Prevención del acoso escolar en Educación Infantil

Una propuesta basada en el desarrollo de la inteligencia emocional

Prevención del acoso escolar en Educación Infantil
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acoso escolar

La educación emocional es un aspecto sobre el que cada vez se está poniendo más énfasis para ser tratado en nuestras aulas. A través de la educación emocional el alumno podrá desarrollar su inteligencia emocional, necesaria para establecer relaciones interpersonales adecuadas con los demás. Los componentes más importantes de esta capacidad, y que han de trabajarse en la escuela, serán la expresión de las emociones (lo que contribuirá a la autorregulación emocional) y la comprensión de éstas (para el fomento de la empatía). Todas estas habilidades trabajarán en conjunto para prevenir uno de los mayores problemas presentes en el ámbito escolar: el acoso escolar.

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PREVENCIÓN DEL ACOSO ESCOLAR EN EDUCACIÓN INFANTIL

Prevención del acoso

Cualquier docente conoce alumnos que comprenden con mucha facilidad lo que les ocurre a sus compañeros, especialmente si éstos se encuentran en situaciones de acoso y peligro; sin embargo, otros ni tan siquiera son capaces de entender que sus acciones agresivas y violentas pueden herir y molestar a otros compañeros, viendo todo como una simple broma o como algo que no entraña graves problemas. Los primeros están dotados de empatía; el segundo grupo de alumnos carece, sin embargo, de lo que se define como la capacidad de sentir, en un contexto común, lo que un individuo diferente a uno mismo puede percibir.

En la etapa de la Educación Infantil, en la que el niño se está formando en sus principales ámbitos de desarrollo, y especialmente formando su personalidad, es el momento idóneo para abordar la prevención del acoso escolar mediante el tratamiento de la educación emocional.

Educación Emocional

El desarrollo de la inteligencia emocional, que se consigue mediante el proceso instructivo de la educación emocional, nos ayuda a conocernos mejor como personas y a comprender mejor a los demás.

Para Goleman (1996) es la habilidad para tomar conciencia de las propias emociones, así como de las emociones de las demás personas, y tener la capacidad necesaria para regularlas.



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Salovey y Mayer (1990) la definen como la habilidad para percibir, valorar y expresar la emoción adecuadamente y adaptativamente. Es como una habilidad que sirve para comprender la emoción, para generar los sentimientos que faciliten las actividades cognitivas y la acción adaptativa y para regular las emociones en uno mismo y en otros.

Teniendo en cuenta estas definiciones, podemos decir que la inteligencia emocional engloba la identificación, la expresión y la comprensión de las emociones, lo cual funcionará como ejes principales sobre los que se trabajará la propuesta que aquí expondremos.

Expresión y comprensión de las emociones

Expresión

Las emociones son algo que interviene e influye directamente en las relaciones con los demás, por lo que es necesario que los niños, desde sus primeras etapas educativas, puedan adquirir cierta competencia en su manejo para gestionar correctamente sus relaciones interpersonales, siendo la expresión emocional un proceso gradual que comienza en la primera infancia, gracias a las interacciones sociales y a la observación del mundo que rodea al niño. Dicha competencia no es sólo cuestión de pensamientos adecuados y conocimiento adquirido, sino que también supone procesos emocionales, como la autorregulación emocional.

La autorregulación emocional se refiere a las estrategias para controlar las emociones, de manera que podamos participar productivamente en nuestro alrededor (Navarro y Martín, 2010). En este sentido, es muy importante que los niños aprendan a expresar lo que sienten ante determinadas circunstancias, especialmente en las situaciones de resolución de conflictos para fomentar la tolerancia a la frustración.

Comprensión: Empatía

Una persona empática también es alguien que cuenta con una gran habilidad para interpretar mensajes no verbales, tan abundantes en nuestras relaciones, y con gran capacidad de escucha. Por el contrario, las personas débiles en esta habilidad tienen dificultades para interpretar correctamente las emociones de los demás, razón por la que pueden evidenciar una torpeza social o parecer sujetos fríos e insensibles.

El problema del acoso escolar radica, en muchas ocasiones, en que hay niños dotados de empatía y otros que no, ante los que no se actúa de forma pedagógicamente correcta.

