Dependencia emocional en la adolescencia

Detección temprana

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Dependencia emocional en la adolescencia

Resumen: El propósito del presente artículo es establecer las principales causas de la dependencia emocional con el objetivo de facilitar la detección de posibles casos en la adolescencia. Principalmente caracterizada por un miedo irracional a ser abandonado, la dependencia emocional puede convertirse en un elemento capaz tanto de empezar a erosionar un determinado vínculo afectivo desde el primer instante, como de acabar destruyendo dicho vínculo. En consecuencia, este vínculo tiende a transformarse en uno altamente vulnerable y adquiere una serie de dimensiones patológicas.

Palabras Clave: Dependencia emocional; Adolescencia; Vínculo Afectivo; Vinculación Selectiva; Apego; Autonomía; Negligencia Emocional; Abuso Emocional.

Abstract: The aim of this paper is to demonstrate that emotional dependency in adolescents, which is mainly characterized by an irrational fear of being abandoned, may turn into an element able both to start eroding from the very beginning and end up destroying the affective bond. As a result, this bond tends to transform itself into a highly vulnerable one and acquires a series of pathological dimensions.

Keywords: Emotional dependence; Adolescence; Emotional bond; Selective Bonding; Attachment Autonomy; Emotional Negligence; Emotional Abuse.

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DEPENDENCIA EMOCIONAL EN LA ADOLESCENCIA 

El fenómeno de la dependencia emocional

En general, se podría considerar que toda la literatura existente centrada en definir el término dependencia emocional trata las mismas cuestiones. Por tanto, genera unas hipótesis y conclusiones similares, sin grandes variaciones. Sin embargo, cabe señalar que no existen demasiadas investigaciones de carácter científico centradas en la dependencia emocional propia del adolescente. Además, en casi toda la teoría elaborada al respecto, este término es descrito como un estado psicológico que puede afectar no solo al adolescente, sino a cualquier persona, sin importar su sexo, edad o estrato social. No obstante, el colectivo más vulnerable siempre es el adolescente, debido principalmente a la inmadurez y variabilidad emocional que caracterizan la personalidad en esta etapa (Larson y Richards, 1994).



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Asimismo, otro factor que debe ser tomado en cuenta es el tipo de relaciones establecidas entre adolescentes, tanto de amor como de amistad, ya que suelen ser emocionalmente más intensas y de una duración más corta que las establecidas entre adultos (Feiring, 1996).

Vinculación afectiva

El ser humano siempre ha sentido la necesidad de establecer lazos afectivos con otros seres humanos a través de las emociones y estimuladas por la presencia o ausencia de otro, tal y como Fernández (2013) señaló. Esta tendencia humana se conoce como vinculación afectiva.

De manera similar, el apego se entiende como una vinculación afectiva de carácter más intenso y duradero, que tiene lugar entre dos personas con la intención de mantener dicha proximidad, y que se produce a través de la interacción recíproca. Por consiguiente, en toda relación afectiva, los individuos dependen del afecto, aprobación y dependencia en el otro.

Con respecto a las relaciones amorosas, Sánchez (2013) planteó que cuando esta dependencia en el otro supone un sentimiento de angustia vital en el sujeto que le impide disfrutar de una vida normal, es cuando se puede considerar dicha dependencia como anómala. En esta línea, Castelló (2005) definió la dependencia emocional como una conducta persistente caracterizada por la insatisfacción de necesidades emocionales que se intentan cubrir con otras personas de manera desadaptativa.

Amor tóxico

De acuerdo con la neurociencia, el amor puede considerarse como una adicción, una adicción en la que la ingesta de una droga es reemplazada por una relación romántica o de pareja (Peele, 1975).

Este tipo de amor consiste en un estado de intoxicación del cerebro provocado por la continua producción de dopamina, luliberina y la oxitocina, además de otras sustancias hormonales y neurotransmisores (Hernández, 2012).

Dependencia emocional en la adolescencia

Burunat (2007) sugirió que, de manera contraria al amor, las drogas de abuso no requieren de la presencia de dopamina para ejercer sus efectos reforzantes. En cambio, la dopamina está totalmente implicada en la generación de conductas orientadas a la búsqueda del placer, del amor y de los otros tres componentes reconocidos del amor: la intimidad, la pasión y el compromiso. Como resultado, el adolescente se centra obsesivamente en el ser amado, creando un gran sentimiento de empatía y llegando a afirmar que moriría por éste si fuera necesario.

