El problema de la obesidad infantil

Prevención educativa

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Obesidad infantil

Resumen: La obesidad infantil se ha convertido en un reto de primera categoría, tanto para los agentes dedicados a la salud pública como a los educativos. Principalmente desde la escuela se debe potenciar un estilo de vida saludable y apostar por unos buenos hábitos basados en una dieta equilibrada y el deporte.

Palabras clave: Obesidad; Obesidad Infantil; Dieta Equilibrada; Nutrición; Deporte; Prevención Educativa.

Abstract: Childhood obesity has become a challenge of its own for both public health agents and educators. School you should promote a healthy lifestyle and encourage good eating habits based on a balanced diet and practicing sport.

Keywords: Obesity; Childhood Obesity; Balance diet; Nutrition; Sport; Educational Prevention.

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PREVENCIÓN EDUCATIVA DE LA OBESIDAD INFANTIL

La obesidad está reconocida universalmente como un problema de salud pública en el mundo occidental y se caracteriza por una elevación de la masa corporal grasa en el organismo. Los factores que influyen en ella son genéticos, biológicos, ambientales, económicos y socioculturales. La 57ª Asamblea Mundial de la Salud la declaró “epidemia del siglo XXI”. La incidencia de obesidad y sobrepeso sigue aumentando en Europa y, por ende, en España. Por tanto, se hace necesario programas de intervención con pautas saludables de actividad física y de dieta para la prevención de este problema en niños y adolescentes, ámbito en el que nos vamos a centrar expresamente (Garrido et al., 2008).

Factores ambientales



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Los factores ambientales, que son en los que desde la escuela mejor podemos incidir, están ligados a la disminución de la actividad física y al cambio en las costumbres alimentarias. En cuanto al primer punto, es obvio que el número de horas pasadas diariamente frente a la videoconsola o a la televisión se superpone al segundo, es decir, a la comida rápida, la ingesta exagerada de “chuches” y las bebidas ricas en azúcares como los zumos y bebidas refrescantes; también conocidas como blandas, que han incrementado mucho su consumo en España. A lo largo de la infancia, la ingesta de leche se ha ido sustituyendo por la de bebidas blandas (More et al., 2006).

La estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) fue aprobada en 2005 por la Asamblea Mundial de la Salud con el lema “¡come sano y diviértete!”. Su meta es cambiar la tendencia del aumento imparable de la obesidad, fomentando una alimentación sana y un aumento de la práctica de ejercicio físico, con el fin de disminuir la morbilidad y la mortalidad que se atribuyen a este gran problema. Para lograr este objetivo, la estrategia NAOS anima a la colaboración de todos los sectores de la sociedad, tanto públicos como privados, incluyendo por supuesto a la escuela. Estas iniciativas están orientadas sobre todo hacia los niños, los jóvenes y los grupos de población más desfavorecidos (Garrido et al., 2008).

Según la Organización Mundial de la Salud (2005), la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. La infancia es la etapa clave para inducir hábitos saludables de dieta y ejercicio que conduciría a la prevención de muchas enfermedades crónicas como la diabetes tipo II, la hipertensión y la obesidad, entre otras.

Los factores implicados en la prevalencia de la obesidad, a su vez aceptados como fundamentales en la vida de un niño y/o adolescente son: las características de la dieta, el nivel de actividad física y el nivel de sedentarismo, o más concretamente, el número de horas que el niño estaría sentado viendo la televisión y/o jugando al ordenador o similares.

Obesidad infantil

De hecho, se ha demostrado que la falta de actividad física durante la infancia y la adolescencia es uno de los factores principales que contribuyen en el inicio del desarrollo de la obesidad.

Los hábitos nutricionales de adolescentes que practican deporte son más apropiados que los de sus compañeros sedentarios, lo que nos lleva a pensar que la práctica del deporte aporta otros beneficios, independientemente de la actividad fisiológica o el esfuerzo. Por otro lado, el consumo de dietas poco saludables durante la adolescencia y en la edad adulta se han asociado a múltiples enfermedades como el cáncer, la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia. Asimismo, los estudios de intervención nutricional dirigidos a comedores de colegios que promueven el consumo de frutas y verduras han demostrado ser de gran utilidad como estrategias para la mejora de la calidad de la dieta infantil.

