La educación en valores del alumnado de Educación Primaria

Relación con los resultados de aprendizaje y el rendimiento académico

La educación en valores del alumnado de Educación Primaria
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Resumen: La familia constituye un papel fundamental como cuna de valores en la infancia, hasta el punto de determinar en muchas ocasiones el rendimiento académico del niño y su futuro dentro del ámbito escolar. Por esta razón, aspectos como el modelo familiar, el estilo educativo de los padres y los valores que de ellos se desprendan pueden llegar a determinar los resultados de aprendizaje del alumno, sobre todo en los primeros cursos de la Educación Primaria.

Palabras Clave: Familia; Valores; Infancia; Rendimiento académico; Educación Primaria.

Abstract: The family is a fundamental role as a cradle of values in childhood, to the point of determining the academic performance of the child and his future within the school environment. For this reason, aspects such as the family model, the educational style of the parents, and the values that come from them can determine the results of the student’s learning, especially in the first stage of Primary Education.

Keywords: Family; Values; Childhood; Academic performance; Primary Education.

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LA EDUCACIÓN EN VALORES EN PRIMARIA

Los valores

La estructura de valores transmitida por la familia, la incidencia que se hace para obtener una convivencia pacífica, el papel que desempeña la creatividad del niño dentro del núcleo familiar, el tratamiento que se le da desde el punto de vista familiar a los buenos modales, a la obediencia, al esfuerzo, a la responsabilidad, si existe respeto o si se comparten tareas entre padres e hijos, serán algunos de los aspectos objeto de estudio en el presente artículo.



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Resulta conocida la importancia actual que se otorga a todos los aspectos relacionados con el rendimiento académico del niño y la insistencia en averiguar los factores que pueden determinarlo.

Tomando esto como referencia, se van a analizar cómo afectan a los resultados de aprendizaje del niño los valores que se le trasmiten desde bien pequeño, los cambios familiares, los modelos familiares, la influencia del estilo educativo familiar, así como la relación que se establece entre familia y escuela.

educación en valores

La familia como cuna de valores

Todas las personas nacen dentro de un núcleo familiar particular con sus características propias, aspectos más o menos positivos, normas o ausencia de las mismas, junto a las que van creciendo. Una serie de valores que van ayudando a formar al sujeto de una manera integral. En definitiva, la familia es nuestro primer punto de referencia, a partir de la cual comenzará nuestra andadura por la vida.

Para Ortega (2007), la familia es el espacio privilegiado donde cada miembro es reconocido y valorado, constituyendo de esta forma la mejor escuela para la humanización. Por tanto, es en ese ambiente de cariño y seguridad donde se hace más adecuado y oportuno el contacto con una estructura de valores que nos van a modelar para el día de mañana.

Sin embargo, también podemos encontrarnos con crisis de valores cuando se habla de los diversos factores que contribuyen a mermar la capacidad socializadora de la familia. Entre ellos se encuentran, según Bolívar (2006), la desinstitucionalización e individualización actual de la misma y la desestructuración del cuadro de ideas, valores y códigos de la vida cotidiana.

Modelo familiares

Existen diversas tipologías de modelos familiares (Flaquer, 1998), las cuales nos ayudan a organizar la amplitud de diversidad familiar con la que nos encontramos y que además va creciendo según el paso del tiempo. Integrando las ideas de este autor, podemos considerar los siguientes modelos:

  • Familia nuclear

Matrimonio formado por un hombre, una mujer y sus hijos. Dentro de la familia nuclear hay distintos tipos caracterizados por las relaciones que se dan entre padre e hijo y la educación en valores que se transmite en la misma. De esta manera, existe la familia caracterizada por poseer una buena relación entre progenitor y descendencia donde se genera una capacidad educadora adecuada para que la moralidad, la formación y el dinero sean los valores más sobresalientes; una familia nuclear de tipo conflictivo, donde las relaciones que se dan son tormentosas, no existe diálogo y la capacidad educadora es nula; una familia nominal, en la que no se comparten los objetivos familiares, pero la convivencia es pacífica, la capacidad educadora es escasa y los valores no se interiorizan; y, por último, la familia adoptiva, donde hay muy buena comunicación, siendo la libertad y la igualdad de todos los miembros de la familia el principio fundamental, creando de esta forma un ambiente idóneo para la transmisión de valores y creencias.

  • Familia Monoparental

También denominadas incompletas, rotas o descompuestas. En ellas conviven bajo el mismo techo madre o padre con hijos. Dentro de las familias monoparentales existe diversidad en cuanto a causas y a situaciones (madres/padres solteros, abandono, anulación, separación, divorcio, viudedad, hospitalización, emigración, trabajo, encarcelación o adopción). Todo esto conlleva unas dificultades añadidas a la hora de la educación de los hijos.

