Resumen: ¿Todos los escolares con altas capacidades intelectuales sacan buenas notas? ¿Son por lo general niños superdotados y expertos en las materias? ¿Tienen asegurado un futuro brillante por presentar este diagnóstico? Estas cuestiones que se plantean abiertamente en nuestra sociedad y se generalizan cuando nos referimos a la población con altas capacidades, son preguntas con una elevada carga de prejuicios y falsas creencias que pueden extenderse en el ámbito escolar si no se realiza una correcta intervención educativa y se comparte una información verídica, limpia de mitos e ideas confusas sobre dicho alumnado.

 

Palabras clave: Superdotación; Altas capacidades; Intervención educativa; Estereotipos

 

Abstract: Do all schoolchildren with high intellectual abilities get good grades? Are they generally gifted children and experts in their subjects? Are they assured a bright future because they have this diagnosis? These questions that are openly raised in our society and are generalized when we refer to the population with high abilities, are questions with a high load of prejudices and false beliefs that can spread in the school environment if a correct educational intervention is not carried out and truthful information is not shared, free of myths and confusing ideas about these students.

 

Keywords: Giftedness; Educational intervention; Stereotypes

ALUMNADO CON ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES

La detección, la sensibilización y la formación de todas aquellas personas implicadas en el bienestar del alumnado con altas capacidades intelectuales es un pilar básico para construir entre los escolares, familias y docentes una sociedad sin estereotipos ni prejuicios ante una población minoritaria que, en muchos casos, es incomprendida y señalada por sus cualidades.

Es importante conocer que el término altas capacidades, como describe el autor Fernández (2011), tiene una serie de implicaciones que no se resumen únicamente en presentar un coeficiente intelectual alto, el cual no debemos equivocar con un rendimiento escolar óptimo, sino que conlleva una estructura psíquica compleja que intercede en la forma de pensar y sentir del alumno.

La Realidad del alumnado con Altas Capacidades Intelectuales #CedRevistaDigitalDocente Clic para tuitear

La detección precoz y temprana de las altas capacidades facilita que desde el primer momento los entornos más próximos al infante puedan conocer y profundizar en las necesidades que el niño presenta para ofrecerle una respuesta de calidad y pautada desde el centro educativo y junto a su familia, normalizando la actuación y ahondando en una información de calidad, adaptándose a las peculiaridades de cada escolar sin cometer el tremendo error de llegar a las generalizaciones. Cada escolar es distinto e, igualmente, cada alumno con altas capacidades presenta un perfil diferente, existiendo una gran variabilidad interindividual como señala Touron (2004).

No obstante, sí encontramos una serie de denominadores comunes estadísticos que pueden observar desde los primeros momentos del desarrollo y, según Alegría-Cifuentes (2015), se detectan en aspectos tales como la mirada del recién nacido, que puede ser enfocada e intencionada e, incluso, mantener un precoz tono muscular en las extremidades inferiores y en el cuello.

Las variables más relevantes de todas son las necesidades socioafectivas de este alumnado, y será fundamental el momento en que se detecten estas altas capacidades ya que cuanto antes se realice la intervención psicoeducativa, antes se va a comprender su desarrollo y se van a obtener las claves para respetar su evolución, evitando etiquetas sociales negativas.

Índice de contenidos

Dudas, miedos e incertidumbre de los adultos antes las altas capacidades

Los padres de un alumno con altas capacidades intelectuales son los grandes nominadores a la hora de saber que su hijo es diferente. Muchas veces desconocen el motivo por el cual sus hijos exteriorizan contrastes notorios en su manera de pensar, sentir y expresarse en comparación con otros niños de su mismo rango de edad. Esta situación puede hacer que la familia traslade esta preocupación hacia otros entornos, como la escuela o incluso el especialista sanitario.

En general, la primera reacción de las familias tras conocer el diagnóstico de altas capacidades suele ser de miedo, inquietud, vértigo y preocupación por no saber cómo dominar una situación nueva que cambia la visión y la realidad del niño. Por ello, es relevante el apoyo y la visión tanto de los educadores y orientadores como de los sanitarios, para recibir información fiel, verídica y de calidad ante un escenario novedoso en el que los padres necesitarán una orientación, guía y pautas para normalizar la vida de su hijo.

El papel del docente se torna elemental para empatizar con las familias y facilitar una intervención en la que todos los adultos próximos al alumno puedan participar y ser conscientes de las necesidades que el infante va requiriendo. En primer lugar, se debe recibir como una buena noticia porque no se está comunicando un diagnóstico psicopatológico, sino que se está notificando una condición que representa un desafío educativo y, por lo tanto, familiares y profesionales tienen en sus manos la oportunidad de reeducarse, formarse y reconfigurar un modelo educativo caduco que atienda realmente a cada persona según sus características y necesidades.