En este sentido, Fisher (2006) definió esta conducta como intrusive thinking. Es interesante recalcar el hecho de que esta dependencia suele afectar más a las mujeres durante la adolescencia, y a los hombres en la adultez. Por tanto, es menos frecuente encontrar casos de hombres en la adolescencia y mujeres en la adultez (Peabody, 2005).

Cabe señalar también que, cuando esta conducta obsesiva es mutua, no es considerada una obsesión patológica y no necesita de ningún tipo de diagnóstico, puesto que hace feliz.

Amor utópico

El término opuesto a la dependencia emocional se conoce con el nombre de amor utópico. Espinar, Zych y Rodríguez-Hidalgo (2015) definieron el amor utópico como una decisión conjunta en la cual se unen pasión, intimidad y compromiso, que enriquece a ambos individuos y concede libertad propia a éstos para decidir por sí mismos. En este sentido, podemos hablar de autonomía.

Etimológicamente, autonomía está formado por “auto”, que significa “por sí mismo”, y por “nomos”, que es la sistematización de las leyes y conocimientos de un área en concreto. Por consiguiente, según Fernández (2013), se opone a la noción de heteronomía, que se define como la dependencia en fuerzas externas.

Aplicado al adolescente, este autor también mostró que una de las principales labores evolutivas del ser humano es la de adquirir dependencia respecto de sus padres y compañeros, para así poder convertirse en adultos capaces de decidir y actuar por sí mismos. A modo de conclusión, podríamos decir que la autonomía emocional es el tipo de conducta que caracteriza a las relaciones afectivas consideradas sanas y normales.

La influencia de las nuevas tecnologías

En los últimos años, el ciberespacio se ha convertido en el escenario en el cual los adolescentes socializan. No solo conocen gente en el medio virtual, sino que también lo emplean para mantener dichas relaciones. Siguiendo esta línea, Espinar et al. (2015) describieron el asedio al que se ve sometida nuestra sociedad actual, debido a los continuos cambios tecnológicos, sociales, intelectuales y económicos. Los autores citados previamente también recalcaron la situación paradójica en la que nos encontramos, ya que Internet nació como fuente de información, pero actualmente, su función como fuente de interacción es más significativa. Se trata de una paradoja, puesto que su función inicial era la de facilitar la realización de ciertas tareas que ahora resultan más complicadas debido al manejo de las nuevas tecnologías. Es decir, se ha producido un efecto contrario al deseado inicialmente.

Por otra parte, que la gran mayoría de adolescentes, por no decir todos, posee una identidad en el mundo virtual, la cual debe mantener y actualizar constantemente, a través de la publicación de fotos y narraciones sobre sus vivencias. En verdad, la gran mayoría de los adolescentes viajan, practican deportes y realizan otro tipo de actividades, simplemente para poder evidenciarlo en las redes sociales, a través de fotos y estados. Puede ser por esto por lo que las relaciones de pareja son enfocadas por los adolescentes de una manera similar. Necesitan hacer uso de sus relaciones amorosas en las redes sociales para probar que existen.

Rodríguez (2015) propuso que el hecho de enamorarse es para los adolescentes un acto de consumo y en verdad, cuando el amor representa un acto de consumo, no es amor, sino posesión.

Carencias afectivas

Desde una perspectiva psicoanalista, las experiencias vividas en la niñez repercuten enormemente en la construcción posterior de todo individuo. De hecho, Money (2011) argumentó que los niños cuando tienen entre cinco y ocho años desarrollan un mapa mental o perfil inconsciente que determina lo que les hará enamorarse de una persona y no de otra. Este perfil se construye en base a las relaciones con miembros de su familia y amigos. A estos efectos, la dependencia emocional puede estar determinada desde la infancia si se producen graves carencias de afecto en edades tempranas. Cabe destacar que este tipo de carencias afectivas deben considerarse en todo momento un tipo de abuso.