  • Familia Reconstruida

También denominada reconstituida, reorganizada, mixtas o de segundas nupcias. Son aquellas formadas por una persona viuda o divorciada (ya sea hombre o mujer) que se une a otra llevándose consigo a los hijos. Esta familia puede conllevar unas dificultades puesto que nacen de la pérdida y ¨arrastran¨ de alguna manera una historia familiar anterior.

  • Familia Homoparental

Formada por una pareja del mismo sexo con descendencia aportada de relaciones en etapas anteriores, bien por adopción, acogida o por técnicas de reproducción asistida. Existen prejuicios sociales contra este tipo de familias en cuanto a poner en duda su inestabilidad e incapacidad en habilidades parentales, criticándoles el ambiente que se les ofrece a los hijos. Sin embargo, se ha demostrado que estas creencias son erróneas y que son capaces de educar a los niños con las mismas habilidades parentales que cualquier familia habitual.

  • Familia extensa

Cuando se incorpora a la familia nuclear, monoparental o reconstruida algún otro miembro, por ejemplo, un abuelo.

  • Parejas Cohabitantes

Pareja unida de forma pública, pero que no está casada. Estas parejas pueden o no tener hijos y también se las denomina parejas de hecho o informales.

  • Familia Acéfala

Aquella donde no hay hijos, por decisión propia o no.

  • Hogar Unipersonal

Realmente no se trata de una forma familiar pero sí que se trata de una forma de vida (solitarios, solteros, separados, divorciados, viudos…).

Los cambios en la familia

En la actualidad estamos viviendo momentos de cambios a nivel social que afectan a todos.  La familia no es ajena a esto y también está sufriendo transformaciones particulares que en algunos momentos dificultan una buena imagen de la misma. Es por ello, como dicen Pérez, Chuliá y Valiente (2002), que en ocasiones se escucha hablar de “crisis en la familia” en cuanto al concepto con el que tradicionalmente hemos conocido a la familia, puesto que los valores familiares han ido cambiando con ella a lo largo del tiempo.

Aun así, encontramos aspectos muy positivos en la familia de hoy que no podemos dejar de mencionar y que nos sirven de enriquecimiento y esperanza hacia una revalorización de la familia actual.

Siguiendo a Falquer (1998), la igualdad entre sexos es sin duda uno de estos aspectos positivos, traducido en un reparto de las tareas domésticas y un nuevo concepto de paternidad donde el papel del padre adopta protagonismo involucrándose más en el desarrollo y en la educación de sus hijos. Existe por otro lado, un relajamiento de los métodos de socialización más comunes de la familia tradicional como lo son los autoritarios y represivos. Las relaciones familiares, por su parte, se estrechan ensalzando la afectividad y acortándose las distancias entre padres e hijos.

 

educación en valoresEn cuanto a las funciones de la familia como pilares sobre los que se sustenta la organización de la misma, podemos apreciar que han variado en la actualidad con respecto a la familia del pasado, pudiéndose agrupar en las siguientes categorías (Martín y Gairín, 2007):

  • Función económica: la familia ha dejado de ser entendida como unidad económica de producción para ser entendida más bien como unidad económica de consumo.
  • Función de protección: en la familia de antaño se buscaba la seguridad mientras que en la actual hay una búsqueda clara de la felicidad.
  • Función sexual y de reproducción: de vivir la sexualidad como un tabú se ha pasado en la actualidad a una mayor naturalidad al respecto.
  • Función afectiva: la familia debe ser fuente de satisfacción personal para todos los miembros que la configuran, tanto a nivel emocional, como de dependencia, pertenencia, admiración, utilidad, deseo de agradar y ser querido.
  • Función educativa: en esta función ha existido una delegación de la misma hacia la escuela que en la actualidad se está intentando recuperar. Lo que es cierto es que los padres se encuentran en numerosas ocasiones sin las herramientas necesarias para dar respuesta a esta función, por lo que también se hace necesario formar a los padres en el arte de educar.
  • Función socializadora: entendiendo la socialización como el proceso bidireccional entre una persona y sus semejantes con el objetivo de introducirla en la aceptación de las pautas de comportamiento social y adaptarse a ellas.
  • Función recreativa: mientras que en el pasado el ocio familiar se vivía en casa y en grupo, en la actualidad el ocio familiar adquiere menor protagonismo y es mucho más individual, en parte, por el gran desarrollo de las TIC.
  • Función religiosa: esta función es de las más deterioradas con respecto a épocas anteriores, puesto que ya no es tan común en las familias hechos como rezar por las noches, bendecir la mesa o asistir juntos a misa.

