Niños que muerden y pegan

Claves para la intervención educativa

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Los niños más pequeños suelen reaccionar de forma impulsiva ante situaciones conflictivas con los demás, de tal forma que recurren a menudo a la agresión física, y es muy habitual encontrarnos con niños que muerden y pegan como mecanismo de gestión de los problemas.

Veamos algunos sencillo gestos que podemos llevar a cabo (orientados a familias y docentes) para saber actuar antes situaciones disruptivas de este tipo.

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Conductas normales/anormales

La aparición de estas conductas es algo habitual y no significa, en absoluto, que estos comportamientos acaben desencadenando una personalidad agresiva o violenta en la vida adulta. No obstante, es necesario tratar cuanto antes el problema porque los niños que pegan o muerden deben aprender a resolver sus problemas de otra forma, y los adultos debemos evitar que asocien la agresividad con una medida eficaz de superar contradicciones con los demás.

Detectar y actuar

Ante todo, es primordial la detección precoz de estos comportamientos, por lo que en las primeras ocasiones en las que aparezcan es necesario señalar de forma muy clara al niño la consigna “¡NO SE MUERDE/PEGA!”, sin gritar pero utilizando un tono elevado y serio en nuestra voz.

Los psicólogos apuestan por mantener un gesto serio y un tono de voz firme, indicando la premisa a los niños mirándoles fijamente a los ojos, siendo necesario agacharse para posicionarnos en su mismo nivel.

Estas situaciones suelen resolverse utilizando medidas correctivas que se basan en la asociación entre las respuestas que emite el niño (en este caso morder o pegar) con un refuerzo negativo o positivo por parte del adulto.



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Hay que tener en cuenta que los niños muy pequeños, sobre todo de uno, dos y tres años, no son capaces de anticipar las consecuencias de sus actos tal y como lo hacemos los adultos, por lo que necesitan de respuestas inmediatas tras sus acciones para que aprendan si lo que hacen está bien o está mal. Por lo tanto, no sirve con decirle al niño “Si vuelves a pegar a mamá te quedarás sin ir al parque” si finalmente el niño vuelve a agredir a su madre y, después de todo, lo acompañamos al parque. De esta forma caemos en el error de no mostrarle un comportamiento adecuado.

Medidas correctivas

Pueden seguirse tres estrategias, de muy fácil aplicación, para tratar estas situaciones:

TIEMPO FUERA

La estrategia denominada “tiempo fuera” consiste en colocar al niño en un contexto de privación social, de tal forma que sea retirado de la actividad que está desarrollando en el momento en el que muerde o pega. Es lo que tradicionalmente hacían los padres cuando nos mandaban a nuestra habitación o lo que hacen los maestros en los colegios con el “rincón de pensar”.

El tiempo fuera se basa en apartar al niño de lo que está haciendo cuando aparezca la conducta agresiva que queremos que desaparezca.

Por ejemplo: Un grupo de niños juega con varios juguetes y uno de ellos muerde a otro para apoderarse de uno de los juguetes. ¿Qué haríamos en este caso? Deberíamos separar a ambos niños y, tras decirle muy claramente al niño que ha mordido “NO SE MUERDE”, lo colocaríamos en otra habitación o en un rincón él solo durante varios minutos. Normalmente, debe permanecer allí tantos minutos como años tenga (si tiene tres años, tres minutos).

De esta forma comprenderá que las consecuencias de morder serán negativas, pues se quedará sin jugar. Es necesario que estas respuestas se emitan inmediatamente después de la conducta del niño, pues si dejamos que pase el tiempo, el refuerzo o castigo que le proporcionemos perderá significatividad para él.

SOBRECORRECCIÓN

Esta estrategia supone la explicación de lo que está bien y lo que está mal. Ya hemos dicho que los niños pequeños no están todavía preparados neurológicamente para comprender las consecuencias de las acciones, pues es algo que aún no se ha sucedido en el tiempo y todavía no han adquirido la capacidad de previsión o anticipación. Pero esto no quiere decir que no hablemos con nuestro hijo y le expliquemos aquéllas cosas que están mal. Los niños necesitan aprender de los adultos a base de actos, pero también por medio de palabras, ya que el lenguaje es uno de los estímulos más potentes con los que contamos para que se produzcan determinados aprendizajes.