Según Donalson (2004), se ha comprobado los múltiples beneficios para la salud que tiene el consumo adecuado de frutas y verduras. Su defecto se ha vinculado con la incidencia de determinadas enfermedades como el cáncer. A su vez, la campaña desarrollada en España conocida como “cinco al día”, que aconseja el consumo diario de cinco raciones entre frutas y verduras, ha demostrado ser útil como estrategia de mejora de la alimentación.

Características de una dieta sana y equilibrada en la etapa infantil

La alimentación es un pilar básico en la prevención de la obesidad infantil. Por tanto, la implementación de una dieta saludable, variada y equilibrada es crucial. De acuerdo con Hernández (2016), para mantener un balance energético equilibrado se han de cumplir las siguientes premisas:

  • La realización de cinco comidas diarias, evitando comer entre horas.
  • La base de la alimentación debe incluir entre un 50-60% de hidratos de carbono, aportados por la pasta, las legumbres o los cereales, entre otros.
  • Los alimentos que posean grasas saturadas y ácidos grasos trans deben ser reducidos, así como los productos azucarados como golosinas, o la sal.
  • Las proteínas de origen tanto animal como vegetal han de formar el 10% o 15% de la dieta.
  • Se hace necesario consumir cinco raciones al día de frutas, verduras y hortalizas.
  • Se debe beber entre uno y dos litros de agua al día.

Según la etapa de la infancia en la que nos encontremos, dichas premisas deben ser aplicadas considerando las siguientes recomendaciones. En primer lugar, la leche materna debe ser la alimentación básica en lactantes (de 0 a 2 años) por los múltiples beneficios que aporta, como un menor riesgo de obesidad o una mayor autorregulación de la ingesta. Entre los 4 y 6 meses, se ha de introducir la alimentación complementaria gradualmente. En segundo lugar, en la etapa de preescolar (de 3 a 6 años)  se debe continuar con la experimentación de diferentes alimentos para que sea el propio niño quien establezca sus preferencias. Es importante el consumo de hidratos de carbono y de las proteínas aportadas por carnes y pescados, evitando el exceso de dulces y refrescos, entre otros y reduciendo la ingesta de embutidos. Finalmente, la última etapa que nos concierne aquí es la escolar (de 7 a 12 años). En ésta, el niño ha de seguir con una alimentación variada, adaptada a sus necesidades nutricionales y saludable, adquiriendo buenos hábitos. Para ello, el desayuno adquiere un papel importante que no puede perderse, así como el consumo de comidas sanas que no se excedan en azúcares.

Obesidad infantil

Actividad física VS. sedentarismo

La escuela es un lugar adecuado para informar a los escolares acerca de la alimentación y para educar sobre hábitos alimentarios saludables. También se ha de promover en este ámbito el desarrollo de la actividad y ejercicios físicos con el fin de prevenir la obesidad, ya que el tratamiento ideal de ésta deriva en su propia prevención.

Desde el área de educación física se debe proponer y llevar a cabo actividades que garanticen un crecimiento y desarrollo equilibrado de los escolares, así como fomentar la participación en actividades física dentro y fuera del entorno escolar para conseguir una vida sana y activa por parte de todo el alumnado (Santos, 2005).

Según Garrido y García (2008), en su pirámide de actividad, los escolares de entre 6 a 10 años deben disminuir las actividades sedentarias tales como videojuegos, TV, PC, etc. A su vez, deben practicar de 2 a 3 veces por semana, juegos y actividades tanto de fuerza como de flexibilidad, como son saltar o arrastrar, actividades gimnásticas y la movilidad dinámica. Asimismo,  de 2 a 5 veces por semana deben realizar actividades aeróbicas y de recreación tales como, nadar, patinar, correr, juegos de persecución y de relevos, entre otros. Finalmente, dichos autores recomiendan la práctica diaria de actividades cotidianascomo las domésticas: limpieza, sacar la basura, llevar la mochila de colegio… O desplazarse caminando o utilizando la bicicleta a la escuela, evitando la utilización de vehículos con motor.