Todas estas funciones conllevan la interiorización de unos u otros valores que se impregnan como creencias y configuran la personalidad del que lo adopta orientando su conducta en una dirección determinada.

Influencia del estilo educativo familiar

La educación familiar es de suma importancia, y en consecuencia, educar desde la familia es educar en unos valores que acompañarán a los hijos en sus diversas interacciones con el mundo exterior.

En este sentido, Martín y Gairín (2007) señalan que lo que se pretende con la educación familiar es recuperar la responsabilidad de los padres en la transmisión de unos determinados valores, de manera que la incorporación de los hijos sea a una sociedad lo más democrática y justa posible. Ahora bien, cabría preguntase cómo es la educación familiar.

A este respecto, Torralba (2004) afirma que esa educación familiar puede ser de tipo fundamental, informal, global, inevitable, soberana, permanente, profunda, realista y de sentido común.

Por tanto, se puede decir abiertamente que los valores están presentes en cada uno de nosotros, perduran en el tiempo y espacio en cuanto a su significado, aunque varían adaptándose a las nuevas circunstancias. Del mismo modo, se adquieren transmitiéndose mediante la experiencia, por lo que son educables. Además, cada familia se inclina hacia unos y otros valores determinados, aquellos que considera más adecuados, y normalmente se hace de forma implícita, incluso un mismo valor puede que no se viva de igual manera en una u otra familia, pues son muchas las variables que entran en juego.

Para Valdivia (2001) existen dos valores actualmente necesitados de más entrenamiento en el ámbito familiar y escolar y son el autocontrol y la autodisciplina, mientras que otros autores como Torralba (2004) considera la solidaridad, la fidelidad y la humildad como valores fundamentales.

Por otro lado, los estilos educativos que adopta cada familia, con sus características propias, caminan hacia el desarrollo de unos y otros valores más acordes con su forma de vivir y generan por lo tanto unos efectos concretos en los hijos. También es cierto que es complicado encontrar un estilo educativo puro, puesto que se mezclan entre sí multitud de aspectos que interactúan en las relaciones personales.

Teniendo como referencia las distintas clasificaciones realizadas de los estilos educativos parentales, Nardote, Giannotti y Rocchi (2003) muestran como resultado nueve estilos educativos:

  • Estilo autoritario

Caracterizado por un reparto desigual de las funciones familiares, siendo el padre o madre la autoridad. Este estilo genera efectos en los hijos de baja autoestima y grandes inseguridades, provocando que los niños sean sumisos o que por el contrario, se muestren rebeldes.

  • Estilo democrático

Caracterizado por una ausencia de jerarquías, existiendo un alto grado de libertad con respecto a los adultos. Los hijos nacidos dentro de este estilo educativo, suelen caracterizarse por gozar de buenas habilidades sociales, siendo responsables, creativos y sabiendo tomar decisiones. Del mismo modo, y al contrario del estilo autoritario, los niños suelen ser alegres y disponen de buena autoestima y autocontrol.

  • Estilo permisivo

Padres que tienden a disculpar, perdonar e incluso disimular los errores de sus hijos. Esto, probablemente les supondrá dificultades en cuanto a asumir sus responsabilidades, siendo caprichosos e inmaduros.

  • Estilo indiferente

Padres que defienden ante todo la libertad, dejando decidir a los niños y no utilizando las normas ni el afecto para corregir los errores de sus hijos. Los hijos nacidos en este tipo de hogar no están acostumbrados a las normas, por lo que es probable que les falte respeto por las mismas y que su socialización experimente carencias.

  • Estilo democrático-permisivo

Caracterizado por una relación democrática entre los cónyuges, pero más permisiva con los hijos. Las normas son relativas, por lo que los hijos no aportarán claro respeto a la autoridad llegando incluso a que se den comportamientos conflictivos en cuanto a disciplina, ya que no se asumen las responsabilidades y obligaciones propias.

  • Estilo sobreprotector

Se produce una eliminación de toda dificultad para los hijos, de tal manera que su vida sea lo más fácil posible y no haya sufrimiento. Este estilo educativo genera niños con falta de autonomía y habilidades sociales, donde no puede haber creatividad ni responsabilidad por parte de los pequeños. La incapacidad y la inseguridad son también características propias.