Según Freud (1905), existen varias etapas, y una de ellas es la oral, en la cual el niño busca el placer por la boca. Su satisfacción debería estar limitada para poder enseñarle que debe actuar de acuerdo a ciertos límites. Como consecuencia de esta situación, numerosos adolescentes presentan trastornos en el hecho de recibir y tomar.

Siguiendo este razonamiento, Balint (1968) usó el término falla básica. Esta falla básica está provocada por un cuidado deficiente de algún tipo, ya sea por dejadez, por abuso de autoridad o incluso, por una protección extrema (Sánchez, 2010).

En consecuencia, Del Castillo(2015) determinó la existencia de dos tipos de conductas que pueden darse en el adolescente: ocnofilia y filobatismo. La primera conducta se define como la tendencia a aferrarse a los objetos y a no tolerar el hecho de tener que separarse de ellos. Se caracteriza también por la inseguridad. La segunda conducta es una tendencia a separarse de los objetos y, por tanto, contraria a la ocnofilia. El individuo pretende manipular los objetos sin involucrarse profundamente, puesto que teme la cercanía.

En los términos de la vinculación afectiva, Fernández (2013) destacó el vínculo establecido entre la madre y su bebé, caracterizado por los sentimientos de seguridad y confianza, que resulta ser un factor clave en el desarrollo posterior del último. El correcto desarrollo de este vínculo es indispensable para que el niño se convierta en un adulto seguro de sí mismo, capaz de establecer relaciones apropiadas y satisfactorias. Este autor añadió que hay tres tipos de vínculos: en la infancia con la madre, en la adolescencia con amigos y compañeros y en la vida adulta con la pareja.

Cuando una vinculación afectiva presenta anomalías, el individuo puede manifestar desvinculación afectiva, que se define como la falta de habilidad para establecer relaciones afectivas con personas conocidas (Fernández, 2013). A veces, los adolescentes se desvinculan de personas conocidas como, por ejemplo, los padres, pero mantienen una vinculación con otras personas, los amigos frecuentemente, lo que se conoce como vinculación selectiva. Las causas que producen la desvinculación afectiva pueden ser varias. Fernández (2013) desarrolló el ejemplo de los niños criados en hogares donde el padre es un agresor y la madre es la víctima de este último. Al observar esta situación, el niño puede tender a centrarse en sí mismo, ya que no ve nada positivo en la gente de su entorno. Este autor subrayó no solo el repliegue de los lazos emocionales como elemento resultante de este tipo de situaciones, sino también un pobre sentido de empatía, la nula capacidad de compasión y un alto grado de resentimiento acumulado. Otro rasgo que caracteriza a los individuos que experimentan carencias afectivas en la infancia es la baja autoestima. Sánchez (2010) recalcó el hecho de que esta situación puede acrecentarse durante el periodo escolar y la adolescencia. En la vida adulta, estos individuos recrean continuamente situaciones en las cuales representan un papel sumiso en una búsqueda constante por afecto.

En el caso de los individuos criados en ambientes hostiles, encontramos el abuso basado en la protección extrema. Como Love (1990) sugirió, suele deberse a padres que, por determinadas circunstancias, como el divorcio, o permanecer juntos sin ser felices, se sienten solos y establecen una relación con su hijo que va más a allá de los límites de una relación paterno-filial corriente. Por tanto, usan a sus hijos para satisfacer necesidades que deberían estar cubiertas por otros adultos, como consejo o compañía. Este tipo de padres no ven el daño que causan a sus hijos. Siguiendo este razonamiento, se propuso la hipótesis de que estos padres, además de no ser conscientes de que están usando a sus hijos para satisfacer sus propias necesidades, es que se consideran padres sacrificados y devotos. En este tipo de situaciones, el papel del otro progenitor es clave.

Barrancos (2009) insistió en el hecho de que si, por ejemplo, un padre no protege a su hijo de las conductas abusivas de la madre, el padre también está ignorando las necesidades emocionales de su hijo. Esta situación se conoce con el nombre negligencia emocional. En esta línea, esta autora añadió que, aunque este padre no está cometiendo abuso, en el estricto sentido de la palabra, está descuidando igualmente las necesidades emocionales de su hijo, el cual posiblemente se siente atemorizado, desconsolado o desprotegido. La combinación de abuso y negligencia emocional suele ser frecuente en matrimonios con hijos.