Por otro lado, para niños mayores de 10 años, Garrido y García (2008) también recomiendan la misma disminución de actividades sedentarias y sugieren otras actividades deportivas adecuadas a estas edades. En cuanto a actividades de fuerza y flexibilidad, que han de practicarse al menos 2 o 3 veces por semana, proponen trabajos planificados, que pueden ser realizados en pareja, tales como las autocargas o ejercicios globales, como tirar o empujar. Y trabajo tanto estático como dinámico. De 2 a 5 veces por semana, estos autores sugieren actividades aeróbicas como montar en bici o bailar, y actividades de recreación como los juegos populares. Por último, al igual que en la pirámide previamente mencionada, aconsejan la realización de actividades diarias como limpiar la habitación, pasear al perro, ayudar en la cocina y caminar tanto cuanto sea posible.

Aplicaciones didácticas

La estrategia NAOS, consolidada por la Ley 17/2011 de 5 de julio de seguridad alimentaria y nutrición, y en especial la conocida como Educa NAOS, se ha dirigido a los docentes facilitándoles una selección de folletos, documentos y actividades para el aula, entre otros, con el fin de fomentar entre sus alumnos la alimentación sana, la práctica de actividad física y otros hábitos de vida saludables.

Si se accede a Entrando en AECOSAN, la agencia Española de Consumo, Seguridad alimentaria y Nutrición, del Ministerio de Sanidad y Consumo y Bienestar Social, se puede acceder a múltiples programas.

Desde el colegio, y más concretamente, desde las áreas de ciencias de la naturaleza y de educación física, es posible tanto la promoción de dietas saludables como de actividades de carácter físico para luchar contra la epidemia de la obesidad infantil, pudiendo ser el profesor un modelo de conducta positiva que impacta en el modo de vida de sus alumnos.

En cuanto a la promoción de una nutrición saludable, los profesores deberían educar a los alumnos en esta área ayudándoles a adquirir conocimientos, creencias, aptitudes y actitudes para llevar a cabo conductas saludables, creando condiciones que favorezcan la salud. Además, los institutos deberían suprimir los alimentos altos en grasas disponiendo de máquinas expendedoras que vendan alimentos saludables, tales como leche, frutas y verduras o sándwiches, con pocas grasas. Por otro lado, los colegios que dispongan de comedor deben garantizar que los alimentos servidos a los alumnos cumplan requisitos nutricionales mínimos.

Obesidad infantil

Para que los niños tengan una alimentación saludable y equilibrada se hace necesaria la planificación de los menús. Los niños han de consumir diariamente alimentos  como leche, frutas y verduras, alternándolos con otros como huevos, carnes y pescados o arroces y pastas. A media mañana, es aconsejable tomar una pieza de fruta o un yogur; rico en calcio, respetando los periodos entre comidas con el fin de hacer una buena digestión.

Finalmente, la concienciación sobre la prevención, reducción, tratamiento y derivación de problemas de salud o trastornos importantes; como la anorexia o la bulimia, deben ser tratados desde la escuela, así como la participación y colaboración de las familias para lograr el objetivo propuesto (OMS, 2010).

A su vez, la promoción de la actividad física en la escuela podría ser llevada a cabo ofreciendo clases diarias de educación física con diversas actividades adaptadas a las características, las necesidades  y los intereses de los alumnos. Además, los colegios podrían ofrecer actividades complementarias y extraescolares relacionadas con deportes. También podrían recomendar la utilización de medios de transporte no motorizados con el fin de hacer ejercicio físico de camino a la escuela u otras actividades sociales. Asimismo, podrían proveer a los alumnos con instalaciones adecuadas para practicar actividades físicas, así como alentar a la comunidad escolar a que realicen deporte (OMS, 2010).

Finalmente, cabe destacar que una buena educación en la etapa escolar ha de fomentar en los niños tanto el desarrollo de hábitos y costumbres saludables, como una buena calidad de vida a través de actuaciones basadas en el establecimiento de valores y pautas de comportamiento que contribuyan a la consecución y a la adquisición de un bienestar no sólo físico, sino también mental, ya que ambos están relacionados.

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El artículo El problema de la obesidad infantil. Prevención educativa forma parte del número 14 de Campus Educación Revista Digital Docente un proyecto destinado a la divulgación de publicaciones de carácter educativo que permite la difusión del conocimiento y pretende el enriquecimiento de toda la comunidad educativa.

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