  • Estilo sacrificante

Uno de los dos adultos que forma la pareja, debe sacrificarse por los hijos y el otro cónyuge. Los hijos viven como una obligación de los padres, que les ofrezcan todo lo que ellos necesitan, teniendo a cambio que colaborar de alguna manera con ellos.

  • Estilo intermitente

Las relaciones van cambiando continuamente y, por tanto, el niño crece en un ambiente donde todo es caduco. Faltan puntos de referencia claros, creando inseguridades en el niño e incluso desembocando en actitudes de rebeldía.

  • Estilo delegante

Característico de hogares donde no hay autonomía familiar con respecto a alguna de las familias de origen, pudiéndose dar la situación de compartir vivienda con ellos. Las normas de padres y abuelos no suelen coincidir debido principalmente a las diferencias intergeneracionales existentes. Esta situación suele ser aprovechada de manera muy hábil por el niño, resultando ser caprichoso y pudiendo mostrar conductas exigentes, acostumbrado a que se les concedan cosas para evitar tensiones.

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Familia-Escuela: Visión compartida

La familia se apoya más que nunca en la escuela y, en este sentido, en ocasiones busca en ella una responsabilidad que no le corresponde de manera única. Como señala Bolívar (2006), habría que asumir una responsabilidad compartida con la implicación directa de los padres y de la comunidad educativa.

En la actualidad se valora la función facilitadora y orientadora en la escuela, no ya solamente la transmisión de información, pues las familias se sienten en muchas ocasiones desbordadas ante tal variedad y cantidad de cambios. Por tanto, se hace necesario más que nunca la ayuda en cuanto a otorgar valores morales y, aunque la escuela puede prestar su colaboración, se trata de un medio insuficiente, exigiéndose y siendo necesario este aprendizaje de valores morales dentro del contexto familiar como medio más natural (Ortega, 2007).

Así lo expresan Ortega y Mínguez (2003), cuando afirman que ¨el itinerario obligado en el aprendizaje de los valores es la identificación con un modelo, es la experiencia del valor¨. Dicha experiencia del valor se vivencia en primera instancia en el seno familiar, donde día a día con el ejemplo se va solidificando una determinada estructura de valores. Por lo tanto la comunicación y colaboración entre familia y escuela se hace cada vez más responsable y necesaria.

En este sentido se han realizado diversos estudios e investigaciones, destacando entre los numerosos datos y resultados que aportan una estrecha conexión con el presente tema, que existe una relación entre las familias que más colaboran con el centro educativo de sus hijos y el rendimiento académico de los mismos. Es decir, que en aquellas familias cuya relación con el centro educativo de sus hijos es más cercana, existiendo una comunicación fluida, un conocimiento interno del centro y una participación en el mismo, los niños obtienen mejores calificaciones que el resto de las familias, cuya implicación con el centro es menor.

Esto lo que nos demuestra es el hecho de cómo una actitud determinada de los padres (de apertura, colaboración, escucha, interés, diálogo, participación e involucración) puede favorecer de alguna manera una mejora en el rendimiento académico de los hijos.

De esta misma manera, la actitud del adulto desarrolla unos u otros valores en los más pequeños, o tal vez sea más oportuno decir que unos valores determinados adquiridos desde la cuna pueden traducirse en una u otra actitud ante los acontecimientos de la vida, donde por supuesto se incluye el largo y siempre inacabado proceso de enseñanza-aprendizaje.

Siguiendo a Ortega y Mínguez (2003), los padres de los alumnos con rendimiento escolar positivo adoptan principalmente un estilo educativo democrático, mientras que los padres de los alumnos con un rendimiento escolar bajo desarrollan un estilo educativo autoritario o permisivo.

No cabe duda por lo tanto, que familia y escuela comparten, con primacía de la primera, la importante y delicada labor de una educación en valores y que resultaría interesante conocer las posibles repercusiones que esta educación cívica y moral aporta en la vida académica de los niños de Primaria.

Todo ello con el deseo de una apuesta por la calidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos para buscar puntos de mejora en su rendimiento, para potenciar estructuras que favorezcan una actitud más positiva ante su aprendizaje o por el contrario, adoptar un cambio o matización en aquellas otras que impidan el desenvolvimiento pleno de sus capacidades.

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Artículo completo

El artículo La educación en valores del alumnado de Educación Primaria. Relación con los resultados de aprendizaje y el rendimiento académico forma parte del número 12 de Campus Educación Revista Digital Docente un proyecto destinado a la divulgación de publicaciones de carácter educativo que permite la difusión del conocimiento y pretende el enriquecimiento de toda la comunidad educativa.

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