Educar nunca es tarea simple y mucho menos si hay una diferencia incorporada a la complejidad de enseñar. Si a todo ello añadimos ingredientes como los prejuicios y estereotipos que están interiorizados en la sociedad acerca de la sobredotación o de las altas capacidades, el reto es, si cabe, más complejo.

El alumnado, independientemente de sus peculiaridades, ha llegado para abolir el premio y el castigo, precisando la negociación con los adultos, requiriendo de explicaciones bien razonadas cada vez desde edades más tempranas, necesitando coherencia y congruencia en los actos para tomar ejemplo (Borges, Hernández y Rodríguez, 2009).

Es importante ofrecerles retos y desafíos educativos reseteados, sin limitar a ningún escolar favoreciendo así el crecimiento académico y emocional que cada cual solicita.

Tanto familias como docentes deben formarse e informarse en superdotación y altas capacidades cuando acontece un caso en el aula para poder aportar las herramientas suficientes en su proceso de enseñanza–aprendizaje, siempre de forma paralela y armónica sin generar confusión ni dudas entre el alumnado. Es importante dejar de lado consejos irreales y vaticinios catastrofistas acerca del futuro de un individuo con altas capacidades y vivirlo desde la naturalidad, estando atentos a las necesidades socioafectivas que van surgiendo en la vida del niño porque, en definitiva, familia y escuela son los principales responsables de cubrirlas y dotarle de óptimos instrumentos que le permitan normalizar su día a día.

Desmontando prejuicios y falsas creencias

En nuestra sociedad nos encontramos prejuicios y estereotipos muy profundos, cronificados y arraigados sobre las altas capacidades. Simplemente, si realizamos una búsqueda por Internet en cualquier navegador y buscamos por alumnado talentoso o con superdotación, las referencias son alumnos Einstein rodeados de bombillas, ideas y logaritmos matemáticos que transmiten una idea errónea, aunque culturalmente asociada a dicho alumnado.

La genialidad de algunos artistas o científicos a lo largo de su historia que marcaron un hito en sus carreras, como expresa Pintado (2005), tiene que ver con el producto alcanzado, no con la condición. La mayoría de los niños con altas capacidades intelectuales son escolares que están en proceso de”, es decir, solamente es potencial. Y, si ese potencial no se canaliza adecuadamente, muy probablemente se pierda.

Los mitos más extendidos según el análisis de Fernández (2011) serían:

  • Son niños sobre estimulados por parte de los progenitores. Podríamos asegurar que esta creencia es completamente falsa porque la alta capacidad no se puede estimular, no se puede crear. Es una condición que viene predispuesta genéticamente y que es estimulada a nivel ambiental.
  • Para desarrollar su potencial necesita disfrutar de muchas experiencias extraescolares. Se trata de acompañar desde un lugar de observación y desde un lugar de mucha empatía. Dejarles experimentar, probar, satisfaciendo aquellas necesidades de estímulos que van reclamando, no presionarles a realizar actividades que no llaman su interés.
  • Hay más alumnos con altas capacidades en la clase social alta. Este mito nace de la idea errónea de pensar que en los colegios más elitistas hay disposición de mayor número de recursos y por ello tener más oportunidades de estimulación. Pero como se decía anteriormente, ni la clase social ni el entorno cultural determinan una sobredotación.
  • Son escolares solitarios y se aíslan del grupo. La realidad es que en muchos de los casos presentan problemas de afinidad con el grupo de iguales. Tienen afinidades que a veces distan de los intereses del resto de compañeros de la misma edad.

De todos los estereotipos que se vinculan a las altas capacidades, el que más puede perjudicar al individuo y a su entorno es el de asociar la superdotación al alto rendimiento académico. Un alumno puede presentar altas capacidades intelectuales y no alcanzar un rendimiento escolar óptimo por múltiples razones, como por ejemplo, la falta de interés por parte del niño ante un tipo de clase muy instructiva o la ausencia de comprensión por parte del docente en las necesidades del infante.

Una explosión emocional

Es muy habitual que los niños y jóvenes de altas capacidades tengan un elevado sentido de la justicia, presenten una fuerte intensidad a la hora de expresar sus emociones y muestren gran empatía hacia los sentimientos de los demás.

Las preguntas de tipo transcendental en una edad cronológica que, en principio, no corresponde, también puede ser un rasgo muy identificativo, así como la curiosidad y la sensibilidad que los lleva a cuestionarse sobre temas como, por ejemplo, la muerte aunque no hayan vivido una experiencia próxima a ella.