Intervención educativa

El desarrollo de la inteligencia emocional ha de ser considerado como una estrategia preventiva del acoso escolar. Desde esta perspectiva, se requerirán estrategias proactivas que poner en funcionamiento antes de que surja el problema que se pretende evitar, lo que dará lugar a lo que se conoce como prevención primaria.

A continuación se expondrá una propuesta de educación emocional como mecanismo preventivo del acoso escolar. La presente propuesta se presenta de forma orientativa, pudiendo ser puesta en práctica de forma variada y con diversidad de enfoques.

Los objetivos que se pretenden alcanzar son:

  • Ser capaz de reconocer y expresar las emociones propias y de los demás.
  • Desarrollar la empatía, comprendiendo las emociones de los demás.
  • Adquirir una actitud asertiva e iniciarse en el proceso de la autorregulación emocional.

Las actividades que se planteen para conseguir estos objetivos han de tener en cuenta tanto las necesidades colectivas del grupo como las individuales de cada niño.

Actividades

  • ‘¿Cómo me siento hoy? El emocionario’ (identificación y expresión de emociones)

Diariamente los niños al llegar a la asamblea colocarán su identificador personal en el mural de las emociones. Dicho identificador (trabajado previamente y que ya resulta familiar) corresponderá con un gesto facial que indique o se aproxime a un estado de ánimo y una emoción que en ese momento puedan experimentar.

En asamblea, podrán compartir con los demás cómo se sienten, ayudándoles a reconocer sus propios sentimientos, dándoles la oportunidad de explicar a los demás el porqué de sus emociones. También conocerán el estado de los compañeros y les podrán preguntar el motivo de haber escogido uno u otro identificador.

  • ‘El sombrero mágico que ayuda a expresarme’ (para la resolución de conflictos: autorregulación emocional)

Los niños contarán con un sombrero mágico que, al ponérselo, les otorgará la facilidad de expresar sus sentimientos a los demás.

A lo largo del día el niño será capaz de expresar cómo se siente ante una situación determinada con la ayuda del sombrero, pues habrá aprendido que al ponérselo podrá expresarse libremente, sin temor a ser juzgado. Así, por ejemplo, ante un conflicto que acontezca en clase, cada niño puede ponerse el sombrero para explicar qué está pensando emocionalmente.

Frecuentemente, los niños expresan sus emociones de forma no verbal. En tal caso, el adulto debe acompañar esta expresión con una palabra que identifique la emoción que siente, ayudándose de la técnica que proporciona esta actividad.

  • ‘Nos ponemos en el lugar de los demás’ (para trabajar la empatía)

Ante casos concretos, siempre que se sucedan acontecimientos aprovechables en el aula, pueden utilizarse casos individuales para trabajar temas relacionados con la inteligencia emocional de forma cooperativa. Por ejemplo, un caso muy frecuente es que un niño tenga un ojo tapado por ser diagnosticado de ojo vago y, a veces, hay niños que pueden burlarse. Para evitarlo, o para acabar con este asunto, puede realizarse el juego de caminar, en un lugar libre de obstáculos, cada niño con un ojo tapado. Después habrá que intentar transmitir cómo se han sentido: unos sentirán inseguridad, otros miedo… De esta manera aprenderán a comprender mejor cómo se pueden sentir los demás ante algunos problemas.

  • Actividades literarias (identificación de emociones)

Pueden escogerse determinadas lecturas para trabajar las emociones, elaborar guías de lectura, juegos y actividades en torno a la temática de un libro o cuento, etc.

Son muchos los ejercicios prácticos que favorecen el desarrollo de la inteligencia emocional, lo importante es que se lleven a cabo de forma intencional y sistemática, pues en todo el proceso es muy importante la implicación y el entusiasmo del profesor.

Como señala López (2011), en la medida en que el profesor lo hace por propia convicción, los resultados son más efectivos.

El papel del profesor es fundamental en la educación emocional ya que ésta se lleva a cabo continuamente a lo largo de la jornada educativa y no solamente en situaciones concretas o momentos aislados.

Es imprescindible la educación emocional en la etapa de infantil para prevenir los casos de acoso escolar que se producen en las etapas posteriores, para lo cual toda la comunidad educativa debería fijarse el objetivo de erradicar este problema, siempre con la estrecha colaboración de las familias para transmitir unos valores coherentes y continuados en los diferentes momentos y contextos.

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