La Inteligencia Emocional en el profesorado

Un desarrollo necesario para la praxis educativa

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La Inteligencia Emocional en el Profesorado

La Inteligencia Emocional es algo fundamental en el profesorado; es una cualidad que todo docente debe poseer, pues la educación es un proceso fundamentalmente humano en el que se necesitan una serie de habilidades específicas que optimicen el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Cuando afirmamos que una persona es inteligente habitualmente hacemos referencia a sus dotes profesionales, a su alto nivel de formación o a sus conocimientos y habilidades culturales. Sin embargo, esta concepción deja de lado otros aspectos de igual o mayor relevancia y que los expertos consideran ya parte importante de la inteligencia. Parte, además de importante, decisiva para obtener éxito en todos los aspectos de la vida: lograr éxito y realización profesional, tener una red social amplia y enriquecedora, una vida familiar estable y satisfactoria, un trato con nosotros mismos igualmente enriquecedor y satisfactorio, etc. Esta parte que a veces olvidamos es lo que podemos llamar inteligencia emocional.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL PROFESORADO

Origen del término

El concepto de inteligencia ha variado en nuestra cultura a lo largo del tiempo. En la escuela tradicional, el niño inteligente era considerado aquel que era capaz de dominar las destrezas correspondientes a determinadas competencias curriculares, como la lingüística, matemática o científica. Posteriormente, fue considerado inteligente el alumno que en los test de inteligencia obtenía elevadas puntuaciones.

Según Extremera y Fernández-Berrocal (2002) en el siglo XXI esta visión tan cerrada de la inteligencia ha entrado en crisis por dos razones:

  • La inteligencia académica no es suficiente para alcanzar el éxito profesional: Un cociente intelectual alto no garantiza un puesto elevado en una empresa, ser mejor profesional, tener un salario más alto, etc.
  • La inteligencia académica no garantiza el éxito en nuestra vida cotidiana: Tener buen expediente no nos asegura la felicidad, ni nos proporciona bienestar familiar ni un mayor número de amigos.

Así, y analizando cómo ser inteligente puede implicar muchos más aspectos que los tradicionalmente considerados, surge una visión alternativa a la visión clásica de la inteligencia que abarca mucho más allá que los meros aspectos cognitivos, y es que en la vida cotidiana sale a relucir la idea de que deben existir habilidades más importantes que las relacionadas con la inteligencia tradicional para alcanzar un mayor bienestar laboral, personal, académico y social.



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Desde que Mayer y Salovey (1989) la definieran por primera vez a finales del siglo XX, la inteligencia emocional ha gozado de un interés más que notable, porque el propio término, por su novedad, generaba curiosidad a los investigadores, y porque el estudio de la inteligencia emocional brindaba la oportunidad de incorporar la terreno investigador un componente (el emocional) que antes había sido eclipsado y relegado a un segundo plano.

Además, ante el fracaso parcial de los términos tradicionales de inteligencia y personalidad para explicar muchos aspectos de la conducta humana, el concepto de inteligencia emocional se posiciona como una vía alternativa para explicar muchas más dimensiones del ser humano.

Desarrollo de la inteligencia emocional

En palabras de Jiménez y López-Zafra (2008), el término Inteligencia Emocional es un constructo psicológico tan interesante como controvertido, que aún siendo conceptualizado de modos muy diferentes por los autores, constituye el desarrollo psicológico más reciente en el campo de las emociones y se refiere a la interacción adecuada entre Emoción y Cognición, que permite al individuo, un funcionamiento adaptado a su medio.

¿Por qué introducir la Inteligencia Emocional en el aula?

Si la inteligencia emocional es útil en algunos planos de la vida, lo más coherente es incluir su tratamiento en las aulas. Extremera y Fernández-Berrocal (2002) o Fernández y Ruiz (2008) nos justifican dicha inclusión:

  • Relación con variables del contexto escolar

Varios estudios han demostrado que muchas de las conductas desadaptativas que presentan niños y jóvenes tienen su origen en problemas emocionales. Bajo esta perspectiva, no es raro considerar que la falta de inteligencia emocional pueda ser el origen de problemas conductuales, consumo de drogas o absentismo escolar.

