Los cuentos de hadas

Valor pedagógico y elementos transversales

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Resumen: Los cuentos de hadas han formado parte de nuestra vida desde nuestra más tierna infancia, pero además de entretener, también tienen un componente pedagógico nada desdeñable, y del que nos podríamos servir en clase, no solo para trabajar contenidos, sino también competencias y elementos transversales.

Palabras clave: Cuentos de hadas; Literatura clásica; Elementos Transversales; Educación en Valores.

Abstract: Fairy tales have been part of our life since our earliest childhood, but besides entertaining they also have a significant pedagogical component that we can use in the classroom, not only to work with the subject content, but also with related competences and cross-cutting elements.

Keywords: Fairy tales; Classic literature; Cross elements; Values education.

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LOS CUENTOS DE HADAS
(artículo completo aquí)

Los cuentos de hadas forman parte de nuestra vida desde nuestra más tierna infancia, y nos acompañan en todas nuestras etapas, incluso cuando pensamos que somos demasiado mayores para seguir pensando en ellos, somos capaces de encontrarles nuevas lecturas.

Entonces ¿por qué no tenerlos en cuenta para la enseñanza? Incluso si no nos damos cuenta, muchos conocemos de memoria esas historias que hemos escuchado, o leído, tantas veces, y por ese mismo motivo podría ser beneficioso abordarlos en clase desde otra perspectiva: en la asignatura de lengua, durante el aprendizaje de lenguas extranjeras, o como elementos transversales, pues se muestran valores en los que se podría profundizar tales como la tolerancia, la igualdad, o la importancia del respeto.

Los cuentos de hadas: origen y evolución

Aunque podamos imaginar que los cuentos han aparecido de repente, en la forma en que los conocemos, son el resultado de un largo proceso cuyo origen sería el antiguo paganismo y las costumbres y ritos de la antigüedad.

Esos cuentos habrían mantenido ciertos aspectos de esas viejas costumbres, sin embargo, se les habría dado una lectura completamente opuesta, como en el caso de que una joven fuera ofrecida como sacrificio al río para obtener una buena cosecha, tradición que sería transformada en el cuento presentando a un héroe que liberaría a la joven evitando que fuera devorada por el monstruo del río (Propp, 1983).

Los cuentos son narraciones transmitidas fundamentalmente por vía oral, no siendo hasta la Edad Media cuando comienzan a surgir los libros de lectura para los más pequeños de forma excepcional, como los bestiarios (Ionescu y San Miguel, 1986).

Por aquel entonces los libros eran objetos únicos y de gran valor, por lo que no abundaban y los pocos que había pertenecían a familias nobles. Habría que mencionar también que los niños sufrían unas condiciones de vida deplorables en este momento, y divertirlos o entretenerlos no resultaba una prioridad. Será más tarde, cuando las condiciones de vida mejoran y la gente aprende a leer, cuando la literatura infantil surja a partir de libros pedagógicos, para enseñar normas de conducta a los más pequeños y, así, dar lugar a la aparición de los libros de cuentos populares.

En el siglo XV, con la aparición de la imprenta, la difusión de los libros resultará más sencilla, y durante los siglos posteriores, se difundirán los cuentos orales, eliminando aspectos como el erotismo, y transformándolos en libros pedagógicos para niños, aunque con ciertas influencias del cristianismo.

Ya en el siglo XVII se encuentran otras fuentes, como los clásicos, Esopo y sus fábulas, los cuentos italianos de Basile y Straparole, y surgen las historias de Madame D’Aulnoy y Perrault, con sus lecciones de moral. Es en este momento cuando aparece realmente el cuento maravilloso, el cuento de hadas, con la idea de reintroducir lo irracional y mágico en la sociedad, en oposición a la filosofía del siglo de las luces.

Ya durante la segunda mitad del siglo XX se produce el auge de la literatura infantil, con el avance de los derechos del ciudadano y la protección a la infancia. Ahora, el público infantil comenzaba a ser más valorado como consumidor casi exclusivo de este tipo de literatura.  Al mismo tiempo, y gracias a la difusión del cine o la televisión, destacando el papel de las películas de Walt Disney, los cuentos comienzan a llegar a un mayor sector de la población.

Ya en estos últimos años, tendríamos que destacar autores como Mario Benedetti, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Antoine Chekhov, Isaac Asimov, Stephen King… (Ramírez, 2010).

Características de los cuentos de hadas

Al hablar de cuentos podemos citar también aquellos que versan sobre costumbres, o a los protagonizados por animales, los cuales encierran grandes moralejas: las fábulas.

Pero, centrándonos en los cuentos de hadas, nos referimos a narraciones maravillosas, de origen popular y connotación de fantasía, trasmitidas y heredadas de la tradición oral y reescritos a partir del siglo XVII, con elementos fantásticos, seres sobrenaturales y, en la mayoría de los casos, con un héroe de protagonista, inmerso en una narración atemporal inscrita en un mundo abstracto (Nobile, 2006:50).

Son cuentos con esquemas uniformes, ya sean de origen popular o inventados, como los de Andersen; y ese esquema sería el comienzo de un problema, una carencia, para a continuación pasar por distintas fases, culminando en una recompensa, redención, o la captura del objeto deseado (Propp, 1970). También podría aparecer un adversario, contra el que debe luchar el protagonista.

Los cuentos de hadas llevan al niño a descubrir su identidad y vocación (…). Estas historias insinúan que existe una vida buena y gratificadora al alcance de cada uno, a pesar de las adversidades (Bettelheim, 1977).