En definitiva, la intensidad emocional es una particularidad muy notoria de forma general en estos niños. Es tarea de docentes y familiares trabajan cooperativamente y minimizar los sesgos y prejuicios, transmitiendo siempre formación e información positiva y real al entorno que rodea al alumno.

El problema de los estereotipos y lo que de ellos se deriva se observa en las tres áreas sobre las que influyen: en la autoestima, en la aceptación social y en el ambiente familiar.

La baja tolerancia a la frustración, el perfeccionismo y la autocrítica pueden alterar negativamente el campo socioafectivo del alumnado con altas capacidades, lo que puede desencadenar una percepción errónea de sus propias capacidades y talentos, reflejándose en competitividad y autoexigencia dentro y fuera de lo curricular.

Por ello es vital que los niños detectados por altas capacidades conozcan su condición y, a su vez, se les dé respuesta a las diferencias que pueden intuir, enseñándoles a comunicarlo de la manera más adecuada, ya que ni es un hándicap ni tampoco un término de superioridad. Las altas capacidades se deben entender desde un enfoque de capacidad y de responsabilidad.

La importancia de una visión educativa y orientativa cooperativa

Los estereotipos y prejuicios sobre las altas capacidades se han extendido por toda la sociedad como la pólvora y, trágicamente, algunos escolares presentan un diagnóstico inadecuado por no cumplir con ciertos rasgos y peculiaridades de manual. Esto conlleva una confusión en el propio alumno, la familia y la escuela que no visualiza las necesidades reales del niño y no puede aportar una respuesta pedagógica fiel a su condición y capacidades.

Los docentes y orientadores, cuando comprueban desde sus anotaciones y observaciones que algo se sale de la normalidad, tienden a creer que la diferencia puede implicar un déficit. Pero, mediante formación y sensibilización, se puede llegar a contribuir enormemente en el desarrollo funcional e integral de los niños, conociendo cada caso en particular sin llegar a realizar diagnósticos rápidos y erróneos.

Es imprescindible que el maestro y el resto de miembros de la comunidad educativa no caigan en las falsas creencias que rodean al alumnado con altas capacidades y se individualice el proceso de aprendizaje para detectar, de forma temprana, cualquier necesidad que conlleve una respuesta pedagógica inmediata.

Como subraya Pintado (2005), en los escolares con altas capacidades intelectuales se puede apreciar un rendimiento desigual en distintas materias. Ello dependerá según dos aspectos principales:

  • Su motivación intrínseca hacia determinados temas.
  • El vínculo que genera el profesor con el alumno en cuestión en su asignatura.

Desde el ámbito educativo se debe reflexionar sobre los intereses de los escolares que presentan altas capacidades ya que pueden diferir del grupo normativo en general y hasta ser algo obsesivo para ellos. También, es importante saber que su forma de analizar y procesar la información es distinta y debe ser respetada y no señalizada por parecer estar distraído o no querer realizar una tarea en un momento determinado.

Algunos alumnos generan rechazo al centro educativo por vincular el colegio al conocimiento. Ellos sí quieren saber, aprender y conocer, pero, en ocasiones no de la manera en la que se les está instando a ello. Las quejas reiterativas de aburrimiento en este colectivo no son un resentimiento baladí, ya que puede estar indicando niveles elevados de ansiedad y de rechazo.

La alta capacidad no es un trastorno, no es una patología, pero la no atención de la alta capacidad sí puede derivar en trastornos y patologías severas (Touron, 2004).

Desde el claustro y el departamento de orientación debe existir una colaboración interna potente, desde la claridad y la comunicación con los alumnos y sus familias para poder abordar esta situación desde la confianza, el respeto y la comprensión mediante una evaluación profunda. La observación en el aula de un comportamiento llamativo por el rango de edad o que sale de los niveles de normalidad, debe ser valorado sin etiquetar, sin una hipótesis de partida ni juicio clínico previo que condicione al resto de profesionales.

Los alumnos no deben adaptarse al sistema sino que el sistema adaptarse al alumno, a sus características, potencialidades y rasgos para no verse limitados en su desarrollo y, por supuesto, ser respetados ante cualquier condición. Los prejuicios dificultan la vida de los escolares y la de su familia y seres queridos, por lo que la educación es una herramienta completamente necesaria para evitar que se sigan extendiendo leyendas, mitos y falsas creencias acerca de colectivos minoritarios que sólo tienen como meta ser entendidos y aceptados, sin tener que ocultar las particularidades que les hacen únicos.

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Marina es graduada en Educación Primaria con las menciones en Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje. También es Máster en Psicopedagogía, y trabaja como maestra de Pedagogía Terapéutica en Valladolid.