  • Gran difusión del término

Resulta innegable la cantidad de aportaciones teóricas y científicas con las que cuenta el concepto que tratamos, lo que lo hace ser, si cabe, de más interés social y, por lo tanto, algo que cobra importancia de manera progresiva, pues cada vez son más los interesados en el tema.

  • Se complementa con el término tradicional

La inteligencia emocional se puede compaginar perfectamente con el constructo tradicional de inteligencia que se ha tenido en consideración hasta nuestros días, pues una gran parte de las decisiones que una persona toma en su vida se relaciona con componentes sentimentales más que con valores intelectuales, en el estricto sentido de la palabra.

  • Educación integral

No podemos desarrollar plenamente la personalidad del alumno sin tener en cuenta su desarrollo emocional. Por tanto, en el diseño curricular se deben encontrar contenidos, correctamente estructurados, que atiendan a la parte emocional de los estudiantes.

Igualmente, el desarrollo legislativo ampara el hecho de incluir la educación emocional entre los componentes educativos, ya que la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de educación, habla sobre la labor docente, la cual ha de potenciar el desarrollo integral de todo el alumnado, potenciando no sólo aspectos cognitivos e intelectuales, sino otros tan importantes como el desarrollo de la personalidad, las aptitudes, los valores, la motivación o el esfuerzo. Por su parte, la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa asegura que las Administraciones Educativas han de disponer de los medios necesarios para que todo el alumnado alcance el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional.

Influencia de la Inteligencia Emocional

Según Caro (1997), Goleman (2002), Cabello (2010) y otros, la Inteligencia Emocional ejerce un enorme influjo sobre una importante cantidad de aspectos:

  • Niveles de bienestar y ajuste psicológico

Está demostrado que a un mayor nivel de inteligencia, existe un menor número de determinados problemas, como ansiedad social, depresión, baja autoestima o problemas en la resolución efectiva de problemas.

  • Autoconciencia

Cuanto más consciente sea una persona de quién es, cómo es y cómo se comporta, mejor sabrá controlarse y actuar ante diversas situaciones.

  • Equilibrio emocional

Si una persona mantiene sus emociones controladas, siendo consciente de las mismas y las mantiene de forma equilibrada, su conducta se tornará más relajada, menos tensa y, en general, más armónica.

  • Presión y estrés

El control de nuestros componentes emocionales nos proporciona una mejor salud. Ser capaz de controlar las emociones negativas y potenciar las positivas incide en nuestra calidad de vida.

  • Relaciones Interpersonales

Una relación en la que el manejo de las emociones no es adecuado está abocada al fracaso. Tener control de las emociones propias, así como ser consciente de las ajenas, engendrará buenas relaciones y velará por mantenerlas.

  • Empatía

La empatía es la capacidad de ponernos en el lado del otro, o entender cómo piensan o actúan los demás, entendiendo sus sentimientos como si fueran nuestros. Pero para ser capaz de comprender a los demás primero debemos comprendernos a nosotros mismos. Por tanto, conociéndonos a nosotros podremos conocer a los demás y, a su vez, a mejorar nuestras habilidades sociales.

  • Liderazgo e influencia

Una persona que está en equilibro emocional, expresa seriedad y no se deja influenciar por las emociones que le generan las diversas situaciones a las que se enfrenta a diario, lo que va a originar que se convierta en alguien a quien admirar, alguien con influencia que transmite seguridad.

  • Rendimiento académico

Las personas que tienen ciertos déficits en cuestiones emocionales (escasas habilidades emocionales, desajuste emocional, bajo autoconcepto, problemas de autoestima…) tendrán más posibilidades de experimentar estrés y dificultades académicas.

  • Conductas disruptivas

Algunas investigaciones en el aula han relacionado la violencia y la falta de comportamientos pro-sociales de los alumnos con escasas habilidades de inteligencia emocional. Estos hallazgos han confirmado relaciones positivas y significativas entre alumnos emocionalmente inteligentes, una evaluación por parte de sus compañeros más positiva y menos comportamientos agresivos en el aula. Según algunos autores, los alumnos de secundaria con más baja inteligencia emocional muestran mayores niveles de conductas agresivas y comportamientos delincuentes.

Inteligencia Emocional en el profesorado

La forma en que un profesional, sea del gremio que sea, se sienta en su trabajo será un factor que determine su desempeño en las labores que le son propias.