La sobrecorreción se lleva a cabo explicando al niño que no está bien pegar/morder a los demás, porque es algo que duele, que es malo y que nos pone tristes. Tras esto, debemos hacer entender al niño que pida perdón por su conducta, que dé un beso a quien ha pegado o mordido, que dé un abrazo, etc. Es importante remarcar la buena acción de disculpa o perdón tras la mala de la agresión, pues es lo que va a proporcionar fuerza a nuestro mensaje oral sobrecorrector.

Tradicionalmente, los cuentos y relatos infantiles se basan en la sobrecorrección, tratando temas como las agresiones, la hora de ir a dormir, el control de esfínteres, etc.

RETIRADA DE PRIVILEGIOS

Es una de las medidas más efectivas, pues consiste en quitar al niño algo que le gusta mucho, como ver dibujos animados, su juguete favorito, salir de paseo… Es lo que se conoce en psicología conductista como retirada de un estímulo positivo.

En el momento en el que el niño pegue o muerde a alguien se le deberá decir: “¡NO SE PEGA/MUERDE!” y añadir: “Ahora no vas a ver los dibujos animados”.

Lo ideal es una retirada temporal de privilegios, que no supere los dos días. Lo mejor es aplicar dicha retirada para todo lo que quede de jornada, e inmediatamente después de que el niño se haya comportado de forma indebida. Es decir, si el niño muerde después de comer, dejarlo sin ver dibujos hasta el día siguiente. Así aprenderá que una mala acción conlleva perder algo que le gusta.

Es muy importante que si decidimos retirar privilegios seamos constantes y no “levantemos el castigo” antes de tiempo, o que dicha retirada se convierta tan sólo en una amenaza que no llega a hacerse realidad. Si solamente amenazamos con palabras, voces y gritos, podemos provocarle al menor estrés y, además, no desaparecerá la conducta agresiva porque no tendrá resultados de ningún tipo.

APRENDIZAJE VICARIO

Este término significa aprender de modelos. Los padres son el primer referente que el niño tiene para formar su personalidad, su conducta y su regulación emocional, y los profesionales educativos pasarán a ser un modelo de conducta y transmisor de valores en el momento en que los niños se escolaricen.

Un ambiente familiar adecuado, y un entorno escolar armonioso, en donde se resuelvan los conflictos verbalmente y de forma pacífica ayudará mucho a que el niño crezca sabiendo que los problemas se resuelven sin necesidad de agresión.

Los padres o educadores que se muestren incapaces de controlar sus frustraciones y manifiesten conductas impulsivas y agresivas, aunque solo sea a nivel verbal, serán imitados por los niños. Por esto, si nuestro objetivo es erradicar la conducta de pegar de nuestro hijo, nunca debemos golpear en la mano a un niño que ha pegado a otro, o golpear en la boca al niño que acaba de morder; de esta manera sólo lograremos potenciar dicha conducta agresiva.

Cuidado con los refuerzos

Si el niño oye hablar constantemente de su manía de morder/pegar o si se le etiqueta con un apodo negativo solo conseguiremos que se sienta reforzado y continúe con este comportamiento. Si tenemos que hacer algún comentario debemos hacerlo siempre cuando el niño no esté presente.

Ante todo: tranquilidad. El comportamiento agresivo es algo muy normal en edades tan tempranas. La mayoría pasan por esto y acaba desapareciendo súbitamente y sin problemas.

Cómo citar este artículo:

Equipo Pedagógico de Campuseducacion.com (2017). Niños que muerden y pegan [Mensaje en un blog]. Blog de Campuseducacion.com. Recuperado de https://www.campuseducacion.com/blog/recursos/ninos-muerden-pegan/

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