con Co-Razón: es un conjunto de procedimientos que, a pesar de no emplear directamente técnicas de Mindfulness, se basa en una filosofía que deriva de este fenómeno: respiración o consciencia corporal (Toro, 2005).
  • PINEP: Programa de Entrenamiento de la Inteligencia Emocional Plena (Ramos, Recondos y Enríquez, 2008). Se trata de un programa que ha probado la eficacia del Mindfulness como herramienta para mejorar la satisfacción vital y la realidad emocional, la empatía, la atención y la disminución de pensamientos intrusivos en preadolescentes.

Evaluación

Finalmente es preciso reseñar que esta práctica de mindfulness debe ser evaluada. Una de las formas más habituales de evaluación es la realización de cuestionarios. En concreto, podemos citar dos:

  • Escala CAMM: “Child and Adolescent Mindfulness Measure”, destinado a niños de edades comprendidas entre 9 y 18 años. Es una escala que evalúa la capacidad disposicional de un niño de estar atento y comprender la experiencia que acontece en la vida cotidiana.
  • MAAS-C: El cuestionario “Mindful Attention Awareness Scale Adapted for Children” es una escala de medición orientada a medir el nivel de consciencia plena que poseen los niños de hasta 9 años.

La práctica del mindfulness en el ámbito educativo aporta grandes beneficios tanto a medio como a largo plazo, y es más que evidente que mejorará la calidad de la enseñanza y el estado general del alumnado pero, para que aporte frutos significativos es preciso que se sea constante en su práctica, incluyendo su tratamiento en la rutina habitual del aula.

Debe ser una práctica comprendida como una inversión de tiempo recuperable, pues el hecho de destinar algunas horas semanales a ello contribuirá a ahorrar en situaciones problemáticas, mejorando las condiciones generales del proceso de enseñanza y aprendizaje.

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