Si el profesional manifiesta signos de pérdida de la estima o falta de reconocimiento social se produce una reducción de los vínculos entre los miembros de la profesión y su sentido de pertenencia a la misma. En este sentido, cuando los objetivos de la actividad del docente se vean alterados, repercutirá en sus señas de identidad como profesional educativo y en las relaciones que mantenga con sus colegas y alumnos.

De la misma forma, el estado de ánimo, las circunstancias personales y la percepción que el docente tenga sobre cómo se valora su trabajo condicionará la forma de desempeñarlo. Según Weinberger (2009) la inteligencia emocional ha sido identificada por algunos como ese elemento crucial que se necesita para este liderazgo efectivo.

Algunos estudios (Platsidou, 2010) relacionan algunos problemas como el Síndrome de Burnout con una notable falta de inteligencia emocional, y es que se esconden muchas relaciones entre la inteligencia emocional, el estilo de liderazgo de un docente y la efectividad del mismo.

Además de mejorar la labor del profesorado, y darle más recursos para su labor, existe otro factor positivo respecto a la importancia de las habilidades sociales en el profesorado. Tener habilidades de inteligencia emocional ejerce importantes efectos beneficiosos para el profesorado a nivel preventivo. Ser capaces de razonar sobre nuestras propias emociones, percibirlas y entenderlas, como una habilidad intrínseca de todo ser humano, implica el desarrollo de procesos de regulación emocional que ayudan a moderar y prevenir los efectos negativos del estrés docente.

Según Morales (2006), un profesor emocionalmente inteligente se caracteriza por los siguientes aspectos:

  • Asume su rol formador de personas, y la importancia de ser un modelo fundamental de inteligencia emocional para sus alumnos.
  • Ama y valora a sus estudiantes como personas en desarrollo, crecimiento y evolución.
  • Es capaz de realizar un autoanálisis de sus estados emocionales predominantes, decidiendo cambiar lo que no es correcto ni adecuado, desarrollando nuevas habilidades.
  • Entiende que debe desechar viejas estructuras y modelos, adaptándose a las necesidades de los nuevos tiempos. Reconoce que el rol de un educador autoritario, dominante, castigador… está pasado de moda.
  • Reconoce la importancia de sus estados de ánimo, verbalizaciones y conductas, en el estado emocional, en el rendimiento escolar y en la formación de la personalidad de sus alumnos.
  • Ocupa situaciones de conflicto entre sus alumnos, no para castigar, sino para enseñar.
  • Averigua acerca de la problemática familiar de sus alumnos, que presentan bajo rendimiento escolar o problemas de conducta.
  • Usa las reuniones de curso para entregar nociones de inteligencia emocional a los padres y tutores.
  • Premia y valora a los alumnos que demuestran un buen desarrollo de su inteligencia emocional.
  • Reconoce las fortalezas de sus alumnos para desarrollarlas y estimularlas, así como también sus debilidades para trabajar y mejorarlas.
  • Impone normas y límites claros de acuerdo a la edad y las capacidades de sus alumnos, estimula, refuerza, corrige y exige con firmeza y cariño.
  • Acoge y entiende las emociones de sus alumnos, tratando de ponerse en su lugar.
  • Respeta el ritmo del niño, sus características y riqueza individual. Lo ayuda a crecer, brinda espacios, herramientas y posibilidades, estando siempre disponible.

La labor docente pasa, necesariamente, por poseer y saber usar dotes relacionados con la inteligencia emocional. Si queremos que el alumno aprenda y desarrolle este tipo de habilidades emocionales y educativas, necesita un educador con este tipo de habilidades. Sobre todo es fundamental en la etapa de infantil y primaria, ya que son las etapas evolutivas donde ser produce el principal desarrollo emocional de los niños.

Los profesores son un modelo para los alumnos, por tanto hay que incidir en su formación emocional ya desde su etapa universitaria. La labor del docente no se limita a transmitir conocimientos teóricos, sino también valores cívicos, modelando y ajustando en clase el perfil afectivo y emocional de sus alumnos. La práctica docente de cualquier profesor debería implicar actividades como: estimulación afectiva, expresión regulada de los sentimientos positivos y negativos, creación de ambientes para el desarrollo de sus capacidades, exposición de experiencias a resolver con estrategias dadas, enseñar habilidades de empáticas, etc.

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