Dependencia emocional en la adolescencia

Para completar la descripción del padre sobreprotector, Love (1990) recalcó la importancia de una serie de factores a la hora de identificar a un padre que presenta esta conducta. En primer lugar, suelen ser personas que quieren un hijo al poco tiempo de casarse. Esto se trata de un signo claro que representa la incomodidad que una o ambas partes del matrimonio sienten ante el hecho de tener que pasar tiempo a solas. La autora también mencionó la imposibilidad de ciertos individuos a la hora de contratar a una persona de fuera que cuide a sus hijos, puesto que nadie es lo suficientemente adecuado, y su carácter reacio a la hora de permitir al hijo pasar tiempo fuera de casa, ya sea con amigos durante una tarde o por periodos más largos de tiempo. Como resultado de este último argumento, el padre sobreprotector manifestará signos de depresión con el objetivo de hacer sentir culpable al niño.

También se subrayó la enfermiza obsesión por desarrollar un talento en el niño, que puede frenar el desarrollo natural de este último en términos de dependencia. Esta situación suele estar provocada por una insatisfacción crónica, algo que al padre le gustaría haber hecho en su vida, para lo cual se considera demasiado mayor, y espera que el hijo lo realice, para sentirse de alguna manera satisfecho. Por consiguiente, el padre vuelca sus esperanzas en el hijo y por ello, este último es incapaz de afrontar un fracaso y se siente bajo una presión constante por triunfar.

Frustraciones sin resolver

Las frustraciones son una parte inevitable de la vida que debemos ser capaces de superar. En este sentido, el desarrollo de la tolerancia a la frustración debe ser visto siempre como una de las principales metas a tener presente tanto en la educación familiar como en la educación formal (Fernández, 2013).

Es obvio que, si en la infancia no se aprende a lidiar con la frustración, esta inhabilidad se continuará en la adolescencia y, por consiguiente, será trasladada a la vida adulta.

Un niño que ha crecido en un entorno así, tolera las humillaciones y abusos injustos por parte de personas cercanas que, supuestamente, lo aman, como sus padres o hermanos. Esto posiblemente haga tienda a aplicar este modelo de conducta en la educación de sus propios hijos, lo que se explicaría con el hecho de que él nunca pudo percatarse del propio abuso que sufrió, con lo cual lo acepta como una conducta normal que se debe emplear en la educación de los niños.

El ser humano depende enormemente de los demás. Necesita establecer lazos afectivos de carácter recíproco con otros seres humanos. Sin embargo, cuando esta vinculación afectiva produce, en el adolescente, un grado de desesperación tan elevado que le impide tener una vida normal, es cuando podemos hablar de dependencia emocional. De hecho, el nivel adictivo que el amor puede adquirir es comparable al de una droga de abuso.

Cabe destacar que, debido a su inmadurez e impulsividad, un adolescente siempre va a ser más vulnerable que un adulto a la hora de hacer frente a este estado psicológico. Por otra parte, las redes sociales son actualmente el escenario en el cual los adolescentes establecen sus relaciones amorosas e, incluso, donde conocen a sus parejas. Esto se debe al hecho de que los adolescentes dan sentido a su existencia y a sus relaciones amorosas a través del medio virtual.

Asimismo, las experiencias vividas durante la niñez ejercen un inmenso impacto en el proceso de desarrollo de todo individuo hasta la madurez. En verdad, dichas experiencias pueden, en ciertos casos, determinar la dependencia emocional, debido a una grave falta de afecto por parte de los padres u otras figuras cercanas al niño. El afecto proporcionado por los padres debería basarse en dos pilares fundamentales: seguridad y confianza. Cuando no es así, el niño desarrolla una baja autoestima y no se transforma en un adulto seguro de sí mismo y capaz de establecer relaciones sanas. A decir verdad, su autoestima continuará descendiendo durante el periodo escolar y en la adolescencia, provocando que el niño se convierta en un adulto que recrea constantemente un papel de víctima sumisa. Por lo tanto, estos individuos toleran las humillaciones y abusos producidos por personas cercanas e incluso, por desconocidos. Como consecuencia, este niño cuando crezca, probablemente tomará este modelo de conducta como ejemplo en la crianza de sus propios hijos.

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