Para alcanzar las “promesas” de los cuentos, Jean (1998) nos indica que éstos se sirven de las siguientes características:

  • Cuentan con situaciones simplificadas
  • Presentan un número reducido de personajes, de forma que le resulte más sencillo al lector identificarse con el protagonista, el personaje “bueno”.
  • Los personajes suelen presentar siempre cualidades opuestas: bondad-maldad, astucia-estupidez…
  • Contienen una ética que se puede extraer de los distintos actos, como si se tratase de lecciones aprendidas inconscientemente
  • Hacen uso de abundantes moralejas
  • Son una expresión simbólica de ritos de iniciación, como la muerte del antiguo “yo”, y el posterior renacimiento de una entidad superior
  • Se trata de historias que pueden evitar el miedo a los jóvenes, ayudarlos a afrontar los problemas de la madurez, que aparecen de forma metafórica
  • Representan el orden y constituyen un reflejo de la evolución del individuo

En relación a este último punto, Bettelheim (1977) defiende que los cuentos representan el mundo interno y las etapas de la vida, desde la infancia hasta la madurez, reflejando la evolución psicológica interna del hombre, y enseñando que todo llega en su debido momento.  Podríamos poner como ejemplo el caso de la Bella durmiente quien, al tocar el huso, se expone prematuramente  a una experiencia para la que no está preparada; aunque, por otro lado, Steiner (1998) defiende que alejarnos de esos peligros frenaría nuestro camino hacia la libertad.

El objetivo de los cuentos de hadas

Los cuentos de hadas tienen el objetivo principal del entretenimiento. Pretenden que los oyentes (actualmente, los lectores) pasen un buen rato, pero esconden una profunda carga pedagógica, aunque ésta se disfrace de pura metáfora. Estos cuentos buscan instruir y educar a los niños con valores positivos, como el amor, la bondad o la generosidad, en contraposición (y apoyándose a la vez en ello), a los valores que representan los villanos de esos cuentos (Ramírez, 2010). Debido a estas características es tan bueno trabajarlos en clase.

Ya Freud comenzó a recomendar este tipo de cuentos, presentándolos como un alimento muy útil para la mente, para el sistema psíquico de la persona, compuesto por el ‘Yo’ (la consciencia), el ‘Superyó’ (inconsciencia, el deber moral según la educación, la cultura y la razón), y el ‘Ello’ (la preconsciencia, los implusos primitivos y deseos).  El Yo buscaría el equilibrio aferrándose al principio de realidad, y equivaldría al protagonista inicial, que podría parecernos poco inteligente pero que irá aprendiendo poco a poco, mientas que el Ello, esos impulsos primitivos, simbolizarían los animales salvajes de los cuentos, como el lobo de Caperucita Roja. En cambio el Superyó correspondería a la parte moral, a la parte pedagógica última del cuento en sí mismo (Ramírez, 2010).

Otra de las metas perseguidas por este tipo de literatura es poner en sobre aviso, de alguna manera, a los más pequeños de los peligros inminentes, haciéndoles que los problemas existen en la vida real, siendo intrínsecos al hombre, pero que no hace falta huir de ellos, sino enfrentarlos y aprender de los mismos (Bettelheim, 1977).

Además, según Jean (1998), los cuentos tienen un lenguaje internacional, pero cada persona puede interpretarlos de forma distinta, dan vida a la imaginación, la incitan a vivir aventuras en todos los lugares y en todos los tiempos, tan lejos como su mente pueda llevarlos, pues estos personajes nacen y viven en un lugar lejano y atemporal (“Había una vez, en un lugar muy, muy lejano…”), y cada vez que volvemos a leer o a pensar en sus historias, éstos renacen, despertando la creatividad del alumno, permitiéndole incluso crear sus propias versiones de estas historias.

Explotación de cuentos de hadas

Como ya se ha indicado, podemos trabajar con los cuentos de hadas desde cualquier punto de vista, al igual que desde cualquier disciplina; tan sólo es necesario que adaptemos la actividad a realizar sobre el cuento correspondiente.

Podemos tomar como ejemplo el caso de una sesión cualquier de la asignatura de Lengua Extranjera.

En esta área, en general, las actividades propuestas sobre la lectura escogida girarán en torno a desarrollo de la competencia comunicativa, y a poner en práctica las cinco destrezas básicas del lenguaje: la comprensión oral y escrita, la producción oral y escrita, y la interacción.

Con las propuestas escogidas no buscaríamos un aprendizaje cualquiera, sino un aprendizaje significativo, y teniendo en cuenta las teorías socioconstructivistas, donde el alumno aprende gracias a la reestructuración de conocimientos que él ya tenía, procuraremos siempre poner en relación la información nueva con la anterior (las actividades de refuerzo, entonces, cobrarán especial sentido).

En cuanto a los recursos, podremos usar diversos materiales: los cuentos originales, adaptaciones de cine, series, bandas sonoras, etc. todo aquello que nos trabajar todos los aspectos de la comprensión y, además, la expresión, a través de debates, preguntas, o actividades creativas que podrían realizar partiendo de estos materiales.

Lo importante es que participen lo máximo posible, para lo que será imprescindible nuestra labor previa de motivación, escogiendo un tema atractivo para ellos, que les invite a la investigación y a querer dar lo mejor de sí mismos.

Por supuesto, también podríamos servirnos de las TIC, lo que nos permitiría trabajar también la competencia digital: creando perfiles de cada personaje en las redes sociales o ideando un Kahoot! con las preguntas extraídas del cuento.

Evidentemente, todas las propuestas podríamos integrarlas en tareas y éstas, a su vez, en un proyecto mayor.

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